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Colombia: "Mientras haya excluidos no habrá paz"

Primer plano de la educadora Ruth Chaparro, subdirectora de Fucai

- Entrevista de Alberto Chirif a Ruth Chaparro, subdirectora de la Fundación Caminos de Identidad (Fucai).

1 de marzo, 2013.- La Fundación Caminos de Identidad fue creada en 1991, según me explica Ruth Chaparro, subdirectora de la Fucai, para responder mejor a las necesidades planteadas por los pueblos indígenas.

En esta iniciativa se embarcaron profesionales que ya habían trabajado con pueblos indígenas desde el sector público, pero que consideraron que este espacio no les ofrecía suficiente flexibilidad para adecuarse a los tiempos, los espacios y las demandas concretas planteadas por la gente.

“Cuando las instituciones vienen al campo -me dice- tienen el afán de hacerlo todo en dos horas. Quieren que la gente los escuche y exigen acuerdos. En cambio, cuando los indígenas las necesitan, los procedimientos son muy largos y escasa la flexibilidad para adaptarlos, no escuchan ni concretan las soluciones. Entonces nos organizamos como ONG por sugerencia de los mismos indígenas”.

La Fundación trabaja en veinte de los treinta y dos departamentos de Colombia, con treinta ocho pueblos indígenas de un total de cien que tiene el país. Centran su trabajo en cuatro áreas: educación, familia, niñez y juventud, gobierno comunitario y soberanía alimentaria. Fucai colaboró con la Asociación Zonal Indígena de Cabildos y Autoridades Tradicionales de La Chorrera (Azicatch), que representa 22 cabildos indígenas del resguardo Predio Putumayo, para la organización del evento histórico de conmemoración del centenario del holocausto cauchero, que se realizó, entre el 6 y el 13 de octubre de 2012, en La Chorrera, departamento del Amazonas (Colombia).

En el diálogo que sostuvimos con Ruth Chaparro, ella no solo habla acerca del trabajo que realiza Fucai en la zona, sino también sobre los problemas y contradicciones actuales y los errores históricos de las sociedades indígenas que facilitaron la labor genocida de los caucheros. Fue una conversación intensa, como notará el lector que siga este texto, que por momento adquirió fuerte carga dramática.

Un personaje presente a lo largo de toda la entrevista es “la casa” que, en este caso, como lo he señalado en una entrevista anterior que le hiciera a Raúl Teteye, difundida también a través de Servindi, director del colegio de La Chorrera, es tanto la empresa que fundara Julio César Arana a inicios del siglo XX cuanto el edificio mismo que fuera una de las sedes principales de esa firma. Actor y escenario de crímenes horrendos contra los indígenas presionan a la entrevistada a lo largo de la conversación, haciéndole recordar el terror y el dolor que vivió la gente en ese lugar.

Ruth Chaparro durante una de sus visitas a comunidades indígenas de la Amazonía colombiana donde trabaja.

Educación

El gobierno ha hecho un esfuerzo muy grande en ganar en cobertura educativa, pero no así en pertinencia y en calidad. Por eso, dependiendo de las necesidades, nosotros formamos maestros indígenas. Los docentes indígenas que manejan este colegio han sido formados por nosotros. Si tenían primaria, se les hacía un programa de formalización en el corto tiempo, pero después se les ayuda con la educación superior sin que salgan de sus territorios. Diseñamos los currículos para eso. No son currículos preestablecidos. A su vez, en esa formación ellos diseñan, junto con la comunidad, el currículum de primaria, el currículum de secundaria.

En La Chorrera llevamos muchos años con educación primaria y secundaria. Pero nosotros también hemos coordinados los programas de educación superior en convenio con universidades. Se produce material, se hace investigación, pero es una investigación que nosotros le decimos así, acción participativa y educativa. Entonces en el mismo proceso de investigación se toman decisiones, pero además participa todo el mundo, y ese mismo proceso es un proceso educativo. Con ellos aquí pasamos cinco años diseñando el currículo. Discutieron cada cosa, cada perfil, cada contenido. Fue tanto el currículo para formación de maestros como para educación de los jóvenes.

