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Cultura forestal desde la perspectiva del pensamiento complejo

Fuente de la imagen: Serfor

El pensamiento complejo da un marco para entender la cultura forestal más allá de las visiones que la reducen a procesos de educación o perfeccionamiento de conocimientos, habilidades y destrezas dentro del marco de una ontología disyuntiva que separa el ser humano de los bosques. El pensamiento complejo concibe los bosques como «socioecosistemas» que pueden ser abordados desde el enfoque de los sistemas adaptativos complejos y recupera la continuidad ontológica entre el bosque y los seres humanos. Esta idea es desarrollada por Rodrigo Arce Rojas quién nos comparte su último ensayo publicada en la reista Bosques Latitud Cero de la Universidad de Loja, Ecuador.

Por Rodrigo Arce Rojas*

26 de junio, 2020.- Frecuentemente en el sector forestal peruano cuando se habla de cultura forestal se está haciendo alusión al conocimiento de la normatividad forestal vigente, de las bases científicas, tecnológicas y técnicas, de la importancia económica, social y ambiental de los bosques para que los diversos actores involucrados comprendan y asimilen el valor de los bosques en el desarrollo nacional, regional o local, según la escala a la que se esté haciendo referencia.

Bajo esta perspectiva el mundo se divide en dos grandes actores: los que tienen la cultura forestal (los administradores forestales) y los que no tienen, o la tienen en mayor o menor grado (los administrados). En el fondo esta perspectiva del entendimiento de la cultura forestal está haciendo alusión a procesos de educación y comunicación por la tanto es abordada en términos de generación de una cultura forestal (León de Monney, 1995; Arévalo, 2003; Villalobos et al, 2012; Indacochea et al. 2015). Esta misma lógica de la administración forestal también se replica a nivel de la formación de profesionales forestales, lo que Vilariño (1992) llama cultura profesional para diferenciarlo de la cultura tradicional (Méndez y Álvarez, 2000; Suárez, 2014). En este caso la lógica es lograr que los estudiantes ganen la cultura forestal necesaria para contribuir para el aprovechamiento forestal y la conservación de bosques. Esta misma lógica es aplicada por Méndez y Álvarez (2000, p.195) pues refiere que el concepto de cultura forestal comprende las imágenes y actitudes de los titulares, así como los usos y los comportamientos asociados al aprovechamiento forestal de las superficies privadas

El presente artículo tiene el propósito de profundizar en el conocimiento de la categoría “cultura forestal” aspecto que ya es tratado incipientemente en la literatura, pero con un sesgo formativo es decir como aspiración de una situación ideal que hay que alcanzar para promover el desarrollo forestal.  La pregunta es si es que esta forma de entendimiento de la cultura forestal está haciendo justicia al concepto de cultura ampliamente desarrollado en la antropología. Con ello se pretende contribuir a la formulación de políticas públicas, la administración y la educación forestal.

Método

Con base en una revisión bibliográfica el presente artículo busca contribuir a precisar la conceptualización de la cultura forestal y reflexionar sobre su incidencia en las políticas públicas, la educación forestal y las actividades forestales a partir del enfoque del pensamiento complejo. Para tal efecto se pasa revista de los siguientes tópicos: la conceptualización de la cultura, la valoración cultural de los servicios ecosistémicos, la complejidad de los bosques y la sociedad, la relación entre naturaleza/bosque y sociedad, la cultura como descripción y como como co-creación y finalmente se revisa el tratamiento de la cultura en la normatividad forestal del Perú como marco de referencia. Se realiza una discusión y se extraen conclusiones.

