
Contaminación minera en rÃo Opamayo. Foto Angaraes, archivo 2009
Servindi, 27 de junio, 2010.- La presa de relaves de la mina Caudalosa chica reventó el viernes 25 de junio a las 8 de la noche esparciendo su contenido tóxico en el rÃo Opamayo, matando a miles de truchas y contaminando pastizales en la provincia de Angaraes, región Huancavelica.
La alerta fue enviada hoy a las 4 de la tarde del domingo 27 de junio por Carlos Candiotti, dirigente y comunicador indÃgena, quién señala que se trata de un desastre “nunca antes visto en Huancavelica”.
La presa reventada contenÃa 500 toneladas métricas de relave minero y su letal contenido explica que miles de truchas se encuentran regadas en las riberas del rÃo Opamayo.
Candiotti pide con urgencia que los medios de prensa nacional y regional se trasladen a la zona para constatar la magnitud de la tragedia pues a pesar de la gravedad de la situación la cobertura periodÃstica es escasa.
La población se encuentra movilizada y alista un paro y una marcha de protesta por que la actividad de esta minera no con la licencia social de la población y sus quejas nunca fue tomada en consideración por las autoridades.
Para mayor información contactarse con Carlos Candiotti al teléfono 067967708672 o al 064964287865.
Antecedentes
El rÃo Opamayo ha venido siendo contaminado en las últimas décadas por la actividad minera, actualmente ejecutada por las empresas mineras Buenaventura y Caudalosa.
La población ha impulsado campañas como “Salvemos el Opamayo” en protesta por la contaminación ambiental que ha deteriorado la agricultura, principal actividad que depende del rÃo Opamayo y el rÃo Lircay.
Como se registran en diversas portales de denuncia el rÃo Opamayo mueve desde hace 50 años hasta tres turbinas de generación eléctrica pero no ha contribuÃdo a irrigar parcelas agrÃcolas por el alto contenido tóxico de sus aguas.
La población de la provincia de Angaraes ha denunciado con insistencia los impactos perjudiciales de la actividad minera que se ha mostrado incompatible con la agricultura y ganaderÃa, de la cual vive la mayorÃa de la población local.
Sin embargo, la respuesta ha sido oÃdos sordos de parte de las autoridades y la criminalización de lÃderes y representantes comunales.






