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Agricultura de emergencia para resistir y retomar el camino perdido

Foto: Luis Enrique Becerra/ Noticias SER

Reorganizar nuestra agricultura, puede darnos una salida, una radical oportunidad de encontrar nuestro camino perdido como nación peruana. Esta crisis podría ser la oportunidad de renacer como nación de naciones multiculturales saludables, dignas, solidarias y apoyadas firmemente en los frutos de la Pachamama y no en el oro, el petróleo ni el dólar.

Agricultura de emergencia para resistir al Covid-19 y retomar el camino perdido

Por Luis Chávez Rodríguez*

Noticias SER, 6 de abril, 2020.- Uno de los efectos de la pandemia que ha igualado a toda la humanidad es la inseguridad. Nadie sabe bien qué pasará en los próximos tres meses y mucho menos en un año. Hoy el futuro se ha vuelto más impredecible, y nos demanda vivir el presente desarrollando el lado más competente y compasivo de nosotros mismos.

Lo que sí sabemos es que hoy, mañana y dentro de un año tenemos que seguir alimentándonos. Y en esta certeza debemos pensar para planificar el sustento básico. Es desde donde todo puede comenzar de nuevo, si fuera necesario.

El futuro al que voy a referirme no es muy lejano. No es ese futuro apocalíptico en el que provoca pensar, si nos dejamos llevar por la forma como ciertos líderes mundiales están manejando esta crisis. El futuro que vislumbro es más bien una oportunidad inmejorable para realizar cambios que—sin la expansión del Covid-19—parecían imposibles.

Este cambio está ligado directamente a un replanteamiento profundo en nuestra relación con la tierra. Pienso que una nueva mirada a la Madre Tierra se impone con urgencia, a tal punto de que si la humanidad quiere seguir viviendo en ella tiene que exigir a nuestros políticos, un trabajo sincero en la construcción de una relación diferente con el medio ambiente. Existe una gran cantidad de información al respecto.

Biólogos, sociólogos, antropólogos, filósofos, artistas, activistas y algunos políticos vienen acumulando conocimientos y llamando la atención sobre este asunto, pero aquellos líderes que tienen el poder de cambiar el rumbo del manejo de la economía no quieren escuchar. Y por supuesto, tampoco escuchan a los pueblos indígenas amazónicos y andinos, los más sabios en esta materia.

Pensar en la tierra en términos de nuestra sobrevivencia amenazada con esta crisis, nos pone directamente frente al problema de la alimentación, como segunda prioridad después de la contención del virus. Pensar en lo que comeremos dentro de tres meses, si las medidas de distanciamiento social nos obligan a estar encerrados en nuestras casas es una tarea urgente de los gobiernos.

Esto convierte al “terreno” de la agricultura en una prioridad, que debe ser materia de debate, incluso antes que las políticas macro y microeconómicas. Así como hay medidas de emergencia para contener el brote epidémico y aplanar la curva, el gobierno tendría que estar tomando medidas para la subsistencia alimentaria de millones de personas que podrían no tener que comer dentro de unos meses.

A juzgar por las estadísticas del avance del virus, nos mantendremos encerrados en nuestras casas mucho más tiempo del que estiman los pronósticos más optimistas. Y desde nuestro encierro veremos cuán precario y engañoso es el viejo “orden” mundial y probablemente asistiremos a su desplome.

Tendremos el tiempo suficiente para meditar en nuestra fragilidad y cómo de nuestros afanes de hacernos ricos del modo más rápido, pasemos a la desesperación por conseguir alimentos básicos para llenar un plato de comida—tengamos o no dinero—, porque probablemente no habrá nada que comprar en los supermercados.

Países como el Perú no tienen que llegar a esta situación por la fecundidad de sus tierras y por las grandes extensiones de terrenos aptos para una agricultura saludable. Nosotros podríamos resistir la crisis hasta controlar la propagación del virus en su primer y hasta en su segundo brote o hasta que se logre la urgente vacuna.

Nuestro país tiene la capacidad para poner comida básica y nutritiva en los platos de todos los peruanos y del mundo, como ya lo ha hecho, en el pasado, con alimentos como la papa y toda esa riquísima gama de granos andinos y frutos amazónicos, si es que se logra reorganizar y planificar con eficacia el sector agricultura.

Esta situación de crisis obliga al gobierno y a las instituciones vinculadas con el mundo agrario a coordinar un plan integral, apoyados en las comunidades campesinas y nativas, las cuales se mantienen, por ahora, alejadas del contagio.

Las autoridades del Poder Ejecutivo, en coordinación con los gobiernos regionales y distritales, deberían implementar un programa de "Agricultura de emergencia", en primer lugar, y luego pasar al replanteamiento de toda la vida económica y social teniendo como sustento primordial una agricultura saludable. Esa debe ser la base desde la cual podremos reconstruir la economía.

Esta situación no significaría nada nuevo para nuestro país, sería más bien un retorno a nuestras raíces ancestrales: una vuelta al tiempo en que no habíamos perdido el rumbo, adormeciéndonos en la morosa adicción a los recursos naturales no procesados - en particular la minería y los combustibles fósiles- que antes que propiciar el “desarrollo”, mantienen a los países poseedores de estos recursos en conflicto permanente y en la miseria.