Resultados

Conceptualización de la cultura

La conceptualización de la cultura es muy diversa. Integrando las diversas concepciones sobre la cultura se puede resumir en las siguientes grandes orientaciones: lo que se cree (visiones, creencias, percepciones, entre otras); lo que se piensa (ideas, imaginarios, imagen social, significados, representaciones sociales, conocimientos, saberes, concepciones, entre otros); lo que se siente (sentires, sensibilidades, necesidades, preferencias, intereses); lo que se dice (discursos, narrativas, lenguaje, opiniones, entre otros); lo que se hace (realizaciones, prácticas, modos de vida, estilos de vida, comportamientos, actitudes, rituales, ceremonias); lo que se crea (expresiones artísticas y tecnológicas, entre otras). Estas orientaciones se inscriben en lo que se recibe, se construye y se comparte en un medio social de manera dinámica de tal manera que está sujeta a transformaciones (Austin, 2000; Altieri, 2001; de la Fuente y Morte, 2003; Campo, 2008; Rizo, 2014; Núñez y Gonzáles, 2014; Goebel, 2018). La cultura por tanto es un todo estructurado y está pautado (Galindo, 2015). Campo (2008, p. 55) reconoce que “la cultura es un complejo de aspectos que interactúan en la pretendida consecución de objetivos. Estos pueden ser identitarios, sociales, económicos, rituales, comunicativos, conductuales, individuales, colectivos, etc., y contribuyen a su existencia como tal”.

La cultura es una construcción social y hace referencia a un espacio contextual y material determinado y a una manera de ser relacional (Vergara, 2008). El habitar un territorio desde la perspectiva permite entralazar espacios y emociones y da seguridad ontológica aun cuando el territorio esté en permanente transformación (Skewes, 2017. p.23).

Se manifiesta que la cultura se refiere a aspectos tangibles como intangibles (simbólicos) (Keyes, 1998; Lage 2003) pero estas   separaciones no son tan contundentes (Tapia y Park, 2012, p. 699). No obstante, cada vez ha ido aumentando el reconocimiento del patrimonio inmaterial de la naturaleza y sus valores asociados (Mallarach, 2012, p. 13).

Un rasgo fundamental de la cultura alude al pensamiento simbólico al respecto Campo (2008, p. 35) menciona:

…tal vez solo el símbolo pueda exteriorizar emociones, sensaciones, valores, ideas, pasiones, desencantos, sentimientos implícitos, etc., todo a la vez. Por eso, representa lo aprendido en el pasado, lo vivido en el presente y se impulsa hacia un futuro más esperanzador, construyendo el sentido de la existencia.

Un componente de la cultura se refiere a la cosmovisión. Campo (2008, p. 48) afirma que la cosmovisión es la forma específica de percibir y concebir el mundo natural, social y espiritual y que cada cultura tiene su cosmovisión. En el concepto de cosmovisión se agrupan y se exploran todas aquellas manifestaciones sobre la percepción cultural de la naturaleza y está relacionada con los procesos de apropiación social de la naturaleza (Barkin, 2011, p.19; Landínez, 2012). La cosmovisión, los conocimientos y las prácticas de los pueblos indígenas tienen una importancia fundamental para la conservación de los bosques (MINAM, 2016, p.18). Por ello Meshack (2010) plantea que por su papel en la protección de los bosques por el bien común debe ser reconocido y compensado a través del reconocimiento de sus derechos sobre los bosques.

Otro componente de la cultura alude a la percepción. De acuerdo con Ingold (992, p.60) “la información recibida a través de la percepción se convierte entonces en un objeto de interpretación tal y como se refleja y se comunica a los demás” Hay que tener en cuenta que las percepciones condicionan las actitudes, sensibilidades, orientación y regulación de las acciones hacia el entorno (Borroto et al. 2011, p.13). El estudio de las percepciones se realiza desde la Antropología cognitiva que es “un enfoque teórico que considera las percepciones de la gente, de cómo entiende su realidad, tratando de comprenderlas y otorgando un valor especial a cada cosmovisión (Campo, 2008, p. 31).  Por ello se plantea que el análisis de percepciones es fundamental para entender a los actores (Briceño et al. 2016, p. 46). Las percepciones personales son interpretaciones de la realidad y su medición implica tratar de comprenderlas y no de juzgarlas (ETHOS, s.f, p. 10).

