Servicios en comunicación Intercultural

Junín: Coronavirus, hambre, apachikuy y aypu  

Por Donofré Chuco

Servindi, 17 de mayo, 2020.- Los casos de contagio por el COVID-19 en la región Junín van en ascenso imparable, la estadística al 16 de mayo es de 1098 confirmados y 27 fallecidos.

El Valle del Mantaro registra el número más alto de contagiados con 663 casos, siendo la zona más poblada de la región Junín, con más de medio millón de habitantes.

Otra de las zonas que va en aumento preocupante de contagiados es la selva central de Junín con 207 casos.

Fuente: Diresa Junín

Zonas con mayor vulnerabilidad de contagio

A pesar de las medidas restrictivas por parte de las autoridades nacionales y locales, los mercados y las agencias bancarias siguen siendo espacios de mayor vulnerabilidad. Continúa la aglomeración de personas, en muchos casos sin respetar las recomendaciones de distancia de una persona a otra.

Mucha gente acude sin la protección de guantes ni mascarillas. Misma actitud se ve en comerciantes que expenden diferentes productos, incluso algunos agentes del orden cuelgan las mascarillas en el cuello.

De alguna manera, las medidas emanadas por las autoridades locales –de solamente autorizar compras a bodegueros y distribuidores en el mercado mayorista– aligeró la aglomeración.

Precios elevados de la canasta familiar

Ahora en los barrios de la ciudad se improvisaron esquinas y espacios como cocheras para vender productos de primera necesidad. Asimismo, hay mucha presencia de comerciantes con unidades móviles como camionetas, motocarros y mototriciclos.

Estos comerciantes, que no siempre acatan las medidas de bioseguridad, no guardan distancia, no desinfectan las monedas, descuidando su salud y la de los consumidores.

Si bien es cierto que estos mercados itinerantes facilitan hacer el mercado, no obstante, los precios son demasiado elevados, perjudicando la ya débil reserva económica de muchas familias.

Haciendo una comparación con el acostumbrado mercado, el valor de los productos en estos mercados móviles o las bodegas de los barrios se duplica o hasta se quintuplica. Un kilo de papa que normalmente está a 0.50 céntimos, en los barrios lo venden a 1.00 sol, el tomate que está a 2.50 soles, lo están vendiendo a 6.00 soles, el ajo a 18.00 soles, similar con el resto de productos.

El indígena agricultor siempre perjudicado

Según versión de los agricultores, por la situación de emergencia el traslado de los productos de la chacra a la ciudad se torna difícil. Además de las ya laboriosas actividades de campo, ahora toca afrontar las restricciones que dificultan su paso en cada localidad hasta llegar a la ciudad.

Los modestos camioneros quechuas son exigidos de contar con permisos que solo son otorgados virtualmente, la cual no es posible en el campo. Esto hace que demoren en llegar al mercado y se les malogra los productos o en otros casos son decomisadas sus licencias de conducir para luego ser coaccionados a coimear a los policías.

Ya en el mercado se encuentran con otro problema: los bajos precios, el pesaje ilegal (disminución del peso real de sus productos por sacos), la demora de pagos y principalmente la exposición a ser contagiados.

Algunas veces las autoridades argumentan que solamente una persona tiene que viajar en el camión, entonces encargan sus escasos productos para ser vendidos por el conductor camionero, corriendo el riesgo de no recibir la cuenta completa.

Comerciantes mayoristas ganan redondo

Los mayoristas compran a precios ínfimos los productos del campo y al mismo tiempo a vista y paciencia de los agricultores; los mismos productos son vendidos a distribuidores al doble de lo que compraron.

Este problema es recurrente. Sin embargo, en esta coyuntura de emergencia el agricultor es mucho más afectado. No hay políticas públicas o mecanismos que apoyen en la regulación de precios.

Los comerciantes mayoristas complotan entre ellos para ponerse de acuerdo en colocar los precios a los productos, perjudicando acriolladamente a los humildes campesinos.

