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El necesario reto de ampliar nuestra comunidad moral

En esta ocasión, se ha perdido la oportunidad de ampliar nuestra comunidad moral en una perspectiva biocéntrica tan necesaria en un mundo que requiere reconocer que somos naturaleza y que sociedad y naturaleza forman una realidad interrelacionada e interdependiente.

Por Rodrigo Arce Rojas*

26 de febrero, 2020.- El Tribunal Constitucional peruano acaba de declarar  la constitucionalidad de las corridas de toros y peleas de gallos por 4 votos contra 3. Con este fallo el Perú se queda rezagado en la ampliación de la comunidad moral que en muchas partes del mundo está avanzando. En la actualidad, con el reconocimiento de la sintiencia animal y con el avance de los derechos de los animales ya no es posible mantener posiciones que en nombre de la cultura lo único que hacen es justificar un antropocentrismo y un especismo propio de otros tiempos.

Las organizaciones (e instituciones) ágiles son ahora capaces de vivir en entornos de volatilidad, incertidumbre, complejidad y ambigüedad si es que quieren sobrevivir en un mundo cambiante. Para mantener la capacidad de adaptación se requiere un pensamiento disruptivo.

El pensamiento disruptivo implica ser capaz de salir del confort de la media, de lo establecido, de lo instituido, de lo estandarizado, de lo normalizado. Requiere osadía para indeterminar, desequilibrar, desestabilizar, desestructurar, deconstruir. Para que fluya el pensamiento disruptivo se necesita mucho de creatividad y cierta dosis de locura y de genialidad para ver y sentir la realidad desde nuevos ángulos y perspectivas. El pensamiento disruptivo necesita superar las trampas del experto, la razón, de la ciencia, de la lógica, del sentido común, de la tradición, de la norma, de las funciones y competencias, de la misión y visión institucional. El pensamiento disruptivo convoca al pensamiento divergente, al pensamiento crítico y autocrítico, al pensamiento lateral, al pensamiento arborescente que busca mil y un posibilidades. Un pensamiento disruptivo no teme el caos, la incertidumbre, la volatilidad, la ambigüedad, las brumas, las discontinuidades. Para el pensamiento disruptivo no hay verdades únicas ni menos acabadas, la (s) realidad (es) constituye (n) campo (s) de permanente revisión y recreación. Lo contrario del pensamiento disruptivo es el pensamiento conservador.

Para la discusión sobre las relaciones entre los humanos y los animales es importante alcanzar algunas precisiones conceptuales.

Durante mucho tiempo ha primado la visión del ser humano como animal racional en  tanto privilegia el logos y lo que le ha permitido el desarrollo de la ciencia y la tecnología [Holzapfel, 2014]. Recuérdese que Aristóteles en el libro I de su política consideraba al ser humano como un animal político [Campillo, 2014]. En ambos casos se está reconociendo el carácter animal del ser humano. Desde el punto de vista zoológico el hombre también es considerado como animal aunque en un lugar preminente lo que ha derivado en un antropocentrismo [Viejo, 1996]. Según  Lorenz y Leyhausen [1979]  “[…] no todo el hombre está en el animal, ni mucho menos; pero todo el animal sí está en el hombre”

Vélez [1989] define al ser humano a partir de tres dimensiones: El Yo, el Otro y el Universo. Esta definición es interesante para el propósito de la investigación en tanto reconoce la vinculación con el entorno del cual forma parte. En tal sentido se reconoce la importancia del respeto por la biodiversidad y las relaciones con el todo [Cabrera, 1979].

La palabra ‘Persona’ identifica a aquellos seres capaces de poseer uno o más derechos legales por lo tanto no es una categoría que pueda ser atribuida exclusivamente a los humanos y puede aplicar a los animales por lo que es plausible que se puedan considerar a los animales como personas no humanas [Chible, 2014]. La inteligencia animal puede ser descrita como el conjunto de habilidades y capacidades que permiten a los animales vivir y adaptarse a su entorno por lo que se puede señalar que todos son inteligentes aunque con grados de diferencia [Campos, 2004].

