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La calle: después de la victoria, por Rodrigo Montoya

Foto: La Mula

Los jóvenes saben lo que quieren. Se trata de un nuevo espacio de libertad, cuyo potencial es por el momento principalmente desconocido. No se ve por ninguna parte lo que se conoce como un proyecto político, porque parece que no lo necesitan.

La calle: después de la victoria

Por Rodrigo Montoya*

La Mula.pe, 22 de noviembre, 2020.- Vuelvo sobre mi artículo anterior La calle: por ahí pasan la esperanza y el futuro. Con cinco días de marchas en las calles de Lima y de las principales ciudades del país, los jóvenes de todos los colores (muchachas en primera línea, en Miraflores, Puente de Piedra, San Juan de Miraflores, etc) enviaron al gobierno de Manuel Merino, sus ministros y demás golpistas, a un rincón de la historia de donde les será muy difícil volver; la misma gran ola ha puesto en la casa de Pizarro a Francisco Sagasti como un tercer presidente interino para completar el mandato de Pedro Pablo Kuczynski que concluye el 28 de julio de 2020, luego de Martín Vizcarra y Manuel Merino. El balance no puede ser más lamentable: una democracia en estado casi terminal, con cuatro presidentes en cinco años; una represión policial brutal que quitó la vida a Inti Sotelo y Brian Pintado, dos estudiantes fallecidos y más de 200 heridos, tres de ellos aún graves.  

Francisco Sagasti asume un mandato de presidente interino por ocho meses, con un entusiasmo y buena voluntad como si se tratase de un período de cinco años; no obstante, su tiempo será recortado por la campaña para las elecciones del próximo 11 de abril, si una segunda ola del virus no las posterga. Manuel Merino y el gabinete de Ántero Flores-Aráoz no resisten comparación alguna con Sagasti y su equipo. Pasada la náusea, se siente un hondo respiro por ver y oír a alguien que podría ser un buen presidente porque se le ve formado, sobrio y buena persona. El listado de sus prioridades pasa por: producir cambios en la política de salud para resolver el problema del virus; ayudar a quienes perdieron sus empleos y tienen hambre; tratar de evitar que la crisis económica se agrave; hacer lo posible para que por lo menos una parte del 40% de estudiantes del país tengan más luz eléctrica, servicio de internet, tablets y profesores entrenados para la enseñanza virtual; evitar que los responsables de los asesinatos evadan sus responsabilidades, mantenerse firme en su promesa de contribuir a que los asesinos de Inti y Brian sean juzgados y castigados. Y, finalmente, hacer un gran esfuerzo para evitar nuevos casos de corrupción en el manejo de los fondos públicos. Siguen siendo congresistas los golpistas que echaron a Merino y eligieron a Sagasti, no hay cómo echarlos, por el momento. Derrotados, tratarán de adecuarse a los nuevos tiempos con el oportunismo que llevan como sello de fábrica y no dejarán de sacar las garras cuando surja una primera oportunidad.  

Foto: Presidencia de Perú

En este artículo intento una aproximación a los jóvenes y el encanto de la calle, examino algunos de los factores que explican su conversión en un nuevo actor político de primer orden y trataré de adivinar los posibles pasos luego de su doble victoria. Ofreceré también una primera aproximación sobre la voluntad que crece para buscar un referéndum que abra el camino a una probable nueva Constitución. Por último, me detendré en observar las piedras que hay en el camino para juzgar y condenar a los asesinos de Inti y Brian.

Más sobre la fuerza de los jóvenes

Lo primero que es posible decir es que pasarán muy rápidamente al olvido las viejas tesis que a lo largo del último siglo de la República fueron elaboradas para para hacer creer que las manifestaciones en las calles obedecen siempre a fuerzas comunistas, terroristas, senderistas y movadefistas, que serían las que manipulan a los jóvenes políticamente 'incautos e ingenuos'. Ocurre simplemente que los jóvenes saben lo que quieren, ya no se informan por los periódicos, la radio y la televisión, sino a través de sus redes, gracias a la magia de los celulares, de modo directo y sin intermediarios. Por ese camino, escapan a la capacidad de control de todas las fuerzas de represión que suele utilizar el Estado. Se trata de un nuevo espacio de libertad, cuyo potencial es por el momento principalmente desconocido. No se ve por ninguna parte lo que se conoce como un proyecto político, porque parece que no lo necesitan.

No se ve por ninguna parte lo que se conoce como un proyecto político, porque parece que no lo necesitan.

