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Mundo: La crisis de precios de los alimentos: lecciones y 10 medidas para los países en desarrollo

Oxfam Internacional ha publicado el informe: Precios de doble filo. La crisis de precios de los alimentos: lecciones y 10 medidas para los países en desarrollo al cual usted puede acceder en el siguiente enlace electrónico:

- Precios de doble filo. Informe Oxfam 121 (pdf, 55 páginas)

Resumen ejecutivo

Mientras que la atención mundial está centrada en la crisis financiera global, una gran parte del planeta está sufriendo los efectos del fuerte incremento de los precios de los alimentos y del aumento del precio de la gasolina. Los precios de los alimentos básicos han experimentado alzas de un 30 a un 150 por ciento entre 2007 y 2008. Esta situación amenaza los avances en la consecución de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODMs). En Camboya, donde la mitad de la población compra arroz para su alimentación, ha disminuido su consumo, y muchas familias en Burkina Faso se ven forzadas a vender el poco ganado que poseen para subsistir. Oxfam calcula que 290 millones de personas en los países más vulnerables a la crisis alimentaria corren el riesgo de caer bajo el umbral de la pobreza.

En agudo contraste con la difícil situación que atraviesan agricultores y comunidades, muchos otros dentro del negocio de la alimentación parecen estar haciendo caja con la crisis. Thailand's Charoen Pokphand Foods, uno de los principales grupos en Asia, prevé un aumento de sus ingresos de un 237 por ciento para este año.(1) Las ventas globales de Nestlé se incrementaron un 8,9 por ciento en la primera mitad de 2008. (2) Monsanto, la empresa de semillas más grande del mundo, reconoce haber aumentado sus ingresos en un 26 por ciento entre marzo y mayo de 2008. (3) La cadena de supermercados del Reino Unido, Tesco, ha anunciado un aumento récord de un 26 por ciento de sus beneficios desde el pasado año. (4)

El desastroso impacto de esta crisis podía haberse evitado. Millones de familias en países pobres dependen de la agricultura para su subsistencia. La ayuda global a la agricultura ha disminuido desde un 18 por ciento del total de la ayuda oficial al desarrollo (AOD) en los años 80 a apenas el 4 por ciento de ayuda actual. (5) Si los países ricos, los donantes y los gobiernos de los países en desarrollo hubieran invertido en la agricultura de pequeños productores a lo largo de las dos últimas décadas, los países y las comunidades pobres serían hoy mucho menos vulnerables a las oscilaciones bruscas de los precios. Los pocos países en desarrollo que han seguido caminos alternativos, inyectando dinero en ese tipo de agricultura y en protección social, han demostrado tener más capacidad de resistir el impacto de esta crisis.

La respuesta global a la crisis de precios de los alimentos no ha sido tampoco la adecuada. Además, contrasta con la reacción a la actual crisis financiera donde, en cuestión de días, la comunidad internacional ha movilizado cantidades ingentes de recursos financieros. A los países que están padeciendo esta crisis alimentaria se les prometió una ayuda de 12.300 millones de dólares en la Conferencia de la FAO que tuvo lugar en Roma en junio de 2008, muy por debajo de la cantidad necesaria estimada por Naciones Unidas (6) (entre 25.000 y 40.000 millones de dólares), y cinco meses más tarde, apenas se ha desembolsado algo más de mil millones de dólares. La comunidad internacional no ha sido capaz de organizar por sí misma una respuesta adecuada: Se está bombardeando a los países en desarrollo con diferentes iniciativas y se les exige que tracen múltiples planes para los diferentes donantes. Naciones Unidas debe orquestar una respuesta internacional coordinada, canalizar urgentemente fondos para aquellos que los necesitan, y emprender reformas a largo plazo.

Los países pobres que han abandonado su sector agrícola, han eliminado la producción de cereales y se han hecho enormemente dependientes de la importación de alimentos, son extremadamente vulnerables ante las bruscas oscilaciones en los precios de los mismos. Esto se hace particularmente evidente en aquellos países que carecen de liquidez para hacer frente a los pagos de la importación de alimentos. Los países que no tienen unos sistemas efectivos de protección social ni reservas de alimentos básicos para amortiguar el impacto de las oscilaciones bruscas de los precios están aun más expuestos.

