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Guatemala: El crimen de un terapeuta maya

El asesinato del Aj Ilonel Domingo Choc Che pone de relieve el papel de las iglesias en la propagación de la intolerancia. Al curandero lo prendieron fuego por la acusación de “brujería”, sin más prueba que el comentario de un tercero bajo secuestro y tortura. Tras ser procesados por el juez, tres de los seis asesinos aún siguen prófugos.

Por Juan Castro*

Debates Indígenas, 2 de agosto, 2020.- El amanecer del día Julajuj K’at será recordado como uno trágico en la comunidad de Chimay, ubicada en el municipio de San Luis, y para las comunidades indígenas del mundo. A las 6 de la mañana del 6 de junio, el presidente del Consejo Comunitario de Desarrollo convocó al pueblo para resolver un problema: un “brujo” había sido capturado y debía ser juzgado por la comunidad.

Domingo Choc Che estaba atado de manos y fue detenido por los comunarios Ambrosio Pop, Edyn Arnoldo Pop, Manuel Mis y Pablo Mis. Lo acusaban de haber matado a su padre, José Pop, por actos de brujería. Mientras su esposa e hijos intentaban desesperadamente salvarlo, la comunidad vociferaba: “¡Quémenlo, quémenlo!”. No era la primera vez que lo señalaban de ser un “brujo”. Hace tres años había sido acusado de practicar brujería y tuvo que pagar ante el Consejo Comunitario de Desarrollo (Cocode) una multa de 3.000 quetzales.

Domingo era un Aj Ilonel: un curandero o un terapeuta maya. Nació para ese oficio al heredar los conocimientos de su padre. Formaba parte de la Asociación y Consejo de Guías Espirituales Releb’aal Saq’e de Poptún y contribuía en las investigaciones sobre etnobotánica y medicina natural promovidas por el Centro de Estudios en Salud de la Universidad del Valle. Son muchos los que recuerdan el amor y respeto que Domingo le atribuía a la biodiversidad a la que denominaba “nuestra farmacia”.

Rosa Guegue, esposa de Domingo Choc.

El juicio

En la audiencia ante el juez de Primera Instancia Penal de Poptún, Romelia Caal afirmó que su esposo, José Pop, murió por causas desconocidas: se le dormían las piernas y le salían gusanos de la espalda. En el hospital no pudieron diagnosticarle una enfermedad. Su hija, Candelaria Pop, confirmó la declaración de su madre y agregó que algunas personas aseguraron que estaba “brujeado”. Unos ancianos les habían dicho que usualmente cuando alguien practica brujería, dentro de los cinco días siguientes, el autor del daño tiene que ir a pedir perdón a la tumba de su víctima. Al ser preguntada por el juez qué ancianos habían hecho tal afirmación, Candelaria respondió: “Los catequistas”.

Los hijos de José Pop vigilaron el cementerio durante las cinco noches posteriores a la muerte. En la última, encontraron a Ovidio Ramírez merodeando en el lugar y lo capturaron. Entre torturas, señaló que había sido enviado por Domingo Choc Che a dejar un puñado de tierra sobre la tumba del muerto. Para los autores del crimen, esta única afirmación fue suficiente para probar la presunta responsabilidad del sacerdote maya sobre la muerte de su padre.

“Ovidio declaró ante el juez que todo era falso: los hijos y sobrinos de José Pop lo torturaron para obligarlo a mentir.”

Al momento de su captura, Edyn Arnoldo Pop confesó ante los medios de comunicación que él mismo lo había prendido fuego a Domingo porque había matado a su padre. En cambio, Ovidio declaró ante el juez que todo era falso: no había sido enviado por Domingo al cementerio, simplemente estaba en el lugar equivocado y, los hijos y sobrinos de José Pop lo torturaron para obligarlo a mentir.

El hijo de Domingo, Crisanto Choc, relata: “Vi a mi padre amarrado frente a la comunidad. Doña Romelia llevó un galón de gasolina y Candelaria proporcionó los fósforos. Luego de una acalorada asamblea, Edyn Arnoldo le prendió fuego a mi papá”. Fue un espectáculo que presenciaron hasta los niños y la comunidad terminó siendo cómplice de una venganza.

Audiencia por el crimen de Domingo Choc

¿Justicia indígena o linchamiento?

Aún quedan muchas preguntas en el ambiente: ¿Domingo fue juzgado a la luz de la justicia indígena? ¿Tiene la comunidad o una familia el poder de linchar a un supuesto “brujo”? En el expediente 1467-2014, la Corte de Constitucionalidad ha marcado cuáles son los elementos para establecer si se aplica la justicia indígena bajo el prisma del pluralismo jurídico: personal, territorial, institucional y objetivo.