En el campo de la lengua y de la cultura buscamos antropólogos de amplia trayectoria para que no vengan a empezar. Si ya tenían investigaciones realizadas o en marcha, si ya tenían un amplio recorrido con la gente, que vengan a devolverle a la gente lo que ya han sacado y así construir unos saberes juntos. Ese es un paso que se dio aquí para traer a los investigadores para que trabajaran con la gente. Eran investigadores que trabajaban hacia afuera, pero hacia adentro habían sacado información. Eso facilitó un poco el camino de algunos investigadores que se acomodaron a un proceso como este, porque hubo varios que no se acomodaron y tuvieron que irse, porque aquí los indígenas creo que ya tienen varias cosas claras.

Líderes para obrar la palabra

Hacemos formación de líderes y autoridades indígenas. No es suficiente trabajar con educación formal, porque mientras se trabaja en educación formal los líderes tienen que participar en consultas previas, tienen que tomar decisiones, tienen que dialogar con el gobierno, y sin las herramientas suficientes siempre salen perdiendo. No queríamos darles cursos sueltos, porque los cursos sueltos no generan el impacto que esperamos. Entonces aquí mismo nació la Escuela de Formación Democrática que dura tres años, con etapas presenciales y a distancia. En esos tres años, los líderes elaboran sus propios censos, hacen sus propios diagnósticos y formulan sus planes de vida y los empiezan a ejecutar, de tal manera que cuando ellos reciben el certificado, no muestran solo el certificado sino todo lo que han hecho con la comunidad.

En las etapas a distancia nuestros tutores o profesores van comunidad por comunidad haciendo asambleas comunitarias para abordar los mismos temas que se tratan en la asamblea y ver si el líder sí está en la comunidad, si sí convoca, si sí lo respetan, si sí da ejemplo. Nosotros aquí ajustamos a la formación de un liderazgo colectivo, no un liderazgo individual. Por eso es muchísima la gente que participa dentro de esa escuela, en distintos niveles. Esa escuela duró seis años, se hizo una primera etapa y después una segunda ya más orientada a la gestión y a la administración del plan de vida y esto va quedando completamente en sus manos [de los docentes indígenas], el colegio, por ejemplo, está en sus manos. Aunque el gobierno lo financia, está en manos de los indígenas. Hay una secretaría de educación de la organización indígena que direcciona todo. Hay un consejo directivo de la comunidad, de los padres de familia que direcciona esto. La escuela de líderes nosotros la hacemos con recursos de cooperación internacional, concretamente de la Conferencia Episcopal Italiana.

Los líderes están en una etapa de prueba en la que tienen que demostrar capacidad de gobierno y hacer amanecer todo el discurso, y si no, no vale la pena continuar. Entonces los viejos son los que nos dicen cómo hay que hacer, ¿no?, porque no podemos formar líderes que sólo producen discursos y que en su casa con su mujer y con sus hijos no son capaces de respetarlos, pero además no son capaces de obrar la palabra en su comunidad. En este momento aquí en La Chorrera ellos están en una etapa de obrar, obrar la palabra.

Todo este encuentro [se refiere a la conmemoración del centenario] es parte de obrar la palabra. Una vez que terminan de obrar la palabra, la idea es que vayan hacia un siguiente nivel que es todo lo que tiene que ver con administración de recursos económicos, con administración de planes, con administración de objetivos. Una cosa mucho más refinada para el manejo del dinero. Ellos aquí manejan el dinero y hacen un esfuerzo muy grande para hacerlo bien, pero no es fácil. No es fácil para nuestros gobiernos, ni para estos gobiernos.

Muchos de los líderes que están acá y las autoridades han pasado por esa escuela.

Durante la reunión realizada en La Chorrera, en octubre de 2012, Ruth Chaparro aparece con un grupo de los invitados. A su izquierda, del embajador de Gran Bretaña y su esposa, y a su derecha a adelante, autoridades políticas y militares colombiana.

Los niños mueren de inequidad

Hay otro programa que es el de la protección de la niñez. Los índices de desnutrición y de mortalidad infantil en Colombia producen mucha vergüenza y se centran sobre todo en territorios indígenas. Mientras que la media nacional de muertos por cada mil nacidos vivos es de 19.8, en pueblos indígenas es de 180, de 200 por cada mil nacidos vivos. Esos pueblos están en riesgo de desaparecer. La Corte Constitucional de Colombia ha emitido el Auto 004 y le ha dado una orden al gobierno en el año 2009 para que haga planes de salvaguarda con carácter urgente porque estos pueblos están desapareciendo.