La actitud inhumana ni en tiempos de emergencia de salud hace que reflexionen estas mafias, perjudicando y postergándolo económicamente a la agricultura familiar.

Solidaridad a pesar del poco tener: “Apachikuy y aypu

Los indígenas quechuas, a pesar del maltrato y aprovechamiento de parte de comerciantes intermediarios, a pesar de su precaria economía, contribuyen en aplacar el hambre de muchos de sus paisanos que viven en las grandes ciudades como Lima.

Cientos de familias quechuas de comunidades limítrofes con Huancayo y propiamente del Valle del Mantaro, en coordinación con sus autoridades locales, envían sus apachikuy (encomiendas de alimentos), para solucionar el problema del hambre que ya muchas familias vienen padeciendo.

Algunas familias fletan camiones para enviar sus cosechas de papas, arvejas, habas, ollucos, quesos, charqui. Otras, coordinan con sus autoridades locales para que asuman el costo del transporte.

Sacos o paquetes con inscripciones del nombre del familiar que recogerá en Lima son apiladas en los camiones, llegado al destino estas son distribuidas en puntos céntricos previamente en coordinación con sus directivos de la asociación de migrantes.

Las comunidades campesinas quechuas, también colectivamente se suman a socorrer a sus comuneros migrantes en la capital, enviando toneladas de papas, choclos y otros productos. Ya en la capital realizan el aypu (distribución colectiva) por arrobas para saciar el hambre de las familias que ya no tienen dinero.

El hambre obliga abandonar la ciudad

Mucha gente en su desesperación de necesidad económica, por hambre, por desalojo de sus viviendas alquiladas, abandonan la ciudad para retornar a sus comunidades de origen, donde aseguran conseguir alimentos que la Pachamama brinda.

Debido al confinamiento no pueden ejercer sus trabajos como comerciantes ambulantes o independientes, los cuales garantizaba la canasta familiar diaria, también muchos ejercían trabajos no formales siendo despedidos de estos.

Cargando a sus hijos en mantas, en el hombro, llevando paquetes, bolsas y fiambres para el camino, se trasladan a pie desde Huancayo para llegar a sus comunidades de Huancavelica, Ayacucho y a las mismas comunidades rurales de Junín.

Las caminatas que tienen que hacer reto son de muchas horas o días, algunos ya infectados por el nuevo coronavirus y otros agotados por el hambre en el trayecto se dan ánimos colectivamente para llegar a su destino.

Las caminatas ya llevan varias semanas; sin embargo, estas oleadas de gente nunca terminan, mientras algunos llegan a su comunidad, otros están recién emprendiendo la odisea.

Por disposición del Estado y por las autoridades regionales, una vez llegado a sus comunidades tienen que aislarse por un periodo de 14 días, por lo que les espera improvisados espacios designados por las autoridades del ayllu (comunidad) que muchas veces serán incómodos.

Recomendaciones a las autoridades

Hay mucha gente que no está siendo beneficiada con ningún tipo de bono y contrariamente hay personas con ingreso económico asegurado que reciben los eneficios. Por lo que es urgente que las autoridades rectifiquen y llegue el apoyo a los que realmente necesitan.

Hacer llegar el bono rural a todos los agricultores por ser el sector desprotegido y abandonado por los distintos gobiernos de turno.

Destinar unidades de transporte para descongestionar el éxodo en estas largas caminatas y facilitar la llegada a su destino a miles de familias.

Crear un banco de alimentos en las principales ciudades para que accedan familias de zonas marginales que ya no tienen qué comer.

Dar las facilidades de transporte de los productos rurales hacia la ciudad, sin tanto papeleo y formalidad.

Regular con urgencia los precios de los productos de la agricultura familiar y no permitir el aprovechamiento y enriquecimiento de un cierto sector de comerciantes.

 

Te puede interesar:

Valoración: 
0
Sin votos (todavía)

Añadir nuevo comentario