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Chile: Boric y el peñi Fukuyama

Por Pedro Cayuqueo

Azkintuwe, 19 de diciembre, 2011.- Bien Gabriel Boric en Tolerancia Cero. Algo ansioso, demasiado irónico a juicio de algunos, inclusive “soberbio” como declaró Camila Vallejo en ADN Radio (esto de dispararse en el pie ante los medios no es patrimonio exclusivo del gobierno, ojo), pero sumando y restando, bien. Primera prueba superada. Sorprendió a más de alguien por su elocuencia y claridad para exponer las ideas. Y convengamos que la vara impuesta por Camila estaba altísima.

Sorprendió también y gratamente con su discurso, alejado por completo de la caricatura del “ultra” antisistema y anti Ley de Gravedad que se intentó dibujar, tanto de él como de su sector, previo a su bullado triunfo en la FECH.

Boric, para quien aun no lo sepa, no está contra el sistema. Ni contra el Sistema Solar ni el digestivo. Está contra “este” sistema político institucional, heredado en los 80’ ya sabemos de quien, diseñado ya sabemos por quienes y al cual la clase política, desde la Alianza por Chile a la Entelequia Opositora y pasando por el PC, parecieran haberse acomodado sin mayor drama existencial. He allí su primera declaración de principios.

El “Fin de la Historia” le llamó el peñi Francis Fukuyama al modelo chileno a comienzos de los 90’, vaticinando el triunfo galopante del capitalismo y, de paso, el Apocalipsis de los mayas. En este “Fin de la Historia” creen –o al menos creyeron durante 20 años a pie juntillas- los actuales miembros de la Oposición. De allí que el repaso de Boric a Michelle Bachelet, Ricardo Lagos, Osvaldo Andrade y otros tantos próceres del “socialismo” criollo haya sido más que justificado. Doloroso para algunos desmemoriados, pero atinadísimo para muchos.

Incluso bienvenido en días en que los cantos de sirena del bacheletismo comienzan su búsqueda desenfrenada de incauta mano de obra juvenil. ¿Y el Parlamento, se salva? Uff… Qué decir sobre el Parlamento chileno que no hayan dicho ya editorialistas del The New York Times o The Economist, ninguno de ellos militante de Creando Izquierda, por si las moscas. Un chiste nuestro Parlamento.

Un pésimo chiste de representación popular, atendiendo el sistema electoral binominal y una Ley de Partidos Políticos que si algo mandata y permite es precisamente la no participación de la ciudadanía en los asuntos públicos. “Hoy pesa más una reunión en CasaPiedra que treinta horas de debate en el Congreso”, lanza Boric en Tolerancia Cero. Y bienvenidos todos al mundo real.

Bien Boric en el diagnóstico. Lúcido, como todo librepensador de izquierda que se precie de tal (su rechazo a la “beateria de izquierda” sacó aplausos en mi ruca, lo reconozco). Y clever, como todo buen regionalista de tomo y lomo. Sin embargo y bien apuntó el colega Paulsen, algo débil a la hora de hablar de propuestas.

Bien pudo no ser suya la culpa, convengamos. Los tiempos televisivos, el rating, sus interlocutores, qué se yo. Si hasta sobre Cuba y Venezuela le preguntó el director de La Tercera. Mucho ojo para la próxima, Gabriel. Menos diagnóstico y más propuestas. Menudo desafío, por cierto. Implica caer en cuenta que los diagnósticos no son más que eso; diagnósticos, un ejercicio a ratos meramente intelectual o académico. O una soberana paja mental, como gustaba decir un pariente no muy amigo de los libros.

Si, ya sabemos lo desigual de este país, coincidimos en lo deslegitimado del “actual” sistema político, identificados tenemos los enclaves autoritarios, vislumbramos incluso la necesidad de un nuevo Pacto Social y la refundación del Estado… ¿Qué hacemos para cambiar esto? ¿Seguimos lloriqueando o levantamos una alternativa?

“Me tienen chato con la problemática, hablemos de una vez por todas de la solucionática”, lanzó un joven lonko cierto día en Lautaro, en medio de una eterna asamblea de discursos mapuches grandilocuentes. “Peñi, estoy aburrido de marchar a protestar fuera de la Intendencia. ¿Y si mejor trabajamos para estar nosotros dentro?”, me lanzó en otra ocasión el mismo dirigente, mientras participaba de una marcha por las calles céntricas de Temuco.

Fue lejos lo más lúcido que escuché en toda aquella jornada. Hoy dicho lonko forma parte de la dirigencia de Wallmapuwen, el partido político mapuche en formación al sur del Biobio. De los dichos a los hechos. Facta non Verba. He allí el principal desafío que vislumbro para Boric y la Confech este 2012 que se avecina.

Pasar del diagnóstico, la tarea cumplida el 2011, a construir una nueva fuerza social y política, capaz de representar este nuevo Chile que asoma pese al ceño fruncido de las élites. Pasar del reclamo a la propuesta. Y de la propuesta a una alternativa política refrescante y renovadora, alejada de cualquier dogmatismo marxista, leninista, maoista o polpotiano, todas ideologías propias del siglo pasado al igual que el neoliberalismo, su primo hermano. Interesante escenario. Ni en sueños lo imaginó el peñi Fukuyama.

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Fuente: Azkintuwe: http://www.azkintuwe.org/20111218_001.htm

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