Los ritos de las comunidades constituyen un sistema metalingüístico mediante el cual es posible conceptualizar el mundo y generan un sentimiento de unidad con toda la realidad al cual se encuentran estrechamente interrelacionadas (Castro, 2002). 

Quiere decir entonces que la orientación de cultura como conocimiento, como proceso formativo y de perfeccionamiento de las capacidades de los actores sociales para asumir los valores y significados de la institucionalidad forestal apenas constituye una de las perspectivas del concepto de cultura (Keyes, 1998).

Los valores culturales en los servicios ecosistémicos:

En los esquemas de valores económicos de los bosques se considera el valor de no uso que incluye a su vez a los valores de existencia comprendidos por los valores culturales, estéticos y emocionales (Victorino 2012, p.44).

el concepto de servicios ecosistémicos ampliamente interiorizado en la institucionalidad forestal tiene limitaciones en cuanto contribuye a la mercantilización de la naturaleza y trata al bosque como capital natural

Según MINAM (2016, p.32) los servicios culturales de los ecosistemas son beneficios intangibles que pueden ser espirituales y religiosos, de recreación y ecoturismo, o estéticos, de inspiración, educacionales, o de generación de sentido de identidad y pertenencia a un lugar o herencia cultural (valores históricos) (MEA 2005). El valor artístico, estético, espiritual, científico también son parte de los servicios ecosistémicos culturales (FAO, 2016). Maysar (2011, p. 97) añade relaciones sociales, sentimiento de arraigo y ocio. Sin embargo, el concepto de servicios ecosistémicos ampliamente interiorizado en la institucionalidad forestal tiene limitaciones en cuanto contribuye a la mercantilización de la naturaleza y trata al bosque como capital natural y no tanto por sus propios valores, independientemente del grado de utilidad humana (Rojas y Pérez, 2013).

La complejidad de los bosques y la sociedad

Si tomamos los conceptos por separado tal como se hace tradicionalmente tanto los bosques y la sociedad tienen su propia complejidad. Se destaca por ejemplo la complejidad de los bosques donde cada uno de los elementos del ecosistema se encuentra estrechamente interrelacionados. En este contexto, Puettmann et al. (2016) señalan que la ecología y la ciencia de la complejidad buscan comprender la diversidad de la naturaleza y la variabilidad y heterogeneidad de los ecosistemas.

Lo mismo pasa con la sociedad integrada por individuos relacionales. En el ámbito de los seres humanos se tiene la complejidad del cerebro, la complejidad de las personas, la complejidad de los grupos y la propia complejidad de la sociedad, categoría además totalmente interrelacionadas e interdependientes. Se reconoce ahora que los sistemas sociales humanos no solo son complejos, sino que son los más complejos (Maldonado, 2019a).  La complejidad es mayor si es que se habla del bosque como socioecosistema.

La relación entre la naturaleza/bosque y la sociedad:

Se manifiesta que la cultura le permite al ser humano adaptarse a su medio natural (Herskovits, 1987). Otra forma de plantear la cultura es todo lo que no es producto de la naturaleza. Pero esto depende de cómo se entienda las relaciones entre la sociedad con su cultura y la naturaleza. Así, es posible encontrar una diversidad de formas cómo se establece esta relación: i) desde la naturaleza, ii) en la naturaleza, iii) con la naturaleza, iv) sobre la naturaleza, y v) a pesar de la naturaleza, esta última perspectiva planteada desde el movimiento transhumanista que aspira a lograr los poshumanos producto de la inteligencia artificial. En esa misma dirección hay diversas concepciones sobre la naturaleza: i) La naturaleza es totalmente distinta de la cultura o de la sociedad, ii) Somos naturaleza y somos cultura simultáneamente, iii) No existe naturaleza pues lo que existe es una realidad integrada. Cada vez es más difícil diferenciar qué es cultura y qué es naturaleza, de tal manera pues que no es posible asumir taxativamente que la cultura es algo totalmente separada de la naturaleza.