Hay múltiples causas para explicar esta situación. Una de ellas es el conflicto armado que ha producido desplazamientos masivos, que ha generado huérfanos, masacres. La otra es el descuido estatal. Aquí se mueren por gripa, se mueren por diarrea, por problemas respiratorios, por problemas que se pueden prevenir. Tenemos como diecisiete niños que han perdido las piernas por mordedura de serpiente porque ha faltado suero antiofídico. Una de las niñas perdió la pierna en el Vaupés porque sí había suero antiofídico pero no jeringas para aplicarle el suero. Entonces decimos que se mueren de una enfermedad que se llama inequidad, exclusión, desatención. Los mata el olvido y eso produce más muertes que la guerra, pero son muertes silenciosas que muchas veces nunca se han sumado, nunca se han reconocido, nunca se han visto.

Nosotros hacemos estudios técnicos y mostramos los índices de desnutrición con un estudio técnico, y mostramos con datos lo que está pasando, los ponemos sobre la mesa, porque Colombia se comprometió con las metas del milenio, y dentro de los objetivos del milenio está el de disminuir la mortalidad infantil. Dice Colombia, en promedio vamos a alcanzar esta disminución. Pero a nosotros no nos sirve el promedio. Si miramos los pueblos indígenas estamos peor que cuando se firmó el pacto. Entonces empezamos a trabajar con la protección de la primera infancia, porque además hay maltrato infantil, hay maltrato cruel, hay abandono, hay descuido, hay abuso sexual. Estos pueblos no son el ideal que nosotros hemos querido ver, porque creo que nosotros nos inventamos una imagen. Todas nuestras carencias se las atribuimos como cualidades, y cuando nos acercamos bien nos damos cuenta que somos de la misma especie humana con toda la complejidad humana.

Entonces vimos que no era suficiente… A ver, para la protección de los niños fortalecemos los cuidadores naturales, no suplantar padres, no suplantar madres, no suplantar abuelos, sino proteger lo que los Huitotos llaman la malla protectora de la vida. Cada vida viene con un papá y una mamá, con unos abuelos, con unos tíos, con unos hermanos. Fortalecemos esa malla protectora de la vida para que no la suplanten con programas que sólo los debilitan. En la medida en que yo intento proteger al niño ellos se retiran, ellos mismos tienen que proteger a sus hijos; y como no era suficiente con eso, entonces hacemos investigación cultural y establecemos rutas de protección propias con ellos, gastamos tiempo.

Nosotros hemos estudiado la mitología y nos hemos sentado con los viejos en los mambeaderos (1) para tratar el tema. El marco ético de la cultura no permite ni aprueba este tipo de abusos. Por el contrario, condena los abusos. Pero cuando se deteriora cualquier cultura vienen los abusos. Hay múltiples causas, pero antes de que vinieran los caucheros ya había una cantidad de problemas muy graves que ellos reconocen y que los quieren tener como una cosa que ellos llaman el “canasto tapado”. Allí se incluye el tráfico de esclavos que fue favorecido por los propios curacas. Ha sido una práctica antigua, desde la época de [las correrías] de los portugueses. Fue después de esto que vinieron los caucheros. Internamente la crítica es dura. Saben que son responsables, no sólo víctimas, sino responsables también de muchas de las cosas que han pasado.

Reconociendo errores

En esta preparación que hicimos para este centenario, río por río, se dio un paso. La gente dijo revisemos cuáles fueron los delitos que cometieron los países involucrados, revisemos cuáles fueron los delitos de los barbadenses que vinieron acá, de los caucheros peruanos. Pero revisemos también los errores propios que facilitaron el accionar del adversario. Ellos han identificado cerca de ocho errores propios que de alguna manera se siguen repitiendo, y parte de este encuentro es un proceso de varios años de revisar para corregir errores y de aprender la lección. Dicen los viejos que han muerto, que hemos acompañado a morir, que si se reconoce lo que aquí pasó y se aprende la lección, la muerte de toda esta gente no habrá sido inútil. Pero si no aprendemos…

Un primer error que reconocen y que ahora están corrigiendo es haber desconocido a occidente, su manera de ver el desarrollo, de pensar, su manera de actuar. Ellos los vieron y confiaron porque no los conocían. Desconocer al otro es una falla muy grande que facilita cualquier cosa. Otro error ha sido dejarse deslumbrar por las cosas que traían, por la tecnología. Por esto abusaron de ellos y los tomaron como esclavos, los dejaron avanzar. Ellos tenían necesidades económicas y sacaban fiado, se endeudaban y los esclavizaron. La otra cosa es que con relativa facilidad se pasaban al bando del adversario. Eso se llama traición, traición a su pueblo, y a veces se pasaban al bando del adversario por cualquier dádiva, por cualquier cosita. No hay nadie que le haya hecho tanto daño a su propia gente como los “muchachos” (2) que estuvieron al servicio de los caucheros o mujeres que se pasaron a vivir con el adversario. Otra falta es que abusaron de sus propios hijos, los cambiaron por hachas, ellos lo reconocen, los cambiaron por hachas. [Se le quiebra la voz y llora.]

