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Petro, el suroccidente y los rituales del poder-querer

“El discurso terminó, los sectores sociales colmaron de regalos al presidente minguero. Regalar es la forma más decente de pedir, pero también es retribución y es mostrar que, en el Cauca como en la mayoría de las zonas rurales de Colombia, se agradece primero porque se confía en la palabra”.

Por Martín Vidal Tróchez

13 de octubre, 2022.- Y vino Petro a reunirse con la minga en el Cauca después de una larga espera llena de incertidumbre. Pero la gente estuvo firme, sentada esperando con las nalgas aplanadas. Tenemos la foto de Petro como candidato, pero no de Petro como presidente ¿La lograremos hoy? Los protocolos se cumplieron, los símbolos se glorificaron como corresponde, los rituales de la resistencia-poder se hicieron realidad y virtualidad, dejando memoria y alimentando prolíficamente a las redes sociales.

El mensaje presidencial fue claro y contundente: ahora el tema no es como el gobierno debe comprometerse con los sectores sociales de la minga del sur-occidente, sino como estos se comprometen con el gobierno. El resultado concreto dos instancias: reactivar la mesa interétnica y participar en los diálogos vinculantes del plan de desarrollo. Lo material de los derechos seguirá dependiendo de la movilización; quizás.

Intentemos desbaratar un poco el mensaje de Petro a la minga, metiéndonos en la retaguardia psicocomunicativa del discurso presidencial. Cosa difícil y sobre todo sacrílega ante semejante disertación que muy pocos querrán olvidar y mucho menos controvertir.

No olviden que ahora el gobierno somos todos

Petro habló de la necesidad de potencializar ese gran “cerebro colectivo” del cambio. Son tantos los problemas por resolver en este país que necesitamos una gran memoria y una gran creatividad común. Sin duda alguna, el cerebro de Petro es muy singular y potente, pero reconoció que poco sirve ante los desafíos de un país tan complejo e injusto como el que tenemos. Un político renunciando al narcicismo, eso ya es un logro. 

“Quintín Lame ahora es gobierno, el movimiento indígena es gobierno” eso dijo en un sutil pero provocador comienzo. ¿Qué dijo realmente sin decirlo? Ustedes me eligieron, soy su candidato ganador y ustedes están el gobierno, no se dediquen solo a pedir, ayuden a gobernar.             

Las sociedades de clases y sobre todo el capitalismo, se inventaron y perfeccionaron el gran artilugio para la manipulación de masas: la democracia, esta misma que hoy nos permite a los anticapitalistas tener el gobierno sin tener el poder.

Confíen en mí tanto como confían en ustedes

“El presidente de Colombia por primera vez no está conmemorando el día de la raza, está conmemorando el día de la resistencia” dijo Petro y remató la frase con esa mirada incisiva y ese silencio reafirmante que acostumbra hacer cuando se siente inspirado y triunfalmente elocuente. Obvio, aplausos y hasta gritos de histeria politizada.

Cambio el gobierno; cambia el discurso, eso es coherencia, estoy con ustedes y debemos confiar en lo que nos prometimos (no confundir con ´comprometimos´). La paz es para liberar a miles de jóvenes de la explotación por parte de las mafias del narcotráfico. Esas mafias que los afectan a ustedes, por lo tanto, deben apoyar incondicionalmente mi propuesta de paz total. Esto no lo dijo, pero lo pensó, como dicen las amigas intuitivas.              

El gobierno no es como lo pintábamos

“Miles de leyes hechas por terratenientes, y por privilegiados del Estado y una burocracia estatal infestada de funcionarios codiciosos”. Con esto Petro dejó muy claro que el principal rival de su gobierno está dentro del propio gobierno y que le toca lidiar con los herederos de las clases políticas tradicionalmente dueñas de las burocracias del Estado en Colombia. Es decir, de lo único que ha producido la política en Colombia; parasitismo, clientelismo, elitismo, corrupción, discriminación y hasta un premio Nobel de paz.

“Los medios les pertenecen a los banqueros más ricos de Colombia”, enfatizó Petro, seguramente cuando vio algún rostro confundido o dudoso entre las más de diez mil personas congregadas. Por eso los medios no me apoyan y por eso desinforman, ustedes les creen a los medios tradicionales ¡ojo! No se dejen engañar. Ustedes entenderán que las reformas son difíciles, que seguramente no podré hacer todo lo que prometí, sean comprensivos y no sumen más oposición a la que ya tengo desde adentro. Esto tampoco lo dijo en el discurso, pero de seguro estaba en su guion o anotado en la palma de su mano.

Y pues sí, si algo tiene Colombia es la mejor escuela de mentirosos y desafortunadamente no me refiero solo a los políticos, como muchos lo están pensando con perversa iluminación. La desinformación está diseñada con tanta sofisticación que ha logrado articular en una trama indescifrable a las pautas de crianza, a la escuela tradicional, al proselitismo religioso, a los flujos mediáticos, a la virtualidad, a la publicidad y hasta al vecino bochinchero de la cuadra.

Este gobierno se sostendrá solo gracias al poder popular

El mejor aliado del gobierno es un movimiento social poderoso en Colombia”. Y es que hablándole a la minga cualquiera siente eso: poder, pero poder real. El presidente minguero sabe que el cambio no se logra solo desde la institucionalidad, que su poder es muy relativo, casi que simbólico. Tal vez por eso clama acompañamiento, sabe que no puede por sí solo cambiar el país y que, a diferencia de millones colombianos, pobres u oligarcas, visibles o invisibles, no puede tener como opción la de más bien ´cambiar de país´.