Al respecto, el antropólogo Kohn (2013), citado por Bilhaut (2016, p. 264) menciona que “compartimos con el bosque la capacidad de pensar: una capacidad que comparten todos los seres vivientes, un verdadero pensamiento silvestre, o pensée sauvage”. Esta no es una perspectiva aislada, al respecto Maldonado (2016, p.50) afirma que la naturaleza no solo piensa sino que piensa más y mejor que los seres humanos. Maldonado (2019b, p.24) señala que las plantas muestran su inteligencia procesando información y ajustando su metabolismo para adaptarse al ambiente y transformando a su vez el medio ambiente al cual se adaptan.

Según Kohn, citado por Rivera (2016. p.325) “el pensamiento y la representación no son capacidades exclusivamente humanas, dado que los bosques piensan a través de ecologías que integran una cierta biosemiótica y unos patrones que condicionan y son condicionados por relaciones entre seres vivos”.

La realidad está demostrando que las categorías binarias o dicotómicas tienen limitaciones. Durante mucho tiempo las categorías binarias nos han sido inmensamente útiles para conocer y dominar en un marco de enfoque cartesiano. Seguramente esta concepción nos seguirá siendo útil ahora como en el futuro. Pero la realidad es más compleja que nuestros marcos reductivos, disyuntivos, lineales y deterministas.  Esto también aplica al concepto de cultura.

Desde una mirada disyuntiva entre bosques y sociedad podemos entender la cultura como el conjunto de elementos señalados en la definición integrada que se encuentran estrechamente interrelacionados y son interdependientes. En este marco separamos los ecosistemas naturales y los bosques de la sociedad. Este enfoque es el que usa la administración pública y que se ve reforzada por la visión sectorial y disciplinaria en el que se inscribe. 

Desde una mirada de continuidad entre bosques y sociedad podemos entender la cultura como la interacción entre el subsistema ecológico y el subsistema social cuyos elementos se encuentran estrechamente interrelacionados y son interdependientes. En este marco entendemos los bosques como socioecosistemas donde el concepto bosque queda subsumido. Bajo esta mirada se reconoce al bosque como un hecho social (Picos, 2001). La representación social del bosque es a la vez un proceso y un producto en una lógica recursiva (Jodelet, 1984; Ibáñez, 1988, p. 53). Espinosa (2014, p.35) señala que “todo lo humano es cultural a la vez que biológico siempre debe ser tenido en cuenta”. Como afirma Gómez (2013, p. 720) especie, sociedad, individuo, humanidad y ecosistema están estructuralmente interconectados, son siempre interdependientes e interactivos.

En el caso peruano el árbol de huarango (especie nativa) forma parte de la cultura costeña mientras que el eucalipto (especie exótica) cumple el mismo papel en la parte andina (Casana y Mathez-St., 2011, p. 19). La importancia del huarango entre los habitantes precolombinos se grafica en el hecho que fue representando en las líneas de Nazca tumbas (Rossel, 1977; citado por (Casana y Mathez-St., 2011, p. 20).

En Camerún, Colombia, Indonesia, Perú, República Democrática del Congo los bosques no solo son fuentes de medios de vida de los pueblos indígenas, sino que son importantes para el ejercicio de sus valores sociales, culturales y espirituales (FPP, Pusaka y Pokker SHK, 2014). Cuando se pierden los bosques no solo se presenta la pobreza, la malnutrición y la mala salud, sino que también se produce la desorientación cultural y los conflictos sociales (FPP, Pusaka y Pokker SHK, 2014, p.24).

Para millones de habitantes de los bosques del mundo “muchas de sus prácticas y relaciones sociales, así como su sistema de pensamiento, están asociadas al bosque y por tanto, cuando se destruye un bosque, también se destruye una cultura, una forma de pensamiento y de conocimiento” (Victorino, 2012, p. 23)

En el caso del mundo andino la manera como los seres humanos se relacionan con la naturaleza da cuenta de “la relación de los hombres entre sí, y relación con la naturaleza, que es también la manera cómo los hombres se relacionan para transformar la naturaleza, utilizar sus riquezas o protegerse de ella” (Ansión, 1986 p.75).

