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Colombia: ¡No nos cansemos de luchar por la vida!

Por Tejido de Comunicación - ACIN

8 de marzo, 2010.- Las comunidades del Alto del Rey, Guarapanba, Purace, Poblazon, Paletará y el Cabildo Urbano del pueblo Kokonuco marcharon este 4 de marzo con el objetivo de denunciar y alertar sobre las consecuencias sufridas por causa de la guerra que se vive en estos territorios.

La solidaridad y el acompañamiento de otras comunidades y organizaciones, es la mejor muestra de que no estamos solos. Hay otros y otras que también sienten rabia y dolor cuando nos matan, nos amenazan, nos desplazan, nos señalan y cuando invaden nuestros territorios. Existen todavía en este país de los falsos positivos, personas que sienten y comparten el dolor del otro.

Miles de colombianos marcharon también el pasado 6 febrero en 17 ciudades del país. Lo hicieron para protestar contra los decretos de emergencia social que condenan a la gente a mendigar por su salud. Justo cuando se creía que con la Ley 100 se había tocado fondo, este gobierno nos demuestra que es posible caer incluso más abajo.

Caminamos cuatro mil indígenas sobre el asfalto hacia Popayán por el derecho a la Educación. Recorrimos el Páramo de Pisno para defender la Madre Tierra y para denunciar la presencia de batallones de alta Montaña y los intereses de la multinacional minera Anglo Gold Ashanti sobre estos territorios sagrados.

Marchamos dos mil personas hacia el Corregimiento de Mondomo para decir que no queremos que las balas de los señores de la guerra nos sigan arrebatando comuneros. Estos pasos también sirvieron para acompañar a nuestro compañero Andrés Fernando Muelas a su última morada.

“Es que no casan de caminar” preguntó un transeúnte desprevenido cuando en el 2008 la Minga Social y Comunitaria arribó a la ciudad de Cali. Pregunta que representa el pensamiento de muchos que no comprenden el verdadero sentido de una marcha.

Para todos quienes creemos que es posible cambiar este país, marchar es un camino para compartir con los otros el dolor que embarga a todas las voces silenciadas y oprimidas. Pero también es el camino de esperanza que nos trazamos para construir una realidad justa en donde la vida triunfe por encima de las políticas de codicia y de terror que nos someten.

Políticas que pretendían volver eternas manipulando el famoso estado de opinión. Frente al cual la corte constitucional con la independencia y dignidad que no le pudo ser arrebatada, declaró inconstitucional dejando al estado social de derecho victorioso por esta ocasión.

Pero estamos seguros que se está enfilando una nueva estrategia bajo la bandera de la política de seguridad democrática. Con cifras engañosas y amparados por grupos que han llenado de dolor y muerte todo el territorio colombiano, pretenden llegar a las sillas del poder para desde allí seguir gobernando a favor de unos cuantos y no a favor del pueblo como debería ser en un verdadero estado social de derecho.

Por eso no podemos seguir indiferentes, es necesario sentir el dolor del otro. Que nos duelan las amenazas contra los trabajadores sindicalizados, la violencia contra las mujeres y los niños, la guerra que se vive en Putumayo, en Nariño, en Chocó, en todo el país. Que nos duela también el dolor de las familias que están siendo desplazadas en todo el territorio por la codicia de unas cuantas empresas que quieren explotar y extraer los recursos de la Madre Tierra.

Es necesario sentir todos esos dolores y volver a marchar. Hacerlo contra las 1.123 concesiones mineras dentro del departamento del Cauca. Contra la guerra entre los actores armados que no respeta la vida. Contra las leyes del despojo y los acuerdos comerciales que se firman a espaldas y contra el pueblo. Contra la propaganda mediática que nos quiere imponer la continuidad de una política asesina, y claro está, hay que hacerlo contra esa misma política.

Pero marchar no significa solamente salir a las calles y a las carreteras. Marchar es también salir de nuestro territorio mental y conocer y compartir el del otro. Marchar es movilizar las conciencias a través de la comunicación para que las voces de los olvidados sean escuchadas y tengan cabida en la memoria de todos. Marchar es darle importancia al dolor de quienes necesitan ser escuchados para que desde cada uno de esos dolores resistamos al modelo codicioso que está acabando con la vida y construyamos los pueblos el país soñado que nos merecemos. Por eso, no nos cansemos, tenemos que seguir marchando y luchando por la vida.

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Fuente: Boletín informativo semanal del Tejido de Comunicación y de relaciones externas para la verdad y la vida. Tejido de Comunicación y de relaciones externas para la verdad y la vida - Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca (ACIN). Telefax: 0928 - 293999. Sitio web: www.nasaacin.org Correo: [email protected]

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