Todo peruano sabe que en nuestro territorio la agricultura era la base de la vida y la cultura de nuestros antepasados americanos. El Perú como ocurre con Ecuador, Bolivia y toda Sudamérica tiene una ventaja para reiniciar nuestra relación con la tierra y con la agricultura, ya que nuestro territorio es parte de los Andes, de la Amazonía y de un mar extraordinario.

Todos nosotros podríamos cambiar el curso de nuestra historia, que tuvo un giro traumático hace 500 años y en el cual seguimos atrapados. Nosotros tenemos suficientes recursos naturales y culturales para tomar nuestro propio rumbo en el manejo de esta crisis.

Otros líderes del mundo, especialmente de los países más poderosos en armas y ricos en dinero, desorientados por la situación, están pensando en sacrificar a los ancianos y a los sectores vulnerables para seguir dando rienda suelta al caduco sistema capitalista y al cual siguen llamando, ahora ya patéticamente en EE. UU., "el sueño americano". Uno de esos líderes del Estado de Texas ha sido el más directo y ha llegado a plantear, sin ningún reparo esta barbaridad.

En otra dirección completamente opuesta, nosotros debemos sostener que la salud y la vida, especialmente de los sectores vulnerables, es la prioridad sobre la cual debemos afianzar nuestra identidad frente al miedo del derrumbe económico y el fin de los privilegios de ese mínimo porcentaje de la humanidad que ha tomado por asalto la riqueza del planeta, la cual debería ser compartida con equidad y reciprocidad entre todos los seres vivos que lo habitan, incluidos los no humanos.

Para ello, señaló algunas ideas que podrían encaminarnos en la ruta de una agricultura para la crisis:

1. Localizar aquellos sectores del país, que no tengan casos de contagiados del Covid-19 y buscar preservarlos, cuidadosamente.

2. Enviar a estas regiones recursos médicos para un monitoreo y contención de la propagación del virus en una acción firme que permita mantener “áreas no contaminadas". Contamos en este aspecto con la enseñanza de las comunidades nativas amazónicas, que han logrado mediante su propia gobernanza, preservar sus territorios, contra viento y marea, a pesar de todos los intentos de invadirlos hasta el día de hoy.

3. Destinar un presupuesto especial para la siembra de productos alimenticios, pensando en los próximos meses y en un futuro más lejano. Debe trabajarse la confianza en el campesinado para el manejo de la pequeña agricultura y desarrollar programas de capacitación, priorizando productos que cumplan con los requerimientos en calorías, proteínas y minerales básicos que el cuerpo necesita para mantener la salud.

4. Crear pequeñas procesadoras artesanales locales para la transformación de estos productos agrícolas en harinas y en alimentos secos, para un mejor almacenamiento y transporte.

5. Implementar centros de acopio, a manera de tambos.

6. Organizar un sistema de transporte eficaz e higiénico de los alimentos hacia las ciudades, creando una secuencia de comercialización justa que permita al campesino salir de su histórico aislamiento de la cadena económica con la consiguiente mejora de sus condiciones de vida. Ellos constituyen un gran porcentaje de los postergados y desatendidos y los que sufren los mayores índices de pobreza. Esa pobreza los empuja a migrar, creando el agobiante centralismo y el hacinamiento en las grandes ciudades, que dejan a miles de hectáreas de tierras productivas en el abandono.

7. Desarrollar un plan de distribución para la población de las ciudades, cuya población enfrentará niveles de desempleo no vistos y es dependiente de una precaria economía informal. Este plan debe tener proyección a una distribución general en caso de que la situación de encierro y cuarentena se prolongue por tiempo indefinido.

Reorganizar nuestra agricultura, puede darnos una salida, una radical oportunidad de encontrar nuestro camino perdido como nación peruana. Nos podría dar la oportunidad de romper con la secuencia de dependencia en la que nuestra economía y nuestra cultura se hallan desde el siglo XVI, en que empezó a sustentarse en la actividad minera y extractivista que ha diezmado a nuestra población en varias oportunidades.

Esta crisis podría ser la oportunidad de renacer como nación de naciones multiculturales saludables, dignas, solidarias y apoyadas firmemente en los frutos de la Pachamama y no en el oro, el petróleo ni el dólar.

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*Luis Chávez Rodríguez es promotor de “La casa del colibrí”, organización de voluntarios que realizan trabajo comunitario en el distrito de Chirimoto y la provincia Rodríguez de Mendoza, en Amazonas.

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Fuente: Noticias SER: https://bit.ly/3dW4ZNz

 

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Comentarios

La sociedad comunitaria peruana no debe esperar que el gobierno central lo encamine. Lo debe comenzar a ejecutar, como pueda y con los recursos que tenga. La accion debe nacer en el seno de los pueblos no esperar socorro de afuera. Nuestra riqueza está en nuestra cultura , en nuestra propia iniciativa. Después vendrá la normatividad.

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