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Perú: Sobre cruces e "indios evaporados"

- "Se impone un deber de olvido que no queremos acatar".

Por Miguel Ángel Cadenas  y Manolo Berjón*

22 de enero, 2011.- Los pueblos tupí guaraní consideran la cruz un elemento fundamental. Es parte de su sistema de orientación (norte-sur-este-oeste). Les sirve, además, para medir la noche: controlan la hora nocturna según la posición de la cruz del sur.

María tiene 7 años, muchas ganas de jugar y unas chinelas nuevas, bien bonitas, que le acaban de comprar. Su mamá le mandó que hiciera una cruz en la mañana, “en la tarde vamos a llevarla al puerto”. Juan tiene 36 años y también hizo una cruz de topa.

El recuerda cómo sus hijos se enfermaron por el agua del río y por el atún que “graciosamente” nos regaló la Pluspetrol. Pero sus hijos enfermos no aparecen en las estadísticas del Centro de Salud. Tal vez si en lugar de habitar en Santa Rita de Castilla hubiera sido en el limeño San Isidro el ministro de salud hubiera tenido que renunciar. Pero es un “indio” y no merece ni que aparezca en las estadísticas. Digamos una vez más: es un “indio evaporado”.

El triste 2010 nos dejó más enfermo el río Marañón. Apenas salió a la luz pública el derrame del 19 de junio en la localidad de San José de Saramuro, no fue el más grave. A comienzos de julio miles de peces muertos en el río Samiria nos hacen confirmar las sospechas que han vertido aguas de formación a las quebradas Huishto Yanayaquillo y Yanayacu Tipishca. De nuevo la “verdad oficial” guarda silencio.

Las declaraciones vertidas en torno al primer derrame insisten en que no han afectado a la Reserva Nacional Pacaya Samiria. El dinero puede hacer olvidar hasta lo más elemental, pero no puede hacer piola con la verdad. La “verdad oficial” siempre será… “oficial”, y nada más.

Y como broche final de año, el 5 de diciembre se produce otro derrame en el mismo lugar del 19 de junio. Es evidente que “se han tomado todas las precauciones y las medidas del caso” (¿se lo creen?), pero “lamentablemente” se ha vuelto a producir otro “despiste”, “fallo humano” o como deseemos designarle. No hay que alarmar a la población (digamos a las transnacionales). Que la gente del Marañón no hayan sido avisados para que se provean del agua del río no es ni siquiera un asunto humanitario. Esto de lo humanitario es para el continente africano, aquí somos “civilizados” y crecemos al 8% anual.

Lo cierto es que mientras Pluspetrol y el gobierno peruano, que no parece enterarse del asunto, hace tiempo que han dado carpetazo, en el Marañón no queremos olvidar. Que quede claro: no nos da la gana olvidar. Cientos de pobladores del bajo Marañón se acercaron a los puertos de sus comunidades el 30 de diciembre de 2010 para recordar los derrames producidos en el Marañón. Cientos de personas que no comulgan con este “deber de olvido” impuesto por los poderosos.

No llevábamos ni corbata, ni falda bien planchada. No habíamos salido de la peluquería, ni teníamos perfume en nuestro cuerpo. Ni siquiera todos habíamos comido, a pesar de ser las 5:00 p.m. José se vino de la chacra y de frente se fue al puerto sin comer, “porque yo quiero estar en el puerto con la cruz, ya comeré más tarde”. Cruces tan caras al pueblo kukama, cruces como signo de orientación.

No hay espacio para los débiles, territorio para la memoria, ni lugar para el resentimiento. Sobresalen los fuertes, a quienes debemos obedecer sumisamente. Se impone el deber de olvido para poder dormir plácidamente. Triunfa la simpatía que alegra la vida de los que les va bien. Nada de caras serias, lamentos, ni pañuelos para enjugar lágrimas. Rostros risueños, corbatas bien planchadas, ricos perfumes en nuestros cuellos y muñecas y fotos de hijos en el escritorio. Se impone este deber de olvido “bienpensante”, que nosotros no podemos ni queremos acatar.

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* Miguel Angel Cadenas y Manolo Berjón son padres de la Parroquia Santa Rita de Castilla.

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Artículo recibido de Leonardo Tello Imaina de radio Ucamara, de Nauta.

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