“Necesitamos al movimiento social del Cauca no mirando a su propio ombligo” nos dijo casi en tono de regaño llegó a decir que este movimiento podría convocar no solo al país sino incluso hasta un movimiento social de todas las américas. Debe ser por el embrujo de la espada de Bolivar. Pero más allá de lo inspirador de esta afirmación, lo que en el fondo ratificó es su convencimiento de que la fortaleza del movimiento social del suroccidente definió la presidencia, que este movimiento es su principal apoyo social y político y por eso pidió de manera tácita a las organizaciones congregadas, que no se centren en sus problemas particulares, que hoy la prioridad es pensar en clave de país y que la movilización social en apoyo al gobierno es para ya. 

“Estamos perdiendo tiempo, tiempo que yo no tengo”. Gráficamente explicó que no tenía el tiempo de los ritmos milenarios de la resistencia indígena, aquel que permite estar sentado ocho horas esperando que llegue un presidente, por ejemplo. 

Los anteriores presidentes no tenían afán por que su periodo presidencial comenzó hace un poco más de doscientos años. Lo que deja motivada la reflexión es lo que no dijo, pero pensó: ustedes no pueden obstaculizar, tienen que ayudar, no pierdan el tiempo centrándose en sus reivindicaciones particulares, lo urgente es lo estructural.

O se unen o se autodestruyen

Qué tal si Cambiamos la historia en cuestión de días, la siguiente fase después de estos quinientos años no será de resistencia si no de construcción de humanidad”. Y es que nos comprometimos a cambiar la historia antes que a cambiar el país. ¡Tremendo lio! Petro es consciente que su propuesta es muy grande para tan poco tiempo. Tiene el mejor programa de gobierno para los próximos veinte años, pero el menos probable para los próximos cuatro.

El llamado escrito en la palma de su mano es a priorizar los cambios a largo plazo antes que a preocuparse por lo particular. Si, cientos de acuerdos firmados con gobiernos anteriores, miles de problemas por resolver, inversiones públicas anheladas por décadas ¿pero que tanto es eso? ya esperaron lo más porque no esperar los menos. Que interesante, En este caso si se necesita de los ritmos de la paciencia milenaria.

“La respuesta a la revolución en marcha en 1936 fue la violencia, convocaron a matarse entre el mismo pueblo”. Dijo el presidente ya para rematar su intervención. Claro; que habilidad más grande la de la oligarquía colombiana para crear historias capaces de hacer matar a sus potenciales enemigos entre sí. Ni Maquiavelo se atrevió a tanto. El papelito del borrador del discurso de Petro tenía entre otras notas al respecto: La oposición nos quiere dividir y prolongar la violencia entre el pueblo, yo le temo a la capacidad de división de la derecha en Colombia, ustedes se están dejando dividir, están peleando con los afros, están peleando con los indios, están peleando con los campesinos, están peleando entre ustedes, no jodan más con eso ¡únanse!

La propuesta es empoderar el consejo interétnico, hacer la paz social en el Cauca, paz social que implica justicia social, es necesario hacer la paz interétnica, la diversidad es la principal riqueza”. Seguramente es fácil en teoría, sobre todo mirando al Cauca desde arriba, como en los mapas. Pero esta “hermosa diversidad” está construida sobre la tragedia de los destinos no escogidos, sobre las revolturas inconsultas, sobre las emancipaciones espontáneas, sobre la exclusión y la explotación de todo lo que nacía por fuera del sector histórico de Popayán.  Esa diversidad tiene sangre seca en sus tejidos, tiene miedo en sus discursos y tiene sus propias dignidades innegociables. 

Es una lástima que el mundo y la humanidad, no se parezcan tanto al discurso liberal de los derechos humanos. Petro no lo dijo, pero su preocupación más allá de la paz interétnica, es el debilitamiento del poder popular en el suroccidente. Movimiento social que se unió tras años de luchas por llegar al poder y que se dividió semanas después de haberlo conseguido.

El discurso terminó, los sectores sociales colmaron de regalos al presidente minguero. Regalar es la forma más decente de pedir, pero también es retribución y es mostrar que, en el Cauca como en la mayoría de las zonas rurales de Colombia, se agradece primero porque se confía en la palabra.

Cauca, octubre de 2022.

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* Martin Vidal Tróchez es antropólogo y comunicador intercultural. Ha trabajado con procesos de comunicación indígena e intercultural en el Cauca y Colombia, planes de vida de comunidades étnicas y procesos de gestión comunitaria del agua.

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Comentarios

Felicitaciones a los hermanos indígenas del Cauca, al CRI por la gran convocatoria, por los temas que trataron y la asistencia de los hermanos en cada una de las sesiones, por el sacrificio de cada uno, también la alegría de cada uno, la responsabilidad, la disposición en compartir sus alimentos típicos, la artesanía y la calidez humana, ese ambiente de unidad que mostraron ese día no lo pierdan, no lo debiliten al contrario fortalézcanse aun mas, Un abrazo muy grande desde Chile, de una hermana mapuche que compartió con ustedes y les admira desde la distancia, así también les desea éxito y unión ahora, que perdure en el tiempo.

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