Para familias ganaderas de la Araucanía en Chile los bosques solo son valorados por su importancia como refugio y fuente de alimento para su ganado (Lira, 2007, p. 1188).

En el caso del mundo amazónico se verifican situaciones en las que existe un parentesco entre la experiencia humana y la de los demás seres de la naturaleza lo que deriva obligaciones hacia los árboles en una ontología que rompe el esquema disyuntivo de relacionamiento (Escobar y Restrepo, 2010; citado por (Skewes et al 2017, p. 105).

Para los pueblos huitoto, muinane, andoque y bora de las tierras bajas de la Amazonía peruana “la tierra, el bosque y todos sus recursos son vistos como un obsequio de los ancestros. Se les confía a los humanos su cuidado y protección” (FPP, Pusaka y Pokker SHK, 2014, p.74).

Para los indígenas de Guyana los bosques tienen sus sitios sagrados culturales y las especies en peligro que han ayudado a proteger por generaciones. (FPP, Pusaka y Pokker SHK, 2014, p.85).

Aunque esta aproximación es más cercana a los conceptos de paisajes, desarrollo territorial y gestión integrada de cuencas tiene dificultades de aplicación precisamente por la visión sectorial y de funciones y competencias.

las miradas disciplinarias y de dimensiones (sociales, culturales, políticas, institucionales, legales, económicas, entre otras) son necesarias pero insuficientes frente a la complejidad de la realidad

Quiere decir entonces que las miradas disciplinarias y de dimensiones (sociales, culturales, políticas, institucionales, legales, económicas, entre otras) son necesarias pero insuficientes frente a la complejidad de la realidad. En tal caso se requiere enfoques interdisciplinarios y transdisciplinarios que crucen las disciplinas y vayan más allá de las disciplinas. Esto es más coherente con los enfoques de la buena ciencia que no trabaja con objetos de estudios sino con problemas y para ello se organiza en grandes campos integradores como por ejemplo ciencias de la vida o ciencias de la tierra.

Lo mismo es aplicable al caso de las dimensiones. Si bien es cierto en una primera clasificación se pueden organizar los temas en términos de dimensiones luego hay necesidad de avanzar hacia enfoques interdimensionales donde se rompan las fronteras de las dimensiones y se aborden la totalidad de interacciones. La primacía de enfoques políticos, económicos, sociales o ambientales por separado descuida muchos aspectos de la realidad y los resultados no son precisamente los más efectivos. Esto ya ha sido enfatizado en la perspectiva de sustentabilidad, pero hay que reconocer que hay aproximaciones de sustentabilidad débil (con primacía de dimensiones políticas y económicas) y hay aproximaciones de sustentabilidad fuerte que reclaman abordajes de complejidad.

La cultura forestal como descripción y como co-creación:

La cultura por tanto tiene dos perspectivas: i) la cultura “como es” (descriptiva) y ii) la cultura “como queramos que sea”. 

La cultura “como es”: alude a eventos o aconteceres, procesos concretos que se realizan en la vida compartida de los diversos actores involucrados (Fornet-Betancourt, citado por Vergara, 2008). Estas manifestaciones tienen que ver con las diferentes formas cómo los actores se interrelacionan con los bosques, independientemente de valoración externa. Así por ejemplo es posible encontrar casos donde los actores ven a los bosques como lugares salvajes y amenazantes que necesitan ser transformados, civilizados y en otros casos los actores ven a los bosques como lugares sagrados o lugares importantes para la vida y por tanto merecen ser conservados. Así, por ejemplo, Carton y Chávez (2018, p. 93) indican que “En la sociedad andina existen dos conceptos negativos relacionados al árbol y al bosque: el árbol es un símbolo de un mundo misterioso y amenazante, mientras el bosque representa todo lo opuesto al orden de la cultura andina”.

