Perú: Cómo enfrentar el racismo hacia los turistas peruanos, por Wilfredo Ardito Vega
Hace unos meses, al llegar a Písac en el Valle Sagrado, quise cambiar un billete de 100 soles y el único lugar que ofrecía este servicio era el albergue Samana Wasi (casa de descanso). Delante mío había una docena de franceses, a quienes el encargado entregaba fajos de billetes de 10 y 20 soles por sus euros o dólares. Cuando tocó mi turno, me miró con severidad y me dijo:
-Si quieres, te cambio tu billete, pero te cobro una comisión.
-¿Por qué?
-Porque aquí trabajamos para los turistas.
-Yo también soy turista.
-¡Mentiroso, tú eres guía! - me dijo desdeñoso y pasó a atender a otros extranjeros.
Indignado, pasé al hospedaje que había reservado, el Hostal Písac y la chica que atendía primero dudó que yo fuera la persona cuyo nombre estaba escrito y luego exigió que pagara por adelantado, evidenciando siempre el desagrado por mi presencia. Súbitamente su rostro hostil se iluminó, como el de un anacoreta ante una aparición: habían ingresado dos turistas extranjeros y empezó a atenderlos sumisa y sonriente.
-Qué amable eres con ellos, ¿no? -le dije y me marché, disgustado por ser maltratado sucesivamente en mi propio país.
La mala experiencia de las congresistas María Sumire e Hilaria Supa (RP 105) ante el mostrador de Iberia, refleja el racismo existente en la infraestructura destinada al turismo. Desde los “pubs” del Cusco hasta las discotecas miraflorinas, desde las playas de Zorritos (RP 24) hasta uno que otro restaurante en Puno, mozos, empleadas de aerolíneas o porteros de hoteles asumen que “el turista” tiene rasgos nórdicos y, a veces, orientales, y cuando llega un cliente peruano es percibido con sospecha o abiertamente discriminado. Para mantener alejados a los indeseables connacionales y, a los similares latinoamericanos algunos establecimientos difunden sus servicios solamente en inglés.
Por ello, si bien Paola Bolívar, Antonella Gonzales y Roxanna Sevilla, las empleadas de Iberia que atendieron a las congresistas, deben asumir su responsabilidad legal, sería un error reaccionar como si ellas fueran las únicas personas racistas del Perú. Es peligroso también explicar el racismo por el carácter extranjero de una empresa: la abrumadora mayoría de prácticas racistas en nuestro país son cometidas por peruanos hacia peruanos.
A nuestro entender, más que calificar a Iberia como una empresa racista, debe precisarse que su responsabilidad está en carecer de una política para enfrentar el racismo de sus empleados peruanos y esta política sería esencial para cualquiera que desee realizar negocios en nuestro país (RP 45), más aún para quien presta servicios a un público tan multirracial como el que aborda los aviones hacia España.
Un problema adicional que los permanentes incidentes discriminatorios revelan es la ineficiencia de las instituciones públicas que deberían enfrentarlos. En el caso de Samana Wasi, el procedimiento ante Prom-Perú fue inútil: no encontraron ningún establecimiento registrado con ese nombre, a pesar que aparece en todas las guías turísticas y está en plena plaza de armas de Písac.
En cuanto a Indecopi, el ciudadano que intenta denunciar un caso de discriminación deberán enfrentar numerosas dificultades. En primer lugar, debe pagar una tasa para iniciar el procedimiento, lo cual es injusto y disuasivo. En segundo lugar, la Ley 27049 dispone que pruebe que fue discriminado, lo cual es sumamente difícil. Si eventualmente hay una multa para el establecimiento infractor, ésta incrementa los ingresos fiscales y el denunciante no recibe ninguna indemnización.
Adicionalmente, algunos funcionarios de Indecopi presentan un servicio tan deficiente como el que muestra la caricatura de Perú 21 o son francamente hostiles hacia quienes osan presentar un reclamo. En este contexto es muy preocupante que Jaime Thorne, el nuevo Presidente de Indecopi señale que la institución será aún “menos intervencionista”, poniéndose a tono con las tendencias neoliberales que se han apoderado de este gobierno.
Están pendientes, por lo tanto, al menos cuatro modificaciones para evitar que las prácticas discriminatorias continúen: los reclamos deben ser gratuitos, la investigación de los hechos debe corresponder a Indecopi, los funcionarios encargados requieren un mayor compromiso y, en caso de disponerse una multa, al menos un porcentaje de ésta debería pasar al agraviado. Una sanción eficaz sería también suspender temporalmente la atención de los establecimientos infractores.
Finalmente, es fundamental que la Ley 28867 sea aplicada por el Ministerio Público y el Poder Judicial. El temor a la prisión puede generar un cambio en la conducta de propietarios de restaurantes, hoteles o discotecas racistas.
Si no se enfrenta seriamente la discriminación en los servicios turísticos, es preferible que el gobierno deje de establecer feriados largos con el argumento de promover el turismo interno, porque pretender conocer el Perú puede generar muchas experiencias desagradables a los peruanos.
Fuente: Reflexiones Peruanas, todas se encuentran en www.cemisa.com.pe/reflexionesperuanas, en la página web de APRODEH www.aprodeh.org.pe, el informativo La Insignia www.lainsignia.org y la página web de Agencia Perú www.agenciaperu.com.




Creo que seguir hablando de racismo es reconocer que existen diversas razas y sabemos que solo hay una raza que es la raza humana.
Estamos de acuerdo que los hechos de dicriminación étnica, linguística, cultural que se dan en nuestro país son repudiables y debemos exigir la penalización correspondiente, pero creo que también hay que trabajar mucho con una educación en valores con los niños, jóvenes y adultos, a través de la educación formal y no formal, los medios de comunicación, etc. Hace falta mirar también del otro lado en busqueda de la erradicación de ese tipo de comportamientos que va más allá de la denuncia y penalización. Tarea nada fácil que nos compete a todos y en la cual debemos comprometernos todos, comenzando por los “Padres de la Patria” que son los primeros en dar mal ejemplo a todo el país haciendo gala de comportamientos discriminatorios, lo cual se ha hecho más evidente en esta legislatura con las congresistas quechuas Hilaria Supa y María Sumire, quienes son discriminadas desde el día que juramentaron como parlamentarias.
Comentario de Alicia Gonzalez — 5 Diciembre 2006 @ 22:27
Ceo que lo sucedido exige quw, además de los propuesto por W. Ardito, se revise la curricula de la formación de los agentes turísticos en todos sus niveles. Incoporar en esta curricula el componente cultural en el presente, y no sólo en el pasado porque éste produce un “orgullo histórico pero no aplicable al presente”, desvirtuando el concepto elemental de la historia como lo que se construye en el presente.
Comentario de Martha Beingolea Aguirre — 18 Diciembre 2006 @ 11:42
Comiencen respetando las leyes igual que en los paises de donde vienen esos turistas. Es decir no hacer criolladas como pasarse la luz roja, no respetar al peaton, poner la musica a todo volumen en la combi(o sea que chucha me importan los demas),etc. Si hacemos un esfuerzo comun en cambiar nuestra mentalidad arcaica, entonces habremos aprendido a respetarnos y nos respetaran en el extranjero.
Comentario de Jorge — 20 Febrero 2008 @ 20:26