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Elecciones: entre la construcción y descomposición de hegemonía

Foto Evo Morales. Fuente: Twitter @evoespueblo

Por Damián Andrada*

22 de octubre, 2019.- Se sabía que no iba a haber sorpresa en las elecciones del Estado Plurinacional de Bolivia. El Presidente Evo Morales iba a ganar las elecciones y Carlos Mesa iba a ser el segundo candidato más votado. La únida duda era si la diferencia entre el primero y el segundo iba a ser suficiente como para liquidar la contienda electoral en primera vuelta o, en cambio, ir al ballottage: algo que nunca había pasado desde que el Movimiento Al Socialismo (MAS) ganó las elecciones en diciembre de 2005.

Era la única duda porque existían razones para los dos resultados. Por un lado, Evo Morales ha logrado conducir a Bolivia por un camino de crecimiento económico y estabilidad social que le ha permitido al país dejar de ser “el último orejón del tarro” de Latinoamérica. Fuerte descenso del hambre (del 36,7% en 2005 al 15,2% en 2018) y la pobreza (del 59,6% al 34,6%, respectivamente), acompañado de una mejora en la distribución del ingreso (el coeficiente de Gini mejoró del 0,6 al 0,43 en 13 años) y el aumento de la inversión social son los principales ejes con los que el MAS ha construido un modelo sólido, en contraposición al modelo neoliberal iniciado en 1985 y derrumbado en 2003 con la Guerra del Gas.

A esto se suma una batería de recursos simbólicos: el satélite Túpac Katari, la moderna red de telesféricos que une las ciudades de La Paz y El Alto, y el empoderamiento de los pueblos indígenas tras casi dos siglos de racismo. Y, a diferencia de otros procesos postneoliberales de la región, una amplia inversión en carreteras y aeropuertos, en alianza con los préstamos y las empresas constructoras de China.

Una verdadera contrucción de hegemonía que incluyó alianzas con el poder económico, irradió un nuevo sentido común y acumuló tres victorias electorales superando el 50% de los votos.

Foto Carlos Mesa. Fuente: Twitter @carlosdmesag

Por otro lado, Evo Morales personalizó excesivamente el “proceso de cambio” que había significado una heterogénea construcción plebeya de pueblos indígenas de las selvas y bosques del oriente, los pueblos originarios del altiplano occidental y los pequeños campesinos, que logró el apoyo de las clases medias y los intelectuales de izquierda. Si en 2005, el primer presidente indígena en 180 años de historia era la punta del iceberg de una frondosa construcción política, hoy la cara de Evo Morales aparece hasta en el packaging del sanguchito que reparte la aerolínea de bandera BOA o en los vidrios de Migraciones cuando uno ingresa al país.

Esta personalización del proceso más transformador de América Latina durante el siglo XXI es lo que ha llevado a que Evo Morales se presente nuevamente a elecciones, a pesar de que la Constitución Política del Estado no se lo permitía. Y este es un problema porque, a diferencia de otras constituciones latinoamericanas plasmadas bajo el neoliberalismo o las dictaduras, la de Bolivia se sancionó durante el primer gobierno del MAS, es la más moderna de la región junto a la de Ecuador y fue aprobada en un referendum el 25 de enero de 2009 por el 61,4% de la población. Es decir que Evo Morales está incumpliendo una carta magna escrita y apoyada masivamente por el pueblo boliviano.

A esto se suman los incendios en la Amazonía, el bosque seco chiquitano y el Chaco boliviano que han horadado el capital simbólico de Morales en los últimos tres meses. Es difícil para un Gobierno que ha hecho gala a nivel internacional de su defensa de la Madre Tierra promover una batería de leyes y decretos supremos que extienden la frontera agropecuaria a costa de la biodiversidad. El fuego que inflamó la flora y la fauna boliviana es consecuencia del cambio climático (la sequía y los fuertes vientos), pero también del modelo agropecuario que el MAS ve como nuevo protagonista, frente a un futuro agotamiento en la producción de hidrocarburos. No está de más decir que esto tiene dos beneficiarios directos: los pequeños campesinos vinculados a la producción de hoja de coca, pero también los grandes terratenientes que producen soja para exportar a China, la agroindustria que siembra caña de azúcar para el bioetanol y los poderosos ganaderos del Beni. Las víctimas del desmonte y los incendios son los pueblos indígenas que viven de (y con) la naturaleza.

