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Rol del lenguaje en la formulación de las alternativas al desarrollo

Foto: @CONAFOR/ Twitter

El lenguaje importa. O tenemos un lenguaje limitado que nos permite un accionar transformador limitado, o tenemos un lenguaje potente con osadía para recrear nuevas realidades signadas por la sustentabilidad fuerte y súper fuerte. El lenguaje que tenemos es el lenguaje de nuestra cultura.

Por Rodrigo Arce Rojas*

9 de marzo, 2020.- Existen diversas maneras como los actores abordan la cuestión del desarrollo, entendida gruesamente como una situación ideal aspiracional de un grupo humano con atributos tan disímiles ligados al tener, al ser, al convivir, al florecer (como humanos, como relación estrecha entre animales humanos y animales no humanos, o como expresión universal de armonía entre todas las manifestaciones de la materia y la energía/información).

Así para un grupo las características del desarrollo deseado partirán de los instrumentos internacionales, las políticas y normas nacionales. Para este grupo el reto principal tiene que ver con la implementación de normas.

Otro grupo considerará que los atributos de ese futuro ideal parten de aprovechar al máximo el potencial de la tecnociencia. No faltarán grupos que consideren que el desarrollo parte de las convicciones religiosas e incluso pensarán que el desarrollo se encuentra en otra dimensión y por lo tanto no es parte de este mundo. Podemos encontrar entonces que las aspiraciones de desarrollo parten de lo realista o de lo idealista, del pesimismo o del optimismo, de las certidumbres o de las incertidumbres, del temor o de la alegría, entre otras posibilidades.

Frente a los esquemas unidimensionales, unilaterales, binarias, multidimensionales y complejas surge un esquema integrador que considera la estrecha interrelación entre paradigma-pensamiento-sentimiento-manifestaciones (discursos, narrativas, prácticas, actitudes, comportamientos, entre otros) que señala que la configuración de los atributos del desarrollo viene de la confluencia interactiva y dinámica no lineal de todos estos elementos y no de uno solo.

En la práctica es posible apreciar cómo cada uno de estos elementos retroalimenta al otro, entran en dialogicidad y entran en una dinámica no lineal retroactiva/recursiva en la que los efectos se convierten en causas y las causas se convierten en efectos, aunque no siempre guardando proporcionalidad entre la causa y el efecto.

Esta realidad frecuentemente no es considerada así por lo que podemos reconocer visiones que privilegian las leyes, la ciencia, la tecnología, las ideologías, la fe, entre otras apuestas.

Producto de una tradición que privilegia la razón y la objetividad se ha tratado de modelar el desarrollo desde verdades acabadas cuya legitimación viene de la ciencia, de la economía o desde la política. En este proceso se han descuidado aspectos epistemológicos, ontológicos, éticos, lingüísticos, etimológicos, entre otros aspectos.

En lo que se ha dado en llamar “la cuestión ambiental” por ejemplo, existen una serie de conceptos como, por ejemplo: ambiente, ecología, recursos naturales, capital natural, servicios ecosistémicos conjugados con “la cuestión económica” que habla de valoración económica de los servicios ecosistémicos, capital natural, producción, productividad, competitividad, entre otros. Urgidos por la necesidad de combinar las cuestiones ambientales con las cuestiones económicas se ha desarrollado una serie de conceptos híbridos que hablan por ejemplo de economía de los recursos naturales, economía ambiental, economía verde, capitalismo verde, entre otros. Toda esta terminología aparece consagrada y legitimada y se convierte en discurso (y pensamiento) oficial en el quehacer institucional (público y privado), en las políticas públicas, en los programas de formación universitaria.

Desde todas estas perspectivas ya no hay nada que discutir y el reto alude a la implementación efectiva de estos conceptos, categorías, modelos, teorías y prácticas.

Aun reconociendo la importancia de un enfoque integral de abordaje del desarrollo vamos a poner énfasis, solo a modo de ilustración, en el rol del lenguaje en la formulación de las alternativas de desarrollo.

Todo desarrollo implica intervención deliberada. Habría que diferenciar desarrollo en sentido lineal progresivo, materialista, acumulativo, cuantitativo e irreversible de un “desarrollo” que implica despliegue pleno de capacidades, facultades y potencialidades.

Esta segunda acepción de desarrollo implica ampliación de conciencia, moralidad, espiritualidad y tiene una connotación emancipadora, liberadora, armonizadora, inclusiva e integradora tanto de animales humanos, animales no humanos, plantas y todos los seres tierra. Es ése el sentido que le queremos dar cuando hablamos de biodesarrollo.