La perspectiva del bosque “como es” no tiene una connotación fáctica que únicamente puede verificarse racional o tangiblemente. Si se encuentra que hay comunidades que consideran que los árboles son personas o deidades en sus cosmovisiones locales entonces ésa es la realidad a registrar. En otros casos la comunidad considera que los seres humanos se pueden convertir en plantas y animales o viceversa. Esta es una aproximación respetuosa que suspende juicios del observador.

La cultura “como queramos que sea”: corresponde al ideal de los valores de una cultura forestal y para el efecto se plantean las aspiraciones que se desean alcanzar respecto a las relaciones entre los seres humanos y los bosques. Esta imagen compartida no puede ser elaborada e impuesta desde una de las partes, ni por el Estado, ni por los empresarios forestales, ni por los grupos sociales únicamente. A esta forma de cultura le llamamos “cultura como co-creación.

Como se ha podido apreciar existen múltiples ontologías respecto a las relaciones entre el ser humano y los bosques. Asumir que solo debe primar una de ellas atenta contra la diversidad de visiones de los diferentes actores. Así se hace programas de educación, formación, capacitación forestal en el marco de una ontología disyuntiva entre el bosque y la sociedad que considera que los bosques son fuentes de recursos para satisfacción de las necesidades humanas. Premunidos de poder político, económico o simbólico los actores hegemónicos terminan cometiendo una serie de injusticias ecológicas, forestales, epistemológicas y lingüísticas. La actuación de un funcionario forestal en la aplicación estricta de su paradigma de desarrollo podría estar significando un atropello a los derechos culturales de los habitantes de los bosques.

La cultura en la normatividad forestal del Perú:

En la Ley Forestal y de Fauna Silvestre Ley N.º 29763 cuando se habla de cultura se está haciendo alusión fundamentalmente a cosmovisión, conocimientos y prácticas tradicionales con relación al uso y manejo los recursos forestales y de fauna silvestre y de la biodiversidad (SERFOR, 2015) En la Política Nacional Forestal y de Fauna Silvestre se repite los componentes de la Ley y se añade el elemento identidad (SERFOR, 2017).

El Reglamento para la gestión forestal habla de valores culturales y tradicionales:

Entendido como las propias señas de identidad de la población indígena percibida como herencia colectiva, creada, transformada y transmitida de generación en generación. Estas señas de identidad constituyen el legado colectivo que se condensa en la historia local, que se manifiesta en una serie de costumbres y saberes. Se consideran valores culturales a las tradiciones, los ritos, el lenguaje, el arte, la culinaria y vestimenta, modo de manejo y uso de los recursos naturales (SERFOR, 2017, 82).

La Ley Forestal y de Fauna Silvestre Ley N.º 29763 contempla que el manejo forestal de los bosques comunales que realizan las comunidades nativas se efectúa con autonomía, conforme a su cosmovisión y con planes de manejo, de acuerdo a lineamientos aprobados por el SERFOR que incorporen sus valores culturales, espirituales, cosmovisión y otros usos tradicionales del bosque, así como el control de la actividad por la propia comunidad y por el sector correspondiente (Artículo 75). Así mismo, explícitamente se reconoce el respeto a los conocimientos tradicionales (Art. 1) y se incluye la zonificación forestal interior acorde con la cosmovisión y prácticas de las comunidades nativas (Etnozonificación). Se reconoce el derecho a la participación y a la consulta previa (Artículo 1).

Cuando en la Estrategia Nacional de Desarrollo del Perú (FAO, 2002, p. 21) se hablaba de conciencia y cultura forestal, como uno de los pilares que sustenta la Estrategia Nacional Forestal, se estaba haciendo referencia a que la población mayoritaria del país tome conciencia de la importancia y significado global de la actividad forestal. Esta misma lógica se encuentra en México cuando se dice que la cultura forestal comprende “todas aquellas acciones encaminadas a concientizar a la población hacia la conservación de los bosques y selvas” (Roo, 2009, p. 143).