La juventud es por definición y principio diversa, heterogénea y para que logre una movilización extraordinaria de millones de personas simultáneamente en varias ciudades sólo haría falta algunas motivaciones y deseos muy precisos: “Fuera Merino”. Nada más, ni nada menos. Con variantes pequeñas del mismo deseo: “Merino no nos representa”, “Los congresistas no nos representan”. Ya ni mencionan a los partidos tales o cuales porque ante sus ojos casi todos se parecen. De ese juicio durísimo se salva el Partido Morado por su consecuencia en su decisión de no aceptar vacancia alguna; podría ser que también se salve Verónika Mendoza. Todo el resto, incluido el Frente Amplio, estaría ya fuera de la historia tal como ellos la perciben. El señor Forsyth queda por el momento entre paréntesis. ¿Qué comparten los 105 golpistas y sus aliados? Todos aparecen ante sus ojos como eminentemente conservadores, abusivos, machistas, enemigos de los derechos humanos de ideas y posturas fijas, racistas, enemigos del colectivo LGBTIQ+ y del matrimonio entre homosexuales. Flores-Aráoz encarnaría ese espíritu, del mismo modo que el excongresista Tubino, un temible fujimorista en el congreso anterior. “Auxilio, me desmayo. Cállese, viejo lesbiano” es un remix que se escucha en diversas redes desde hace ya cierto tiempo. “Fuera Merino" era una consigna que unía a jóvenes que aparentemente podrían considerarse de izquierda o de derecha. Su hartazgo no puede ser mayor.

Foto: La Mula

Conseguida la doble victoria –Manuel Merino en su casa, en espera de un juicio por la muerte de los estudiantes, y Francisco Sagasti como nuevo presidente interino– la pregunta inevitable podría ser ¿qué otra idea fuerza sigue o podría surgir? No hay por el momento ninguna otra de la misma envergadura, pero apunta en el horizonte una que expresa una firme oposición al Tribunal Constitucional, por su rechazo a reconocer el matrimonio mexicano de Oscar Ugarteche y Fidel Aroche –mis amigos– y por lavarse las manos y no decir una palabra para salir de los problemas producidos por el artículo de la Constitución que menciona la incapacidad moral permanente como causa de la vacancia presidencial. Parece que están dispuestos también a acabar con la inmunidad parlamentaria porque ya es plenamente visible que esta inmunidad es buscada por los corruptos para protegerse. Son un ejemplo perfecto los nuevos hacendados dueños de universidades. También figura en su agenda la necesidad de un referéndum para una nueva constitución que tendría incluso el nombre de “Constitución del Bicentenario”. Lo cierto es que las convocatorias a nuevas marchas están en el orden del día, las zapatillas están preparadas para las largas marchas que vendrán, y también los chicos y chicas tratan de conseguir los implementos necesarios para sufrir menos con los gases lacrimógenos y los golpes de la Policía.

No hay un comité central, ni un buró político, ni un comando de campaña tal o cual, que dirija estas grandes movilizaciones; lo que hay son centenares y millares de pequeños grupos de coordinación a través de redes en Whatsapp, Instagram y Twitter, bandas de K-pop, etc. Es posible que algunos dirigentes universitarios conserven aún la ilusión de ser ellos quienes dirigen. Rápidamente, están cambiando los tiempos. Será imposible emprender una captura de los responsables. Peor aún, si los jóvenes rebeldes tienen clara conciencia del carácter pacífico de sus convocatorias.

Una nueva Constitución

Apenas surgió la idea de una nueva Constitución en alguna de las marchas, los defensores de la “sagrada Constitución fujimorista de 1993” pegaron el grito al cielo: todo menos cambiar una coma de esa carta magna que sería la base del milagro económico que corre en cuerda separada de la democracia política terminal y de la vergüenza de la profunda desigualdad mostrada en sus paños menores por la pandemia. No hay que tocar la Constitución, proclama la Confiep y sus socios de las grandes empresas multinacionales. No es momento para discutir la necesidad de una nueva Constitución, acaba de declarar el presidente Sagasti, quien agregó que el próximo gobierno debe asumir esa responsabilidad. Entre tanto, es probable que el reclamo de una nueva Constitución se multiplique en las próximas marchas.

No es nuevo este reclamo: está planteado desde hace algún tiempo, sobre todo en predios de la izquierda y sus campañas electorales con dos características precisas: sin marcha significativa alguna en las calles para exigirla, y sin propuestas concretas para definir lo que sería la nueva Constitución. Dos serían las condiciones fundamentales para acordar una nueva Constitución: por un lado, una propuesta de los nuevos principios y ejes centrales para que la realidad peruana aparezca y se exprese en una nueva constitución; por el otro, la construcción de una gran coalición verdaderamente representativa de las fuerzas políticas del país que la exija en calles, foros y en una Asamblea Constituyente convocada especialmente y debidamente representativa.

Para Perú, el caso de la Constitución boliviana vigente es particularmente más importante que la batalla chilena en marcha para lograr su futura nueva Constitución. En la campaña electoral boliviana de 2005, Evo Morales aceptó de sus aliados de El Alto la exigencia de convocar a una Asamblea Constituyente. La nueva Constitución de 2008, aprobada en un referéndum por casi dos tercios de los votos, dejó atrás la República de Bolivia y la reemplazó por el Estado Plurinacional de Bolivia, en el que están representados los 14 pueblos indígenas del altiplano, los habitantes de todas las ciudades, valles interandinos, valles de las yungas y de las tierras bajas del Oriente-Amazonía. Fue la primera vez que todos los rostros y sangres de Bolivia tuvieron su representación propia en el Estado, en abierto contraste con la república exclusivamente qara-blanca-europea, impuesta como única por la Constitución de 1825, redactada por Bolívar en Lima. Esa vergüenza comenzó a terminar en 2008. Cuando el Movimiento al Socialismo (MAS) salió del poder en 2019, la derecha no tuvo fuerza alguna para cambiar esa Constitución, Con solo un tercio del electorado, perdió las elecciones en octubre de 2020, el MAS volvió sin Evo por una amplísima mayoría y la constitución sigue vigente. Carece de sentido imaginar que el ejército boliviano vuelva a las andadas golpistas de los últimos 156 años. Bolivia nació como Estado por un desprendimiento del territorio peruano, llamado Alto Perú y su realidad se parece muchísimo a la nuestra. Perdió su litoral por la voracidad chilena.

