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Lluvias dejan cinco muertos en dos regiones del sur

Foto: Andina

Las intensas lluvias registradas en Tacna y Cusco desde el último fin de semana, han puesto en alerta al país. Hasta el momento, se registran cinco muertos, más de 500 viviendas afectadas y al menos 30 desaparecidos.

Por Renzo Anselmo

Servindi, 25 de febrero, 2020.- Los fenómenos naturales producidos a raíz de las intensas lluvias en Tacna y Cusco, han cobrado sus primeras víctimas.

Desde la mañana del pasado viernes, la ciudad de Tacna, provincia y región del mismo nombre, soportó fuertes lluvias que activaron las quebradas de Karamolle y El Diablo, generándose una corriente de huaicos en la zona.

Además de dejar inundadas las calles, viviendas, centros comerciales y terminales de la ciudad de Tacna; estos deslizamientos han provocado la muerte de cuatro personas y la afectación de 250 viviendas.

 

Por su parte, el distrito de Santa Teresa, en la provincia de La Convención de la región Cusco, sufrió la tarde del último domingo el embate de un aluvión, ocasionado por las lluvias, que terminaría arrasando con cuatro puentes y varias viviendas.

Mientras el ministro de Comercio Exterior y Turismo, Edgar Vásquez —quién llegó a la zona este lunes— confirmó el registró de una víctima mortal y la afectación de 290 viviendas; la municipalidad de Santa Teresa informó que el desborde ha afectado un 50% de las viviendas del sector Sahuayaco y al 80% de las casas en la zona de Chaullay, dejando, además, a 30 personas desaparecidas.

¿Fenómenos o desastres naturales?

A menudo, ante este tipo de acontecimientos los medios de comunicación suelen referirse a los hechos como meros «desastres naturales»; sin embargo, este sería un término errado.

La Estrategia Internacional para la Reducción de Desastres de las Naciones Unidas (UNISDR), señala que los desastres no deben ser considerados naturales; debido a que estos son el resultado de las omisiones y la falta de prevención y planificación ante los fenómenos de la naturaleza.

Cuando hablamos de erupciones volcánicas, terremotos o deslizamientos —como en este caso— nos referimos a fenómenos naturales, que son procesos constantes y cíclicos de movimientos o transformaciones que tienen lugar en la naturaleza sin la intervención del ser humano.

Por el contrario, la UNISDR aclara que un desastre debe ser entendido como una seria interrupción en el funcionamiento de una comunidad que ocasiona graves impactos sociales, económicos y ambientales.

«Con frecuencia, se describe a un desastre como el resultado de la combinación a la exposición a una amenaza, las condiciones de vulnerabilidad presentes, y capacidades o medidas insuficientes para reducir o hacer frente a las posibles consecuencias negativas», precisa.

Entonces, se interpreta que un fenómeno natural puede desatar un desastre cuando la zona donde ocurren los hechos no cuenta con las medidas de previsión necesarias para alejarse del estado de vulnerabilidad.

¿Cómo le va al Perú en términos de previsión?

Un informe de El Comercio, reveló que, en el 2019, los tres niveles de gobierno (Ejecutivo, gobiernos regionales y municipales locales) invirtieron solo S/2.169 millones de S/3.220 millones disponibles para la prevención de desastres.

En otras palabras, hasta finales de diciembre las autoridades de Perú a nivel nacional, solo ejecutaron el 67.4% de los fondos con los que contaban para amortiguar el impacto de los fenómenos naturales en el país

Para Mary Mollo, especialista en gestión de riesgo de desastres de la Universidad ESAN, el débil avance que tienen los gobiernos regionales y municipios en temas de prevención se debe a la falta de personal calificado en gestión de riesgos; a lo que ella añade la ausencia de planes de ordenamiento territorial.

«El sentido de urgencia es bastante retardado porque no miramos el ciclo anual del clima. Solo cuando tenemos el problema encima actuamos para poder resolver la emergencia, no hay perspectiva […]», le dijo a El Comercio.

Volver al pasado: Los incas y su forma de afrontar los fenómenos naturales

Diversos estudios dan cuenta de la capacidad que tuvieron nuestros antepasados para afrontar la llegada de los fenómenos naturales, como los deslizamientos o huaycos.