Y por eso hemos hecho este trabajo acá, porque los viejos no descansan. Hemos visto morir caciques, y al morir ellos no mueren ellos sino el pueblo, y cuando yo les preguntaba por qué están muriendo así, ellos decían que el problema no es si desaparecen o no desaparecen, el problema es si desaparecen sin haber sido conocidos y respetados. Dicen el problema es que siguen desapareciendo sin que aprendamos la lección. Si es así, esto no va a tener esperanza. Si ellos mueren sin ser reconocidos y respetados, dicen, esa energía queda ahí de forma negativa y se vuelve contra quienes habiendo podido hacer algo no lo hicieron y no habrá paz, dicen. Podrán llegar a acuerdos con la guerrilla, podrán entregar las armas, podrán dejar de disparase, pero mientras no sean reconocidos como parte de este país, como parte de la humanidad, no habrá paz. Las exclusiones son más violentas que la guerra. Mientras haya excluidos no habrá paz.

Nacieron para vivir en abundancia

Ellos dicen que fueron puestos en esta tierra para vivir en abundancia y no en escasez. Moniyamena, que narra el origen de la abundancia en agricultura, conocimiento y palabra, muestra que ellos nacieron para vivir en la abundancia y que fueron puestos en esta tierra para vivir en abundancia, para tener grandes casas y para que la comida sobre. Sin embargo, se estaba viviendo en época de escasez, no porque Moo Buinaima [el Creador] los haya puesto en esta tierra para vivir en escasez. Por eso a su plan de vida ellos lo llaman plan de abundancia, y si trabajan para vivir en abundancia que siembren más de lo que necesitan, que coman más de lo que les cabe, que sus casas sean más grandes de lo que necesitan…

Ese plan de vida tuvo dos… Por un lado tuvo que hundirse fuertemente en la cultura para que ellos miraran qué es lo que querían. Empezaron a preguntarse los viejos por el principio del caos, el principio de la enfermedad, el principio de querer ser como otros, el principio del auto desprecio. Y comenzaron a buscar, a buscar dentro de sí y a preguntarle a las plantas cuál era el origen del auto desprecio que era tan fuerte. Ellos dicen que esa mujer Jeorbaikon´go, que es como el espíritu del caos, les decía, tranquilos, si ustedes dejan de hablar su lengua van a hablar una legua verdadera, si ustedes dejan de comer lo que han comido, ustedes van a ser poderosos. Todo lo que les decía ese espíritu confundía al espíritu de los sabios, confundía al espíritu de los líderes, su corazón se dormía. Aunque ellos sabían qué se tenía que hacer se dormían. Y fue mucho tiempo, mucho tiempo, mucho tiempo hasta descubrir que ese espíritu viene en las cosas de fuera y se necesita filtrar y colar. Eso está muy dentro de la tradición. La rabia que yo llevo dentro la puedo sacer en forma de cultivo, en forma de deporte, en forma de arte. Ese espíritu que viene de crisis, de confusión, de destrucción, se puede voltear. Entonces dicen que todo lo que viene de fuera hay que colarlo, hay que filtrarlo y hay que voltearlo. Eso se trabaja con los viejos en los mambeaderos. Aquí se ha hecho en procesos muy largos. Por ejemplo, está casa, ellos sabían que sus ancestros no habían descansado espiritualmente y que siguen dando vueltas en forma de bolas de luz que son las caneplas (3), esas bolas de luz que se ven de noche, que las captan las cámaras digitales…

En la foto aparece un grupo de alumnos junto con un profesor del colegio de La Chorrera. Las bolas de luz que los rodean son las caneplas. Se trata de los espíritus de antepasados que vivieron en la zona, quienes aún no pueden descansar y continúan errantes.