En este caso solo están presentes los elementos personales y territoriales, puesto que se trata de una comunidad indígena maya Q’eqchi’. Sin embargo, no se evidencia el elemento institucional, puesto que el Cocode no se reconoce como una institución propia de los pueblos al tenor del Artículo 66 de la Constitución. Tampoco está presente el objetivo porque no se resolvió un problema, sino que se agravó: ahora quedaron dos familias desprotegidas, mientras que el linchamiento de una persona atenta contra los derechos humanos. Así lo resolvió el juez que además advirtió que la pena de muerte ha sido superada en Guatemala, tras la aplicación del Pacto de San José de Costa Rica.

El juez consideró que Ovidio no tenía responsabilidad en el crimen, puesto que estuvo en todo momento sometido a las órdenes de Manuel y Pablo Mis, y Ambrosio Pop. En cambio, procesó por el delito de asesinato a Romelia Caal, quien proporcionó el galón de gasolina; Candelaria Pop, por haber proporcionado los fósforos; y Edyn Arnoldo por haber sido quien prendió fuego al cuerpo. La investigación recién comienza. Los hermanos Mis están prófugos de la Justicia.

La familia de Domingo Choc antes de entrar a la audiencia de primera declaración

El papel de las iglesias en Guatemala

Es importante analizar la persecución y estigmatización de quienes practican conocimientos tradicionales dado que no es el único caso. El ejercicio de la espiritualidad, bajo otras epistemologías diferentes a las iglesias católica o evangélica, es cuestionado a la luz del bien y del mal: una binariedad impuesta por el cristianismo durante la Colonia y reforzada por la Reforma Liberal.

En el municipio de Chisec, un curandero denunció en las redes sociales que también estaba siendo perseguido por el Cocode de su comunidad acusado de practicar brujería. La comunidad relata que en sus prédicas, algunos pastores evangélicos denuncian que el Covid-19 es un castigo divino y es responsabilidad de quienes “practican brujería”. Por eso es relevante preguntarse cuál es la responsabilidad de las iglesias en estos crímenes.

Dada su influencia en las personas, el papel de la religión resulta importante para establecer los patrones de tolerancia en una sociedad. En efecto, las iglesias han sido determinantes en momentos importantes del Estado guatemalteco. Por eso, los gobernantes establecen alianzas con líderes religiosos: en 2018, el ex presidente Jimmy Morales viajó a Israel acompañado de los principales líderes religiosos y luego logró su respaldo para expulsar, un años más tarde, a la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG). Ya es hora de que las iglesias generen un diálogo ecuménico e inspiren a los feligreses un discurso de tolerancia. Los pueblos hemos superado la etapa de ejercer nuestra espiritualidad en la clandestinidad o siendo estigmatizados. El asesinato de Domingo debe marcar un precedente.

“Por eso es relevante preguntarse cuál es la responsabilidad de las iglesias en estos crímenes.”

El video del crimen dio la vuelta al mundo a través de las redes sociales y desnuda el fanatismo y la transculturización de nuestro ser maya: “Queman a supuesto ‘brujo’ en Guatemala”. Cerramos los ojos y volvemos a vivir el fuego que consumió a nuestros abuelos y abuelas, víctimas del despojo de nuestro ser y nuestra espiritualidad. Pero abrimos los ojos y ese pensamiento ajeno que nos ha contaminado aún sigue entre nosotros.

Rosa Guegue, la esposa de tata Domingo, ha sido admitida como querellante adhesiva y ya manifestó que exigirá justicia. Sin embargo, tiene miedo. Sabe que los hermanos Mis son prófugos de la justicia y que pueden hacerle daño. Su hijo menor sigue preguntando cuándo volverá su padre mientras juega con recitar las oraciones de curación que le escuchó. Se trata de un despiadado asesinato a un Aj Ilonel, pero, asimismo, se trata de cómo siguen matando nuestro ser, nuestros saberes y nuestra esencia.

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* Juan Castro es abogado indígena Maya Chalchiteko, Director del bufete para pueblos indígenas y profesor de la Universidad Maya Kaqchikel.

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Fuente: Debates Indigenas: https://debatesindigenas.org/notas/57-crimen-terapeuta-maya.html - El presente reporte forma parte de una edición especial del portal Debates Indígenas sobre el crimen del sacerdote maya: https://debatesindigenas.org/index.html

 

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Comentarios

Ya es costumbre en esta etnia no es primer caso que todo lo resuelven con violencia y usted viendo como le echa la culpa a la iglesia cuando siempre lo han hecho ahora salen día que defensores de los DDHH a decir que siempre es culpa de los ladinos que vergüenza los vividores del conflicto

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