Desafortunadamente, éste es el caso de muchos países en desarrollo, y ello se debe en gran parte a determinadas decisiones políticas adoptadas por sus gobiernos, con frecuencia fomentadas y apoyadas por las instituciones internacionales y de los países donantes. Las políticas altamente proteccionistas y distorsionantes del comercio que han llevado a cabo durante décadas los países ricos también han contribuido a generar esta situación. Si realmente se pretende alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODMs), es necesario que tanto los países ricos como los donantes y los países pobres viren de rumbo.

Existe el grave peligro de que esta lección se pierda en medio de la confusión causada por la crisis y de que los gobiernos de los países en desarrollo respondan únicamente con medidas a corto plazo, particularmente teniendo en cuenta que la comunidad internacional no está respondiendo como debería. Se necesita desesperadamente un nuevo enfoque, porque la fragilidad de la mayoría de los países en desarrollo ante las oscilaciones bruscas de los precios aumenta críticamente además, debido al cambio climático y su combinación fatal de aumento de las temperaturas, desastres naturales y erráticas pautas de las precipitaciones.

¿Qué se puede hacer? Incluso antes de efecto de la subida de los precios, más de 850 millones de personas en todo el mundo padecían hambre. Aliviar el impacto de la actual crisis implica atacar los puntos débiles que están en la raíz del problema de un modo crónico. Esto requiere cambios estructurales en el modo en el que gobiernos, instituciones internacionales y donantes enfocan la pobreza y el desarrollo, tomar conciencia del papel crucial que los pequeños propietarios desempeñan en la reducción de la pobreza, y reconocer el papel clave que tiene la mujer en la agricultura.

Aunque el precio de los alimentos descienda algo en los próximos meses, permanecerá por encima de los niveles de la década pasada. Los países en desarrollo necesitan incrementar su producción de alimentos instaurando un paquete de medidas para la agricultura y el comercio que impulse la productividad de los pequeños propietarios agrícolas, escasamente equipados. En México, el programa PROCAMPO proporciona a los agricultores 950 pesos (unos 95 dólares) por hectárea para que cultiven maíz o frijoles, y beneficia a 2,5 millones de granjeros, lo que representa un 28 por ciento del presupuesto agrícola del país. (7) El programa PRONAF brasileño ha puesto a disposición de los pequeños propietarios préstamos, asistencia técnica, programas de divulgación en las zonas rurales, seguros frente a pérdidas de cosechas, precios garantizados y un sistema de compra directa a los pequeños agricultores, para apoyar programas de seguridad alimentaria.8 Esta política ha conducido a un significativo aumento en el gasto en agricultura, y consecuentemente Brasil se encuentra mejor preparado para afrontar la actual crisis alimentaria.

El gasto público en protección social, que implica la creación de programas de creación de empleo y de seguridad social, ha demostrado ser extremadamente efectivo para que la gente con pocos recursos pueda afrontar la crisis provocada por la brusca subida de los precios. Los países con mejores programas de protección social han demostrado resistir mejor la actual crisis.

El precio de los alimentos, ya sean altos o bajos, ha demostrado ser un arma de doble filo: sufren consumidores y productores por igual. El falso dilema que se plantea en términos de a qué grupo apoyar (que con frecuencia lleva a los gobiernos a inclinarse hacia el lado urbano) puede resolverse interviniendo en el mercado y adoptando medidas que permitan a ambos, consumidores y productores pobres, enfrentarse a períodos de fluctuación en los precios. La pobreza se incrementará en muchos países en desarrollo a menos que sus gobiernos aprovechen de forma activa la crisis para revisar sus políticas en materia de agricultura, comercio y protección social. Es necesario que la comunidad internacional apoye dichas reformas y que no las bloquee. Para sentar las bases de una efectiva capacidad de resistencia frente a shocks futuros, la prioridad absoluta ha de ser dirigir la inversión en agricultura hacia los pequeños productores agrícolas.

Oxfam no cree que exista una solución mágica que funcione por igual para todos. No obstante, las 10 medidas que se proponen a continuación, adaptadas para cada contexto, pueden cambiar sustancialmente la vida de millones de personas a quienes la crisis actual ha precipitado por debajo del umbral de la pobreza, y contribuir a dotarles de capacidad de recuperación frente a futuras oscilaciones de los precios.