Consecuentemente, cuando estamos hablando de alternativas al desarrollo lo que queremos decir que estamos buscando opciones distintas al desarrollo como concepto institucional legitimado incluyendo al desarrollo sostenible. Ello en el reconocimiento que los intentos de enverdecimiento no han logrado superar su concepción fundamentalmente economicista y las consideraciones sociales y ambientales, aunque incluidas, siempre son tratados de manera subalterna y condicionada al éxito de la economía. Así se mantiene la fe en un crecimiento infinito en un planeta finito y sobre todo se mantiene la ontología disyuntiva entre el ser humano y la naturaleza. Una naturaleza instrumentalizada, mediatizada y cosificada es susceptible de ser aprovechada/explotada en beneficio del ser humano. Expresión además genérica que esconde el hecho que hay grupos que se benefician de esta forma de ver y hacer las cosas.

Una naturaleza cosificada no requiere de la ética y en general no requiere de filosofía ni de otros distractores que hacen perder eficiencia al sistema económico. Aunque no se puede negar que hay algunos avances en cuanto a la búsqueda por alternativas más amigables tanto con las dimensiones sociales y ambientales los niveles de autenticidad en los compromisos tienen todavía brechas respecto a una sustentabilidad profunda.

Para algunos es más bien un maquillaje y para otros una real preocupación que las cosas deben ser diferentes. Ello está en función qué tanto existe un compromiso genuino por la sustentabilidad.

Entiendo que la urgencia de los grandes problemas nacionales y mundiales lleva en ocasiones a afirmar que ya tenemos suficientes teorías y discursos y lo que hace falta es pasar a la práctica. Esta posición es entendible pero la urgencia sin reflexión puede llevarnos a acciones inefectivas.

la urgencia sin reflexión puede llevarnos a acciones inefectivas.

Estas necesarias urgencias a veces nos llevan a la situación de aceptación pasiva de recetas elaboradas por la institucionalidad y no nos detenemos a pensar sobre las consecuencias de las acciones apresuradas. Esto ya ha sido reflexionado hace muchas décadas lo que llevó a propuestas como la investigación-acción, desarrollo tecnológico participativo que son herramientas muy poderosas cuando existe claridad sobre lo que estamos proponiendo y haciendo. Llegamos entonces a la conclusión ya tantas veces aludida que no hay acción efectiva desligada de la reflexión profunda ni puede haber reflexión abstracta sin enraizamiento en la realidad práctica. Desde la posición sociocrítica el estudio de la realidad se hace en perspectiva transformadora.

Significa entonces que tenemos que reconocer la relación entre mente-cuerpo-fisiología-palabra-acción-medio que a su vez da cuenta de la relación individuo-sociedad-especie humana y en general a la gran trama de la vida articulada a la naturaleza y el cosmos.

Es en este contexto que podemos entender que el lenguaje cuenta, la palabra cuenta en la búsqueda de alternativas al desarrollo. Las palabras son herramientas con las que esculpimos la realidad y a la vez la realidad nos esculpe, no podemos escapar de esta ontología relacional.

Ahora bien, tenemos el reto de convivir entre el orden y el caos de las palabras. En ocasiones las palabras tienen descripciones con límites claramente establecidos, pero en otras ocasiones las palabras son inasibles semánticamente porque, aunque traten de empaquetar universos de sentidos y significaciones hay explosiones semánticas a nivel micro que tienen consecuencias impredecibles a nivel macro (la famosa metáfora del aleteo de una mariposa).

Pero no hay que atemorizarse porque justamente esta propiedad compleja permite que el lenguaje pueda evolucionar. En esta perspectiva en el campo forestal todavía tenemos importantes temas que aclarar tales como:

  • ¿Qué estamos queriendo decir cuando hablamos de promover el desarrollo forestal?
  • ¿Qué estamos esperando de la promoción forestal?
  • ¿Qué implica desarrollo en el sector forestal?
  • ¿Es posible hablar de un desarrollo forestal aislado de otros desarrollos?
  • ¿Es posible separar los bosques del desarrollo?
  • ¿Es posible conjugar desarrollo forestal con ética?
  • ¿Qué implica la bioética en el sector forestal?
  • ¿Conocemos la base epistemológica de las ciencias forestales?
  • ¿Estamos conscientes de la ontología que domina nuestras relaciones con los bosques?
  • ¿Cuáles son los indicadores de que estamos haciendo bien las cosas? ¿Quién dice que está bien? ¿Bien para qué? ¿Bien para quiénes?

Concluyendo: el lenguaje importa. Lenguaje que no es sino una de las expresiones de las interacciones entre paradigmas-pensamientos-sentimientos-manifestaciones. O tenemos un lenguaje limitado que nos permite un accionar transformador limitado, o tenemos un lenguaje potente con osadía para recrear nuevas realidades signadas por la sustentabilidad fuerte y súper fuerte. El lenguaje que tenemos es el lenguaje de nuestra cultura.

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*Rodrigo Arce Rojas es Doctor en Pensamiento complejo por la Multiversidad Mundo Real Edgar Morin. Correo electrónico: [email protected]

 

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