Se encuentra que la cultura forestal oficial, a pesar de contar con un enfoque (inter)cultural en las políticas públicas y normas bastante completo en la práctica se inscribe en un paradigma disyuntivo entre el ser humano y los bosques y que los bosques son fuentes de recursos que pueden ser explotados/aprovechados en beneficio del ser humano. La cultura forestal oficial es fuertemente economicista aun cuando tome en cuenta consideraciones sociales y ambientales. Como afirman Pattie et al., 2003; Peralta-Rivero et al., 2013; citados por Peralta et al. (2016, p.72):

Generalmente, los bosques tropicales son subvalorados y es frecuente que estos sean únicamente apreciados desde el punto de vista económico, resaltando el valor productivo de la madera o el cambio de uso de suelo hacia otras actividades económicas, lo cual trae como consecuencia la reducción de los recursos forestales.

Discusión

Como se ha podido apreciar en la conceptualización de la cultura es un término muy amplio pero que puede ser abordada desde una perspectiva de sistemas adaptativos complejos en tanto forma un universo de elementos tangibles e intangibles altamente interrelacionados e interdependientes. Visto como sistema se puede comprender no sólo los elementos y estructuras sino también funciones que se traducen en una dinámica alejada del equilibrio. Como sistema complejo se destaca su capacidad de autoorganización y de generación de emergencias que no son atribuibles al comportamiento de cada uno de los constituyentes, sino que son producto de la interacción. Al ser concebido como un sistema se reconoce una jerarquización de sistemas en el que el uno está contenido en el otro y se influyen mutuamente a nivel micro y a nivel macro. De esta manera cultura no solo alude a expresiones ubicadas en un espacio y tiempo específico, sino que está cruzada por la historia y se verifica en un contexto determinado con capacidad de transformación.

También se ha podido apreciar que cultura no puede separarse de lo que se ha dado en llamar naturaleza y que tanto naturaleza y cultura forma un todo integrado en el que se verifican propiedades de dialogocidad, recursividad y hologramía. Por ello es que es posible concebir los bosques como un socioecosistema. Otros autores hablan de la socionaturaleza o de paisajes bioculturales. La ontología que separa el bosque de la sociedad y por tanto de la cultura, solo es una de las perspectivas y no se puede agotar otras cosmovisiones donde está presente la continuidad o la capacidad de intercambio de roles. De ahí la importancia de valorar las ontologías relacionales (Escobar, 2005, 2015).

A la riqueza de la diversidad biológica va acompañada la riqueza de la sociodiversidad. Por tanto, no es posible reducir el entendimiento de la cultura forestal a una imagen instituida, normalizada y estandarizada desde la hegemonía de una ontología disyuntiva que separa el ser humano de los bosques y que legitima la instrumentalización de los bosques para la extracción de recursos forestales. Habría que considerar que el propio concepto de “recurso forestal” da cuenta de la visión utilitaria y cosificadora de los bosques (Mastrangelo 2009). Esto es especialmente relevante si se toma en cuenta que con frecuencia los que alcanzan posiciones de poder en la política tienen visiones más desarrollistas y con poco conocimiento y valoración de los bosques (Muller et al. 2014, p. 18).

Por lo tanto, cultura forestal solo entendida como proceso de educación que busca significados, sentidos y valores solo desde una perspectiva hegemónica que reduce a los bosques a los valores del mercado es insuficiente porque existe una alta diversidad cultural en el que se despliegan otros valores de los bosques más allá de la materialidad o de la economía. Frente a concepciones de bosques en el marco de una economía capitalista neoliberal existen otras formas de plantear el desarrollo. Se tiene por ejemplo las propuestas de posdesarrollo o alternativas al desarrollo en el que cobran vigencia el Biodesarrollo, la Bioeconomía, la Biopolítica y la Bioética en el que se reconoce los valores intrínsecos de la vida, independientemente de la utilidad humana. Ello al margen que se puedan dar casos de contradicciones o tensiones con el propio bienestar humano. En una comunidad moral ampliada también se incluyen a las plantas y animales, o incluso de elementos llamados abióticos, y se da apertura a las discusiones sobre los derechos de la naturaleza, que habiendo sido institucionalizado en Ecuador ha ido ganando gradualmente reconocimiento internacional.