Los gobiernos de los países pobres, con ayuda de los donantes, deben:

  • Incrementar el gasto público en agricultura para aumentar la producción a corto plazo, y a largo plazo, respaldar a los pequeños agricultores;
  • Orientar adecuadamente el gasto en el sector agrícola, para garantizar el suministro público necesario y llegar a los pequeños productores;
  • Invertir en programas de protección social para que los ciudadanos puedan tener cubiertas sus necesidades básicas y al mismo tiempo, proteger sus fuentes de subsistencia frente a potenciales amenazas;
  • Contribuir a la creación reservas estratégicas de alimentos, nacionales o regionales, para contrarrestar la escasez alimentaria y la volatilidad del mercado. Los programas de asistencia deben animar a las comunidades a crear sus propias reservas de alimentos;
  • Adoptar medidas comerciales que protejan a los pequeños productores, a los sectores estratégicos de la agricultura y a las empresas emergentes;
  • Evitar la adopción de ciertas medidas (como por ejemplo la prohibición de las exportaciones), que puedan exacerbar la crisis o minar las perspectivas de desarrollo a largo plazo;
  • Apoyar la creación y el fortalecimiento de sindicatos de trabajadores, organizaciones de productores y grupos de mujeres en particular, para que puedan tomar parte activa en el diseño, la ejecución y el seguimiento de la política agrícola y alimentaria, negociar de forma colectiva para bajar los precios de los insumos y conseguir mejoras salariales y en los precios de sus productos;
  • Promover el acceso a bienes y servicios, particularmente de las mujeres. El acceso a la tierra, al agua, a las semillas, a los fertilizantes, a la tecnología, a los créditos, a la infraestructura y a la energía resulta con frecuencia insuficiente, inseguro o demasiado costoso;
  • Ocuparse de la problemática de los trabajadores agrícolas, mediante el desarrollo y la aplicación de legislación laboral para ellos, y a través del establecimiento de programas que garanticen el empleo para aquellos que fuera de temporada estén forzosamente inactivos;
  • Promover la capacidad de resistencia frente al cambio climático de las comunidades, para garantizar que los productores pobres se puedan beneficiar de la subida de los precios, adaptarse y conseguir mitigar el impacto del cambio climático.
  • Además, los países ricos, el Banco Mundial y otros donantes deberían:
  • Coordinar sus acciones y la ayuda económica en materia de crisis de precios a través de un mecanismo de Naciones Unidas, bajo las directrices del Grupo de Trabajo de Alto Nivel;
  • Incrementar la inversión en ayuda al desarrollo para agricultura en los países en desarrollo, particularmente dirigida a los pequeños productores;
  • Dejar de presionar para forzar la rápida liberación de los mercados y de oponerse a las mecanismos de salvaguarda en las negociaciones y acuerdos comerciales con los países en desarrollo, ya sea a nivel multilateral, regional o bilateral;
  • Modificar su política agraria y comercial, que permite el dumping, restringe el espacio político, y dificulta el crecimiento de los países en desarrollo, de manera que éstos puedan reforzar su propia agricultura y a cambio, garantizarse la seguridad alimentaria.

Notas

1 Charoen Pokphand eyes hefty profit, jueves, 09/18/2008, Mustaqim Adamrah: (http://www.thejakartapost.com/news/2008/09/18/charoen-pokphand-eyes-hefty-profit.html)

2 Nestle upbeat despite consumer gloom, raises outlook, 7 de agosto de 2008, por Katie Reid (http://www.reuters.com/article/GCA-Agflation/idUSL744903420080807)

3 Monsanto profit rises, but shares fall 6 pct, por Carey Gillam, 25 de junio de 2008 (http://www.reuters.com/article/hotStocksNews/idUSWNAS916320080625)

4 Tesco profit up 10 pct, says riding out tough market, 30 de septiembre de 2008, por Mark Potter (http://www.reuters.com/article/rbssRetailDepartmentStores/idUSLU9887520080930H)

5 Estadísticas de Desarrollo Internacional de la OCDE (2007), Sistema de Notificación por parte de los Países Acreedores

6 Naciones Unidas, Grupo de Trabajo de Alto Nivel para la Crisis Alimentaria Mundial (2008), Marco Amplio para la Acción (CFA en sus siglas en inglés), http://www.un.org/ga/president/62/letters/cfa160708.pdf

7 SAGARPA (Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación), México, disponible en: www.sagarpa.gob.mx/

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