Son muchas, miles de miles de miles, ellos sabían, yo no sabía, ellos sabían que sus muertos no habían descansado, y ellos sabían que si poníamos en este punto las nuevas generaciones, cuando hubiera una identificación entre el joven y el abuelo, estos viejos que murieron podrían terminar el ciclo que les faltó ubicándose en estos jóvenes. Pero pasaron los años y no se logró, es decir, no se logró esa identificación entre las nuevas generaciones y el espíritu de los ancestros. Entonces la crisis se puso cada vez más dura y es cuando los abuelos deciden abrir el canasto hasta ahora tapado de la memoria, para pedir ayuda y decir ayúdennos, ayúdennos, y nosotros no teníamos tampoco claro qué hacer. Pero empezamos a investigar y a buscar, incluso estudiamos constelaciones familiares para ver por qué ellos no piden sólo una justicia humana. Hay algo mucho más allá, difícil de explicar, y quieren ser reconocidos y quieren ser escuchados.

Fuimos a Europa, estuvimos con el gobierno inglés abriendo nuevamente el caso. Aquí en Colombia hemos hecho todo lo posible para que esto se sepa, y pensamos que en la medida en que más se sabe, más tranquilo se pone, mejor va estar. De que falta mucho, falta mucho, porque sabemos que esto no se arregla. Pero sabemos que este evento que está pasando es un paso más, un paso más soñado desde hace muchos años por estos viejos. Ahora los viejos han tenido claro esto. Pero muchas veces no lo han podido comunicar a las nuevas generaciones porque no se entienden. Se logró que esta casa fuera reconocida como patrimonio histórico de interés nacional, porque no es cualquier casa. Pero explicarle al Gobierno, al Ministerio de Cultura qué es lo que pasa acá, decirle que aquí hay unas bolas de luz es muy difícil. Pero digamos que se ha venido logrando, y no sabemos bien esto hasta dónde va a llegar, pero lo que sí estamos haciendo es trabajar con una mentalidad de abundancia. Que la gente no dependa de las comidas, de los mercados que vienen de fuera, que la gente no pierda su fuerza y su propia energía, que cuando les regalan, les regalan y les regalan, les quitan lo más profundo que tiene un ser humano que es la dignidad  y eso es irreparable. Los programas asistenciales de todos los gobiernos son iguales, terribles, derrumban, desmoralizan.

Si esto no fuera manejado espiritualmente por ellos, esto que estamos haciendo de reunirnos no fuera posible. Las grandes trochas que han venido haciendo protegidos por el universo es algo asombroso... la manera cómo tienen todo organizado. Nosotros hacemos parte de la canoa, pero solo nos dejamos llevar. Estamos para contribuir, pero aquí, este evento hace que cada zona financie su propia participación. Nosotros facilitamos todo eso. Ubicamos unos puntos en el predio Putumayo para dar combustible, pero ese combustible no alcanza porque esto es infinitamente grande. Se consiguieron unos recursos para dar, para contribuir con la comida, pero ellos vienen con sus canoas llenas.

Haciendo el mapa de la abundancia

Como este colegio es hecho con la filosofía de la maloca, a ellos los vienen formando desde la primaria, desde la secundaria, y ellos son interculturales, digámoslo así. Así tienen una fuerza tradicional muy grande. Este colegio se ha ganado un espacio dentro de las comunidades como tradición. Cuando hay un baile, a ellos les mandan la invitación con ambil (4) como si fuera una comunidad. Y ellos participan con una fuerza… Aquí hay cantores, danzadores, músicos, narradores con una fuerza impresionante. Esto no hubiera sido posible si no está bajo el control de ellos. Y entonces aquí se hizo un manual de convivencia con los viejos, y los viejos, según su tradición, dijeron qué sí se puede, qué no se puede. Entonces si yo quiero llegar a tener conocimiento profundo tengo que dietar. Dietar significa abstenerse de una cantidad de cosas durante el periodo de formación, y si no puedes abstenerte tienes derecho a ser un cualquiera, pero no digas que quieres llegar a ser sabio. Entonces este colegio funciona con unas normas duras sacadas de la tradición.