A diferencia de un pensamiento que reduce, simplifica y normaliza el pensamiento complejo está abierto tanto a una mirada sistémica integradora como al reconocimiento de las incertidumbres, la no linealidad, las crisis, las fracturas, las brumas, las discontinuidades, las bifurcaciones, entre otros fenómenos de la complejidad. Por tanto, tiene una mirada mucho más abierta y da pie a incorporar los conocimientos y saberes tradicionales, la filosofía, la ética, la estética, la poesía o el arte en general. Desde este punto de vista el pensamiento complejo tiene sintonía con propuestas alternativas como el pensamiento del sur o el pensamiento decolonial (Santos, 2011). Por tanto el concepto de cultura forestal desde una perspectiva de pensamiento complejo ofrece un marco mucho más amplio de lo que tradicionalmente se ha empleado en el sector forestal que separa los bosques de los seres humanos, separa las ciencias naturales de las ciencias sociales, separa las ciencias forestales de la filosofía, ética o estética.

En una perspectiva de pensamiento de síntesis del pensamiento complejo es importante promover un proceso genuino de diálogo social para que se puedan concertar los múltiples intereses y visiones y se puedan recoger de esta manera los múltiples valores de los bosques que no se quedan únicamente en la madera, el carbono o determinados productos y servicios de los bosques. Esta consideración es de suma importancia porque muchas veces se ha asumido que uno de los actores tiene la razón y corresponde a los otros aceptar la visión impuesta. Por ello la necesidad de un proceso participativo de co-creación en el que se puedan considerar los conocimientos, necesidades y preferencias de los actores (Cerrón et al.  2019. p. 47). Como señalan Rayner et al (2010, p.7) los problemas complejos forestales necesitan enfoques sinérgicos implicando una amplia gama de instrumentos políticos.

Conclusiones

El pensamiento complejo da un marco para el entendimiento amplio de la cultura forestal que no se reduce únicamente a procesos de educación o perfeccionamiento de conocimientos, habilidades y destrezas dentro del marco de una ontología disyuntiva que separa el ser humano de los bosques y que legitima la cosificación del bosque y su valoración únicamente desde una perspectiva economicista y desarrollista al margen de los valores intrínsecos de la vida que tienen los bosques. En esta perspectiva se conciben los bosques como socioecosistemas que pueden ser abordados desde el enfoque de los sistemas adaptativos complejos y recupera la continuidad ontológica entre el bosque y los seres humanos. En un sector en el que se mantienen grandes problemas de frontera como la deforestación, la tala ilegal, el tráfico y el comercio ilegal de la fauna silvestre, la alegalidad forestal y las presiones políticas y económicas para la conversión de bosques a otros usos de la tierra es central la formulación participativa de una visión compartida de los bosques en el que también tengan cabida valores espirituales y culturales de los bosques, incluyendo sus derechos.

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*Rodrigo Arce Rojas es Doctor en Pensamiento Complejo por la Multiversidad Mundo Real Edgar Morin de México. Su correo es [email protected]

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Fuente: Recibida directamente del autor. Publicada en la revistra indexada: Bosques Latitud Cero, Volumen 10. N° 1 - 2020. Bosques Latitud Cero, es una revista semestral publicada por la Universidad Nacional de Loja, con la participación directa de la Carrera de Ingeniería Forestal, el Ministerio del Ambiente de Ecuador y la Red Agroforestal Ecuatoriana cuyo objetivo primordial es promover la publicación, visibilización y libre acceso de los contenidos científicos orientados a las temáticas de la revista desde su creación en el 2005.
 

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