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¿Podrán los pueblos originarios sobrevivir a la globalización y prevalecer como pueblos?

Por Gil Inoach Shawit

Afortunadamente existe un único camino para sobrevivir. Defender y proteger nuestro territorio y los recursos naturales de posesión ancestral. El territorio: como embrión espiritual de vida para garantizar nuestra existencia como pueblos. Recursos naturales: como fuente de nuestra subsistencia y parte del sistema de desarrollo socio económico y cultural.

Con la toma de mando presidencial de Colombia que se produjo el 07 de agosto, escuché de manera positiva el mensaje que emitió don Juan Manuel Santos. El preludio de su discurso estuvo dotado de un profundo reconocimiento a la existencia de los pueblos indígenas de Colombia, de quienes se refirió como posesionarios y dueños primigenios de las tierras que actualmente ocupan en la vida republicana los actuales pobladores.

Con ese reconocimiento, dijo que velará por la protección de los pueblos indígenas de su país. Mencionó por segunda vez, de la forma como se propone protegerlos y garantizar su existencia: mediante una política de descentralización y gestión ordenada del territorio nacional en cumplimiento de la Ley de minorías de 1991.

Similar compromiso ya lo había expresado Alejandro Toledo en el Perú pero no cumplió. Personalmente, no creo que el discurso de don Juan Manuel Santos quede suspendido en el aire. Soy optimista y creo que algo de aquel discurso será puesto en práctica.

Lo que el nuevo presidente colombiano experimentará es la presión de grupos de poder económico para frustrar su promesa y el mejor indicador de su sinceramiento y coherencia tendrá que demostrarla en los hechos, para lo cual no dudo que todos los indígenas del continente estarán y estaremos atentos.

Es un anhelo colectivo que los hermanos indígenas colombianos logren ser escuchados y continúen trabajando en la tarea histórica de la reconstrucción jurídica de sus territorios para que sus demandas se conviertan en políticas públicas y sean realmente incluidos en la agenda nacional.

Con los gobernantes que piensan y actúan a favor de las grandes mayorías connacionales, las posibilidades de remontar los aspectos negativos de la globalización de parte de los pueblos indígenas son probables. Pero no debemos olvidar que no son los gobernantes de turno de quienes debemos de depender mucho para asegurar nuestra existencia.

Si asumimos que nuestro destino no depende de gobernantes, ni de políticos, el horizonte de reivindicación es más amplio y las capacidades de sobrevivencia más óptimas. Porque los fracasos y éxitos no están en manos de terceros; está en manos de cada indígena.

Hay una creciente costumbre que estamos aprendiendo de otras culturas en el sentido de reclamar a los gobernantes para que se nos reconozcan los derechos, como si la solución a nuestros problemas sólo estuvieran en ellos o en cualquier político. Claro, cualquiera diría en primera reacción que si no fuera por obra de malos gobernantes, no estaríamos en las condiciones en la que nos encontramos, que si no habría influencias externas no existiría amenazas a nuestros territorios, que nuestros ríos y el medio ambiente no sufrirían impactos, que no habrían epidemias ni injusticia como la que estamos experimentando.

No por eso vamos a quedarnos con manos cruzados esperando que sea el papá Estado el que lo haga y resuelva todo. Los pueblos indígenas somos gente de acción: muestra de ello es que hemos creado primeramente nuestro propio mecanismo de unidad a través de las organizaciones indígenas, desde un nivel local, nacional e internacional. A través de estas instancias hemos canalizado más alternativas de solución a nuestros problemas que conducir a nuestras organizaciones en simples demandas. El desarrollo de Programa de Formación de Maestros Bilingües (FORMABIAP), es una demostración de nuestra capacidad de gestión, proposición y desarrollo.

Hemos demostrado que no hay una mejor visión y acción que no provenga de las fortalezas internas. Por tanto, la solución a nuestros problemas está en nosotros mismos, no en manos ajenas. No quiero decir que los gobernantes se deshagan de sus responsabilidades ni que dejen de cumplir sus compromisos internacionales.

Nadie nos lleva al matadero, nadie nos obliga a hacer algo indebido, todo depende de uno. Los pueblos originarios e indígenas debemos tener mayor autoridad moral, material e espiritual para hacernos respetar. Nos hemos hecho respetar históricamente y el sentido de nuestra existencia se debe al valor histórico que nuestros ancestros lucharon por este propósito, de hacerse valer, frente a las agresiones externas que incluso se atrevieron a ofendernos debatiendo si teníamos alma o una forma humanoide.

Diversas teorías inmigracionistas especulan que América fue poblada desde hace más de 30 mil años, muchos estudiosos en la materia sostienen haber comprobado la existencia del hombre americano desde hace 11 mil años. Podemos asegurar y reasegurar entonces que parte de esos seres humanos que se posesionaron y ganaron su derecho al territorio fuimos los pueblos indígenas, regados en los andes, costa y amazonía (la población mestiza es producto de esta historia).

Somos estos pueblos los dueños originarios de estos territorios antes que nazcan los actuales estados. Esto nos exige ser más responsables para tener mayor autoridad y está en el poder de nuestro subconsciente colectivo decidir qué hacer con nuestro futuro.