Al respecto de Montaigne [1962] ya reconocía que los animales también poseen lenguaje, inteligencia y emociones y el hecho que sea diferentes a los nuestros no los descalifica. Los animales no lingüísticos pueden operar en base a razones instrumentales e intereses por tanto el hecho que no posean un lenguaje similar al humano no los excluye de consideraciones éticas y pueden ser reconocidos como animales no humanos [Crelier, 2016].

Un elemento clave para la necesidad de revisar la relación humana con los animales ha sido el reconocimiento de la sintiencia en los animales, es decir reconocer que los animales sufren y sienten dolor, aunque en diferente grado según su desarrollo evolutivo. La sintiencia de los animales es un asunto central en cuanto a los fundamentos para una ética que amplía la comunidad moral hacia los animales. Esto ha llevado al reconocimiento de la pertinencia del animalismo y sus expresiones de zooética, de bienestar y de liberación animal [Valdivia, 2016].

Donaldson y Kymlicka [2018] avanzan en una consideración política de los animales por lo tanto, bajo esta perspectiva, “los animales domesticados se vuelven ciudadanos, los salvajes son considerados extranjeros, y los liminales —aquellos que no son ni domesticados ni salvajes— se convierten en casi-ciudadanos”. Los animales también han sido reconocidos como hermanos inferiores [Peña, 2012]. 

A continuación se plantean los principales términos involucrados en la relación entre humanos y animales:

Ética animal o Zooética: Corriente de pensamiento que señala que los intereses de todos los seres sintientes, incluyendo los de los animales, merecen la misma consideración que la ética humana [Lara, 2016]. La ética en general implica responsabilidad consigo mismo (como humano) con los animales y con el entorno y se basa en la compasión [Arbeláez, 2015].

Bienestar animal: Se puede entender el bienestar como una medida del grado de adaptación de los animales a su medio ambiente [Quiles, 2005]. La Organización Mundial de la Salud Animal considera que un animal se encuentra en un estado satisfactorio de bienestar cuando está sano, confortable y bien alimentado, puede expresar su comportamiento innato, y no sufre dolor, miedo o distrés [WOAH, 2008]. El bienestar animal alude tanto a animales de granja como a animales silvestres.

Liberación animal: Singer [1999] refiere a que los animales deben tener derechos y se debe garantizar su libertad, dignidad, en concreto, su vida. El movimiento por la liberación animal se opone al especismo y al uso de animales en eventos de recreación, investigaciones, alimentación, exhibición en los zoológicos, en general todo abuso de poder y sometimiento sobre estos [Cejudo, 2015].

Especismo: Singer [1999] señala que “el especismo es un prejuicio o actitud parcial favorable a los intereses de los miembros de nuestra propia especie y en contra de los de otras”

Animalismo: Movimiento social que busca soluciones puntuales a problemas de maltrato y crueldad animal a través de la incidencia en políticas públicas integrando tácticas bienestaristas y abolicionistas [Cejudo, 2015].

Compasión: Implica acompañar al otro en su dolor interior. En su versión pasiva refiere a participar del dolor ajeno sin sufrirlo directamente, en su versión activa suma la actitud de ayuda hacia el otro [Hernández, 2014].

Conciencia animal: Reconocimiento que los animales no humanos tales como mamíferos, pájaros y otras criaturas como los pulpos tienen conciencia. La Declaración de Cambridge dice al respecto:

“La ausencia de un neocórtex no parece prevenir que un organismo experimente estados afectivos. Evidencia convergente indica que los animales no humanos poseen los substratos neuroanatómicos, neuroquímicos y neurofisiológicos de estados conscientes, así como la capacidad de exhibir comportamientos deliberados” [Low, 2012].

Respecto a la conciencia animal López [2013] menciona que:

…hay razones de peso para sospechar que los animales no humanos efectivamente tienen un yo: el impulso natural en ellos hacia la supervivencia, la familiaridad con su propio cuerpo, su capacidad para tender hacia aquello que les resulta conveniente y huir de lo peligroso de acuerdo con sus propias circunstancias, así como el modo de relacionarse con el mundo, son conductas que requerirían la presencia de un yo.