Partimos de que tienen la tierra, tienen la mano de obra, tienen las herramientas, tienen los conocimientos, es decir tienen el 99% de lo que se necesita y lo tienen en abundancia. ¿Qué les falta? A veces ganas, a veces visión, nosotros nos dedicamos a sembrar ganas,  pero para sembrar las ganas tenemos que demostrarlo nosotros. Es decir, ellos nos han enseñado que yo no puedo promover algo que no haya sido capaz de superar. Nuestros agrónomos no son doctores, nuestros agrónomos son agrónomos que además viven de su finca. No es posible que venga un doctor con tablero a enseñarles a agricultores cómo se hace la agricultura. Entonces vamos comunidad por comunidad, y cada comunidad hace una cosa que nosotros llamamos el mapa de la prosperidad o de la abundancia, y es que ellos se sientan y sueñan sus chagras, su cultivo, y lo dibujan, dibujan qué quieren sembrar. Son sistemas agroforestales que combinan pan coger con frutales, maderables y plantas medicinales, y entonces dibujan con marcador y lo presentan ante la comunidad: “Este es mi mapa de la abundancia”. Y después nos ponemos de acuerdo cuándo nos reunimos con las semillas que necesitamos para eso, y entonces eso que hicieron con papel, lo hacen con semillas en el piso: “Aquí va a haber un mango, aquí va haber un asaí, aquí va a haber un ucuye (5), aquí va a haber todo”. Y se habla de la distancia de los maderables: “Se necesitan cinco o seis metros de distancia para sembrar”. Y después de que todos diseñan con las semillas en el piso, entonces se mira a quién le falta semillas de lo que quiere sembrar. Entonces hay intercambio de semillas, y después vamos a hacer amanecer la palabra, lo que se siembra acá y se siembra acá termina allá.

Yo preguntaba ¿qué suelo es bueno para sembrar esto? Me dijo un viejo: “Esa no es la pregunta. La pregunta es ¿qué gente es buena para este suelo?”. Y ahí entendimos que esto era al revés, que tenemos que sembrar aquí y aquí para que brote allá. En este río hay comunidades donde sobra la comida en este momento. Tenemos presentaciones, tenemos ya documentados los casos. Sobra comida, sobra comida, y eso sí nos alegra enormemente.

En este colegio hemos hecho como dos intentos para que se meta a cultivar, porque ellos esperan que las cosas les lleguen del mercado, del Estado que lleva muchos años. Hay un problema de cáncer en la zona. Muchos viejos con cáncer, muchas mujeres con cáncer. Le pedimos al Instituto Nacional de Cancerología que viniera, que hiciera una investigación y nos diera un concepto técnico, y nos dijeron varias cosas: que el cáncer está asociado a la desnutrición y que la desnutrición tiene varios factores; y que el aumento del consumo de alimentos de fuera los debilita. Eso dice el informe del Cancerológico.

También hay casos de suicidio. Hemos venido trabajando duramente el tema del suicidio aquí en el río Amazonas, que es muy grave, muy grave. Se envenenan, se ahorcan… con barbasco, con barbasco se envenenan, y se ahorcan. Hemos venido trabajando el tema porque el suicidio, según el trabajo que hemos hecho con los viejos, es generalmente fidelidad a un suicida anterior. Tenemos que honrar a todos los suicidas, hacerlos ver, reconocerlos, y parar las cosas porque además son bien poquitos. Aquí se ha venido disminuyendo enormemente el suicidio. Todavía hay casos aislados, pero ya no es tanto. Es que hubo una época en que pensamos que se iban a matar casi todos.

¿Cómo manejar el tema de los conflictos en el interior del pueblo porque hubo muchos que apoyaron a los caucheros? Ellos tenían miedo a recordar, y tocó recordar porque los viejos, los ancestros no habían descansado. Pero se hace con cuidado, se  hace con cuidado, y se hace con cuidado porque ellos tienen dentro del canasto tapado el espíritu de la venganza, y si tocamos cosas mal tocadas, esto puede ser un caos. Entonces decían: “No queremos ya ir contra ellos porque puede dar mucha rabia. No queremos. Entonces quedamos que se va destapar pero con cuidado, teniendo en cuenta que pasó el tiempo, que vamos a destapar para aprender, para sanar, para resolver, pero que no vamos a mover espíritus de venganza. Hay una cosa que ellos llaman el ambil de guerra, y es que cuando antiguamente alguien mataba a alguien acá, se enterraba en el monte el cadáver y se chupaba ambil de guerra para buscar la venganza. Y aquí la gente no quiere eso. No quieren los viejos. Tienen mucho miedo. Entonces esto se está destapando con tanto cuidado… Ustedes vieron anoche que no hacen énfasis en el dolor, y que su discurso está tan cuidadoso, tan cuidadoso que no hay ofensas ni siquiera para quienes todo lo hicieron mal. ¡No! Es todo el cuidado, todo el cuidado, todo el cuidado. Porque aquí, cuando abrimos esta casa para el colegio, ellos llegaban al primer piso y las piedras, las bodegas del caucho… Es decir, eso está aquí, los calabozos están aquí. Si a mí que no estuve me da lo que me da, para esta gente, para esta gente es terrible. Siempre son los viejos los que ponen el termómetro de cuidado… por dónde, por dónde, por dónde… Ellos manejan la parte tradicional, ellos saben qué hay que hacer, y no revuelven, acá no vamos a revolver.