El proceso revolucionario del capítulo de la independencia de los pueblos de las Américas supuso ese principio pero lamentablemente el creer que por delegatura de decisiones en nombre del pueblo, las responsabilidades de la libertad tendría un buen fin, solo se nos ha postergado y ahora estamos sufriendo una suerte de réplica de opresión, parecido al de la colonia. Esta es una lección aprendida y es una responsabilidad nuestra también. Responsabilidad nuestra por haber dejado - por ejemplo - que terceros se encarguen de reconocer nuestro derechos de posesión territorial, cuando somos por dominio real y de hecho los que debemos decidir y por estas consideraciones ser los primeros consultados.

Estos antecedentes históricos nos dan razón para seguir ejerciendo nuestra manera de lograr los propósitos colectivos. Antes que nos acaben despojando de algo que fue nuestro, debemos retomar la tarea de emprender un proceso de ordenamiento territorial desde las comunidades, empezando con colocar coordenadas de demarcación de nuestras posesiones ancestrales. Esta terea debió realizarse poco después de la independencia que en el Perú se produjo en 1821, pero como nunca se hizo, la tarea de reconstrucción histórica y de inclusión social y cultural de nuestro país comenzaremos de a poco con nuestras propias manos, con la voluntad suprema de los pueblos y sus líderes visionarios.

¡Ojo! lo que hagamos debe fortalecer el cimiente del Estado pero con una visión más horizontal de desarrollo, de tal manera que la tarea de reconstrucción de territorios indígenas tenga relación con otros procesos que tienen que ver con la descentralización efectiva e inclusiva del país. Los procesos históricos no se construyen desde arriba, sino desde el cimiente mismo de los pueblos, quizás este momento ha llegado. Escucharemos cuando lo anuncie uno de esos pueblos antes de finales de 2010, reservo aquella proclama histórica a sus protagonistas, del cual me siento orgulloso al igual que muchos indígenas que siguen el proceso de cerca.

En el caso de los indígenas, el cimiento es el territorio que estos pueblos velan para su estabilidad. Y el estado de las condiciones de estabilidad que sus territorios ofrezcan es el requisito imprescindible para afrontar a la globalización de manera óptima. Con el territorio y los recursos naturales, los pueblos indígenas tienen inmensas posibilidades de sobrevivir la peor catástrofe mundial en términos económicos sin depender del presupuesto público y también las posibilidades de alimentar de manera solidaria a miles de compatriotas sólo con las fuerzas y habilidades que poseen.

Lo que buscan los pueblos indígenas es convertirse en potenciales de humanidad para que el estado que soñamos no sea un estado que viva sumiso a voluntades ajenas, sino, sea un estado que tenga suficiente riqueza para valerse por sí mismo y condiciones básicas de fortaleza para tener más autonomía con la fuerza de su gente.

Muchos se preguntan porque los indígenas se muestran aparentemente muy desconfiados y reacios al desarrollo. Respondemos que actúan de esta manera porque toda la inversión que el estado promueve está orientada para saquear la riqueza de la que sobreviven estos pueblos, al extremo de dictar leyes para apropiarse de manera sistemática sus territorios. El sistema de cómo se maneja el estado desde el poder es un sistema atemorizante y provocador. Por esto es que los pueblos siempre reaccionan a la defensiva.

Los indígenas son conscientes del efecto que traerá la globalización y esto solo será posible afrontarlo teniendo condiciones básicas para tomar decisiones sobre algo que nos pertenece y asumiendo el control sobre ello: el territorio y los recursos naturales ancestrales.

Base de derechos:

  • Convenio sobre Pueblos Indígenas Nº 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT):  Artículos: 4 - 1 y 2; Art. 5 – a; Art. 6, 1-a, b, c. 2; Art. 7- 1; Art. 13 – 1, 2; Art. 14 – 1, 2, 3; Art. 15 – 1; Art. 17 -3.

  • Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas: Art. 3, 4, 18, 19; Art. 20 -1; Art. 25; Art. 26 – 1, 2, 3; Art. 27; Art. 29 – 1; Art. 31 -1; Art. 32 – 1; Art. 36 – 1, 2;

  • Artículo 27 de la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados, suscrita en 1969 y vigente desde 1980: (El derecho interno de los Estados, las reglas de las organizaciones internacionales y la observancia de los tratados):

"1. Un Estado parte en un tratado no podrá invocar las disposiciones de su derecho interno como justificación del incumplimiento del tratado."

* Gil Inoach Shawit, es indígena del pueblo Awajun y se desempeñó como Presidente de la Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana (AIDESEP) durante dos periodos consecutivos, de 1996 al 2002.

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Comentarios

Tambien Fujimori asumió el gobierno con un discurso inspirado en el tawantisuyu, y veamos lo que hizo: implementar la politica coercitiva de control de la poblacion, esterilizando a los indigenas (a los pobres.) Obligándoles a que no tengan mas hijos. Asi es que de Santos hay poco que creer. El problema central de estos personajes es la forma cómo fueron educados. Es decir qué educacion recibieron.
Ahora, en otro asunto, esta fecha es una buena ocasion para reconocer la emergencia del concepto de "vivir bien" desde la vida indigena, y me parece un concepto muy potente, y se constituye en matriz de la nueva opcion del pensar; y que esta reemplaza al concepto de desarrollo. Por lo menos los indigenas deben pensar mas con su propio concepto, el vivir bien, y evitar que el concepto de desarrollo los distraiga, salvo para un análisis crítico.

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