Derecho animal: Chible [2014] lo define como “conjunto de teorías, principios y normas destinado a brindar una protección jurídica al animal de especie distinta a la del ser humano, promoviendo y procurando su bienestar y protección”. Como lo señala Neira [2018] todas las especies animales son iguales jurídicamente por lo que el concepto de ciudadanía también alcanza a los animales.

La historia de las relaciones humanas con los animales ha sido la de dominación basado en un prejuicio especista. No obstante esto está cambiando y tal es así que en 1978 se proclamó la Declaración Universal de los Derechos de los Animales [Bernardo, 2015]. En el caso peruano se cuenta Con Ley de Protección y Bienestar Animal, Ley 30407, que menciona en el artículo 2 que toda persona tiene el deber de procurar la protección y el bienestar de los animales, cualquiera sea su especie, evitando causarles daño, sufrimiento innecesario, maltrato de tipo físico que altere su normal comportamiento, lesión o muerte.

Consecuentemente, en esta ocasión, se ha perdido la oportunidad de ampliar nuestra comunidad moral en una perspectiva biocéntrica tan necesaria en un mundo que requiere reconocer que somos naturaleza y que sociedad y naturaleza forman una realidad interrelacionada e interdependiente.

Bibliografía:

- T. Arbeláez, G. Vargas, Revista Latinoamericana de Bioética, (15) 2 (2015) 74-83.M.

- V. Bernardo, Actas I Congreso internacional de la Red española de Filosofía, XVIII (2015) 31-38.

- G. Cabrera, Población, Geografía y Economía (La Habana, Universidad de La Habana, Centro de Estudios Demográficos (CEDEM), 1979)

- A. Campillo, Revista de Filosofía 39(2) (2014) 169-188C.

- J.J. Campos, in Miscelánea en homenaje a Emilio Baquedano, editado por E. Baquedano, S. Rubio (Paleoantropología, 2004), Vol. III, p. 102-119.

- C.E. Cejudo, in XI Jornadas de Sociología, Buenos Aires, 2015, editado por la Universidad de Buenos Aires (Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires, 2015).

- M.J. Chible, Ius et Praxis, 22(2) (2014) 373-413.

- A. Crelier, Revista de Filosofía, XXVIII (2) (2016) 263-281.

- M. de Montaigne, Oeuvres complètes (Paris, Gallimard, 1962).

- S.  Donaldson y W. Kymlicka,  Zoopolis: Una revolución animalista (Madrid, Errata Naturae, 2018) 552.

- D. Hernández, Tesis Filosofía, Universidad Nacional Mayor de San Marcos, 2014.

- C. Holzapfel, Ser-humano: (Cartografía antropológica) (Santiago de Chile, Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile, 2014) 191.

- F. Lara, Signos Filosóficos, (VIII) 15 (2006) 105-128.

- L.X. López, Signos Filosóficos, (XV) 30 (2013) 71-88.

- K. Lorenz y P. Leyhausen, Biología del comportamiento –raíces instintivas de la agresión, el miedo y la libertad (México, Siglo XXI, 1979).

- P. Low, Declaración de Cambridge sobre Conciencia, Cambridge, 2012, editado por J. Panksepp, D. Reiss, D. Edelman, B. Van Swinderen, P. Low y C. Koch (Universidad de Cambridge, Cambridge, 2012).

- H. Neira, Rev. Direito Práx. (9)4 (2018) 2402-2421.

- L. Peña, Derechos y Deberes de nuestros hermanos inferiores (Madrid, DILEMATA, 2012) 277-328.

- A.J. Quiles, Información Veterinaria, 5 (2005) 20-28.

- P. Singer, Liberación Animal (presentación de Paula Casal) (Trotta, Madrid, 1999).

- H.G. Valdivia, Tesis Filosofía, Universidad Nacional Mayor de San Marcos, 2016.

- L.A. Vélez, Ética Médica (Medellín, Corporación para Investigaciones Biológicas, 1989) 369

- J.L. Viejo, Asclepio, (XLVIII) 2 (1996) 53-71.

- World Organization of Animal Health, in Terrestrial Animal Health Code (Paris, OIE, 2008).

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*Rodrigo Arce Rojas es Doctor en Pensamiento complejo por la Multiversidad Mundo Real Edgar Morin. Correo electrónico: [email protected]

 

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