También Ecuador logró una nueva Constitución, reconociendo el carácter plurinacional de su Estado. Llegará el momento, no sabemos cuándo, para que los peruanos nos veamos en el espejo de nuestra propia historia, y decidamos parecernos a nosotros mismos y no seguir repitiendo una mala copia de un Estado nación, un Estado uninacional, europeo, fruto de la Ilustración. Las grandes marchas de noviembre anuncian nuevos vientos; lo importante será sumarse para ir en la misma dirección. Hay sin duda, mucho pan por rebanar porque el debate está comenzando y será largo, muy largo.

No será fácil conseguir que se juzgue y castigue a los culpables del asesinato de Inti y Brian, así como desactivar la sociedad de ternas dentro de la guardia civil

Ha sido ya abierto un proceso judicial desde el Ministerio Público para juzgar a los responsables de los asesinatos con perdigones de plomo de los héroes Inti Sotelo y Brian Pintado. El ofrecimiento de un palco de honor a sus familiares en el Congreso por parte del presidente Sagasti fue un valioso gesto y un serio compromiso por honrar. Son vigilantes los millones de jóvenes, también quienes con años a cuestas nos sentimos jóvenes y los acompañamos con admiración y respeto. Ya las fuerzas del pasado comienzan a moverse para archivar el asunto, apelando a viejos y poderosos argumentos. El primero es la vigencia de un principio nunca escrito en ley, decreto o reglamento alguno: por la obediencia debida, los grandes jefes no aceptan responsabilidad alguna en asesinatos, torturas, violaciones y delegan esas responsabilidades a sus subordinados. Estos prefieren callar para no comprometer sus ascensos.

El segundo es el respaldo del Estado a oficiales y suboficiales, soldados y guardias quienes matan “para defender la democracia” y quedan libres de responsabilidades y culpas. Una perla reciente es la Ley 31012 de Protección Policial, promulgada por Manuel Merino como presidente del Congreso de la República el 27 de marzo de 2020, debido a que el presidente de la República de entonces, Martín Vizcarra, no cumplió con el plazo legal para promulgarla. El art. 20 de esta ley establece que “está exento de responsabilidad penal … inciso 112, el personal de las Fuerzas Armadas y de la Policía Nacional que, en cumplimiento de su función constitucional y en uso de sus armas u otro medio de defensa, en forma reglamentaria, cause lesiones o muerte”. (Hay otras leyes y decretos sobre lo mismo que serán analizadas por los abogados de la parte civil). El tercero es que las fuerzas armadas y policiales son juez y parte cuando se encargan de investigar los crímenes y o faltas graves cometidas. El cuarto establece una separación entre las instituciones y los individuos que pertenecen a ellas, liberando de toda responsabilidad a las instituciones.

Foto: La Mula

Está también en camino, felizmente, un pedido para que la institución de Ternas en la policía desaparezca. Carece de todo sentido disfrazar al personal policial para que intervenga en marchas con la función precisa de provocar, incluso matando, una reacción aparentemente legal de la policía.

Finalmente, queda para después un conjunto de opiniones sobre procesos de refundación de las derechas y de las izquierdas que aparecían ya en el horizonte en medio de la pandemia y que, ahora, después de las grandes marchas, podrían multiplicarse.

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*Rodrigo Montoya Rojas es antropólogo y escritor peruano, nacido en Puquio, Ayacucho. Profesor Emérito de la Universidad de San Marcos, de Lima, por la que se doctoró en 1970. También obtuvo un doctorado en Sociología en la Universidad de París, y es profesor visitante en varias universidades de Europa y América.

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Fuente: Publicado el 21 de noviembre en el portal La Mula, sección Comunidad: https://navegarrioarriba.lamula.pe/2020/11/21/la-calle-2-despues-de-la-victoria/rodrigomontoyar/
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Comentarios

"Sin proyecto político y parece que no lonecesitan." Por eso están más perdidos que perros en apagón. Son carne fresca para el matadero de los senderos iluminados, los callejones ultra radicales por donde discurren los albañales ideológicos plagados de toda clase de bacterias, insectos y roedores.

Las condiciones actuales de nuestra realidad, abogan por una nueva Constitución; no es posible seguir pasivos ante tantos males que nos abruman, cuando ello tiene su sustento en una Constitución desfasada y permisible con los actos de corrupción cometidos en los altos sectores del Estado.

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