En su libro «El Mundo Pre-Inka: Los Abismos del Cóndor», el sociólogo peruano Alfonso Klauer cuenta que los incas veían con mucho respeto la llegada de aludes, huaicos o temblores porque para ellos era como un «mensaje de la tierra» que expresaba su ira e indignación.

De tal forma, ante los impactos de la naturaleza; más allá de la dispersión que asumían como medida de protección, registraban las fechas exactas y cálculos para poder prevenir y evacuar mucho antes que el lodo con piedras o las fuertes lluvias llegaran.

En otro documento titulado «El agua en las civilizaciones Inca e Pré-Incas: mito, ciencia y tecnología», se habla sobre cómo el talento científico de estas civilizaciones se convirtió en un verdadero conocimiento para diversos campos como la hidrología.

El estudio comprende algunas obras como los puquios de Nasca y el canal de Cumbemayo. «Gracias a la notable construcción de canales fue posible transformar las desérticas regiones del litoral en campos de cultivo, ganar suelo para el cultivo en la sierre, defender los cultivos contra la sequía», señala.

El texto que fue elaborado por el Instituto Superior Técnico de la Universidad de Lisboa, considera también las terrazas de Moray y Pisac, los sistemas de riego de Tipón y los sistemas de drenaje en Machi Picchu.

«En estos tiempos de las amenazas de los efectos del cambio climático sobre los recursos hídricos del planeta, en que uno de los ejemplos es la reducción acelerada del volumen de agua contenida en los glaciares de los Andes, sería muy útil volver a examinar estas medidas de adaptación implementadas por nuestros antepasados y los aplicar hoy en día en un nuevo contexto científico y tecnológico», concluye el informe.

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Fuente: Con información de RPP, El Comercio, Correo, UNISDR.

 

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Comentarios

Los fenómenos naturales producidos a raíz de las intensas lluvias en Tacna y Cusco, han cobrado sus primeras víctimas.
R. ¿Por qué cuando ocurre alguna desgracia de este tipo se le echa la culpa a los fenómenos naturales?
El caso es que no es precisamente la Naturaleza la que provoca las inundaciones, los derrumbamientos o corrimientos de tierras, etc.
Es como decir que las armas matan personas, todos los que tenemos unas pocas neuronas funcionales sabemos que no es cierto. Una pistola o cualquier otra arma no hacen el menor daño a nada ni a nadie. Todo depende de quién la utilice y contra qué o quién dispare.
Pues a los fenómenos naturales les ocurre lo mismo. Ellos estaban ahí mucho antes de que existiera la vida en el planeta. Si resulta que el que construye una casa es tan torpe que lo hace en el lugar equivocado o con los materiales inadecuados, pues se la aplica la ley universal: toda acción desencadena una reacción. Depende de lo inteligente que sea el individuo la reacción será de una forma u otra.
Está clarísimo que los que han perdido sus casas después de una lluvia intensa no lo hicieron bien y simplemente pagaron por su torpeza. Es ley de vida. Algunas veces los errores se pagan muy caros. Lo que es inadmisible es echar la culpa a un inocente, en este caso es la Naturaleza. Esta ha hecho y seguirá haciendo lo mismo una y otra vez mientras exista nuestro astro rey y nuestro satélite.
Los desastres no deben ser considerados naturales; debido a que estos son el resultado de las omisiones y la falta de prevención y planificación ante los fenómenos de la naturaleza.
R. Por fin veo gente que razona. No todo está perdido. Tengo la costumbre de que conforme voy leyendo los artículos voy opinando.
Solo cuando tenemos el problema encima actuamos para poder resolver la emergencia, no hay perspectiva.
R. En España tenemos un dicho: solo nos acordamos de Santa Bárbara cuando oímos al cielo tronar.
Eso quiere decir que a veces también nos ocurre. En muchas ocasiones la gente edifica sus casas cerca de los cauces de los ríos y pasa lo inevitable; el río reclama su espacio y se lleva por dente todo lo que encuentra. O sea, cabestros los hay en todas partes.
Sería muy útil volver a examinar estas medidas de adaptación implementadas por nuestros antepasados y los aplicar hoy en día en un nuevo contexto científico y tecnológico», concluye el informe.
R. No hace falta volver a revisar los conocimientos de nuestros antepasados, basta un poco de sentido común y dejar de ser codiciosos. Dejemos a la Naturaleza su espacio (las montañas, selvas, colinas, etc.) y respetar el nuestro (Las ciudades).

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