El reconocimiento del papa

Va a haber un rito católico durante la conmemoración del centenario. Ellos valoran mucho… Aquí vino la Iglesia Católica y los recogió, y en medio de todas las fallas les salvó la vida, y ellos eso lo reconocen y  lo agradecen. Lo agradecen aun con las críticas que tienen, porque esto fue difícil, pero lo agradecen. Hay muchos antropólogos que se ofenden sobremanera porque los indígenas no pelean con el curita, con la monjita. ¡Hombre por Dios, ustedes ven en este encuentro quiénes estamos! ¡Los de siempre! Ustedes creen que este cura va a hacerse semejante trocha con un par de monjitas [alude a las tremendas caminatas que muchos de ellos debieron hacer para llegar a La Chorrera]. Mire, eso no lo hace ninguno

Aquí hubo un director al comienzo que era cura, pero fue cambiado y asumió el cargo asumió Raúl [Teteye]. Ahora no hay ni un cura ni una monjita. Ahora son ellos, los indígenas, quienes están al frente de esto, pero ellos son católicos, y ellos han hecho un acto político y es que no permiten otras religiones porque saben que los van a dividir, y ellos no quieren dividirse, entonces decidieron ser católicos. Yo he recogido varias historias de vida para ver cómo ellos articulan todo eso, porque no es fácil entender desde afuera. Entonces lo que hay acá de religión es porque los mismos indígenas lo han puesto. Le han pedido al padre que venga y les celebre la misa. Este padre es un padre joven y recién llegado que todavía no respeta, no sabe. Yo no lo había visto, solamente he escuchado todo lo que los indígenas dicen, y es muy duro aceptar. Yo no acepto que en este siglo se venga a decir que el mambe es diabólico, que las malocas son diabólicas… Eso no lo aceptamos. Por eso estamos felices de que haya un grupo de sacerdotes conscientes [los que llegaron para el evento] en la casa de ese señor, explicándole cómo se debe hacer todo.

Es una persona que está recién llegada porque aquí, dicen, ya no hay ningún sacerdote que quiera venir porque no hay las condiciones. Solo hay dos únicas hermanas que trabajan en el otro lado. Están muy ancianas y enfermas y sin embargo se les reconoce su trabajo. Varios de ellos murieron de paludismo, temblando en las hamacas. De los que vinieron después de 1935 muchos murieron. Entonces la gente agradece, la gente reconoce. Aquí se hizo toda una gestión para que el papa escribiera. Benedicto XVI escribió una carta y por eso viene el Nuncio.

Los milagros que hacen estos huitotos, y es que logramos que los escuche el papa. En cambio, el gobernador de acá no aparece. [Ríe.]

Nosotros llevamos muchos años y por eso ellos confían y de alguna manera nos sentimos que nos tratan como a un indígena. Nosotros hay momentos en que tampoco sabemos cuándo es el otro y cuando es el nosotros porque son muchos años.

Las presencias no reconocidas

Lo de las bolas de luz es sobrecogedor. Eso está documentado por nosotros, porque sabemos que eso casi nadie lo entiende, pero está documentado por nosotros. Hay fotos. Generalmente se presentan en momentos en que los muchachos están bailando, miles y miles, pero además son asombrosas. Además vuelan, son una locura por Dios. Yo nunca pensé que uno se iba a meter en eso.