Entre la personalización del poder, el hastío por 14 años de gobierno, los indicios de agotamiento del modelo económico y los incendios producto del modelo extractivista se ha producido una descomposición de hegemonía cuyo inició podemos ubicar en la represión a los indígenas de tierras bajas que marchaban en contra de la carretera por el Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Securé (TIPNIS).

Foto Boleta Electoral. Fuente: Damián Andrada

De este modo, Evo Morales está muy lejos de los dos estereotipos construidos desde la derecha y la izquierda latinoamericanas: ni es el “dictador castrochavista” que vino a destruir el capitalismo y la libertad, ni es el campesino que vino a hacer la revolución socialista. Es un líder carismático y un animal político que supo leer y encausar un proceso de insurrección civil para transformarlo en un proyecto de crecimiento y estabilidad como nunca había tenido Bolivia en sus 180 años de historia.

Esto significa que el problema de Evo Morales no es económico, sino político: en 14 años de Gobierno concentró el poder en su figura y no quiso pensar una sucesión, al mismo tiempo que, habiendo consolidado su hegemonía, entabló alianzas con el sector económico dominante que provocó la expulsión paulatina y persistente de aliados naturales de los sectores populares.

Por esta razón, la figura del Carlos Mesa supo aglutinar votos por derecha y por izquierda, a pesar de haber sido el último vicepresidente del proyecto neoliberal y la democracia pactada. Historiador y periodista, se construyó en el centro (izquierda), apeló a la institucionalidad y esperó a que los votos más reaccionarios del candidato cruceño Óscar Ortiz Antelo se fueran licuando para que Evo Morales no ganara en primera vuelta. Si bien la Embajada de Estados Unidos ha apoyado a todo candidato opositor a Evo Morales, uno no lo imagina a Carlos Mesa en la misma línea que los Mauricio Macri, Jair Bolsonaro, Iván Duque o Sebastián Piñera. El pueblo boliviano tampoco se lo permitiría: ha aprendido de la crisis neoliberal de 2003 y es una sociedad completamente diferente.

Tras 13 años de gobierno, Evo Morales y el Movimiento Al Socialismo tenían la oportunidad de preparar la sucesión y retirarse del poder con el nivel de aprobación más alto de la historia de Bolivia. Los cuadros estaban: no solo hay funcionarios jóvenes, sino que además es uno de los partidos con más presencia de mujeres entre sus filas. No quisieron. Olvidaron su razón de ser: los movimientos colectivos no dependen de una sola persona.

Hasta las 14.44, se escrutaron el 83,7% de las actas y no hay resultados definitivos en Bolivia. Evo Morales espera que el voto del campo incline su victoria en primera vuelta, mientras que la oposición le exige al Tribunal Supremo Electoral confirmar el balotaje. Ambos resultados son posibles, pero la demora solo alienta la sospecha.

Los hechos

  1. El escrutinio provisorio se frenó a las 19.40 del domingo con el 83% de las "actas verificadas".
  2. Este resultado no aseguraba una victoria en primera vuelta dado que la diferencia entre Evo Morales y Carlos Mesa no superaba los 10 puntos.
  3. El Órgano Electoral Plurinacional no dio una explicación concreta de esa pausa que duró casi 24 horas y rápidamente activo las lógicas sospechas de fraude.
  4. El escrutinio provisorio se reactivó y dio primero una diferencia mayor a 10 puntos y ahora menor: con el 95,63% de las actas verificadas Evo Morales vence con el 46,4% al 37,07%. Una diferencia de 9,33 puntos.
  5. Lo que importa es el escrutinio definitivo. A las 9.37 de Bolivia, con el 75,05% de las actas computadas Evo Morales gana con 42,31% seguido por Carlos Mesa con el 41,74%
  6. Durante la noche del lunes hubo protestas, enfrentamientos e incendios en varios centros de cómputos del Órgano Electoral. Se vive un clima de incertidumbre y bronca. Se esperan más manifestaciones y en Santa Cruz de la Sierra anunciaron un paro cívico para hoy a partir de las 12.00 del mediodía.
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* Damián Andrada es Magister en Ciencia Política y Sociología por FLACSO Argentina. Actualmente se desempeña como investigador de IWGIA-ORE en el Estado Plurinacional de Bolivia.

 

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Fuente: Publicado el 22 de octubre de 2019 por IWGIA: 
https://www.iwgia.org/es/bolivia/3519-entre-la-construccion-y-la-descomposicion-de-hegemonia
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