Una vez aquí había hambre porque no había comida y los muchachos decidieron bailar. Bailaron el baile de la serpiente con una fuerza tan brutal… Yo decía de dónde les sale la fuerza si no hay comida. Tome fotos, fotos, muchas fotos. Fue cuando la cámara se daño. Eso está lleno de cosas, lleno de cosas…

Después yo estudié con los maya la evolución de la conciencia y dentro de eso entendí y encontré en las fotos de las pirámides tomadas por Fernando Malkún las mismas bolas. Después los sacerdotes mayas explicaron en qué consistían esas bolas. Entonces dije que son las mismas bolas. Luego vine con el computador, me senté con los ancianos y les dije: “A ver, yo quiero que ustedes miren esto”. Ellos me dijeron: “Ruth, usted ya siente como nosotros, y por eso le hemos pedido que nos acompañe. Esas bolas que usted ve es la que hemos visto siempre nosotros con el rabo del ojo”. Las captan las cámaras digitales pero no las capta el ojo de frente. Dicen que se captan con el rabo del ojo. Uno voltea y ya no están. Los viejos explicaron esto es esto, esto es esto y esto es esto, porque hay varias clases. Desde la física cuántica son átomos de luz. Yo trato de darle vueltas a todo esto. Entonces hay muchas clases de esas bolas y hay gente experta para leer eso. Y después de tanto trabajo que se hace acá en uno de esos viajé a Bogotá. Yo vivo en un octavo piso, había una médica que estaba cumpliendo años. Entonces tomaron fotos y encima de mi cabeza, aquí, mire, las bolas también se ubican encima de personas concretas, a veces son miles, pero a veces la única bola está encima de la cabeza del cacique, y son bolas así de grandes (indica con la mano) sobre la cabeza del cacique. Tenemos las fotos, ustedes  no me van a creer…

Una bola en mi cabeza en Bogotá, en un octavo piso… Yo no sabía que volaban en Satena. Y que además se me vienen detrás, Entonces yo le dije: “No se metan conmigo, porque yo no me estoy metiendo con ustedes. Entonces, háganme el favor y echen pa’ allá por favor”. Pero yo empecé a descubrir cuándo vienen y cuándo se van. Cuando yo sentía algo, yo le decía a alguien: “Tómenme un foto”, y me tomaban la foto. Entonces allí está. Uno siente cuando algo llega encima. Después se empezaron a volver descaradas y ya a través del espejo se podían quedar ahí encima, y entonces sin entender yo porque esto (en realidad creo que no hay necesidad de entenderlo), se ha venido haciendo el trabajo, y lo que vemos es que al tomar fotografías esas bolas van disminuyendo.

Desde la física cuántica hay explicaciones, pero lo que dicen los viejos es que estos son los seres que no han descansado, y en la medida que disminuyan quiere decir que han estado como tomando posesión para completar el ciclo que les faltó, alguno que se identifica con ellos. Y por eso la filosofía del colegio no puede ser cualquier filosofía.

No tienen un nombre en huitoto, o si lo tienen yo no me lo sé. Esos son los seres que no han descansado porque no han sido reconocidos, no han sido honrados. Esto es parte del ritual. Este encuentro es parte de decirles: “Los reconocemos, los respetamos, descansen y mándennos la fuerza que vamos a seguir”.

Notas:

(1) De mambe, palabra usada en el castellano regional de Colombia y Perú para referirse a la hoja coca turrada y pulverizada y mezclada con ceniza de hoja de cetico (Cecropia sp.).

(2) Los “muchachos” eran  jóvenes indígenas utilizados por la empresa cauchera para someter a sus paisanos.

(3) De una definición tomada de Internet: “Las caneplas son cámaras dirigidas a distancia que son liberadas desde los vehículos extraterrestres dirigidos (VED) que realizan testeo a nivel físico, mental y espiritual. Pueden medir desde 30 cm hasta metro y medio de diámetro”. Indudablemente no es este el sentido que le da la entrevistada al término en la presente entrevista. Ella lo usa para referirse a los espíritus de antiguos vivientes de la zona que todavía no pueden descansar y continúan errantes.

(4) Ambil es el nombre que se da en Colombia a lo que en Perú se conoce como ampiri, vocablo procedente del quechua ampi, que significa, a su vez, veneno y remedio. Se trata de pasta de tabaco, de uso frecuente entre los Bora, Huitoto y Ocaina, con la cual la gente acompaña el consumo de la hoja de coca pulverizada. La pasta, obtenida de cocinar las hojas de tabaco, se mezcla con la pulpa flemosa del macambo (Theobroma bicolor) verde para darle consistencia. Finalmente se le añade sal vegetal obtenida de las cenizas de corteza de ciertas palmeras y hierbas.

(5) Ucuye (Macoubea guianensis) es un árbol de la familia de las apocináceas. Los indígenas lo siembran para consumir su fruto rico en azúcares que proporciona potasio y calcio. Su látex es usado con fines medicinales para aliviar enfermedades pulmonares.

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