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El drama de vivir varados en plena pandemia

Fuente: Organización de las Naciones Unidas (ONU)

Claman por ayuda. Cientos de ciudadanos indígenas del centro y sur de América Latina atraviesan la pandemia lejos de sus hogares, sin recursos y atrapados en una ciudad ajena a su lugar de origen. Muchos se han visto en la obligación de iniciar una migración forzada; mientras que a otros, los más vulnerables, no les queda más que esperar la ayuda de un gobierno para poder sobrevivir.

El presente reporte informativo es un producto colectivo de la Red de Comunicación Indígena Internacional (RCII) en un esfuerzo colaborativo por hacer visible la situación de los pueblos indigenas u originarios, en particular, en las áreas rurales sobre las cuales hay mucha desinformación. La red elaborará reportes cada semana y se ponen a libre disposición de los medios masivos, alternatvos y comunitarios para su libre reproducción, citando la autoría.

 

RCII, 27 de abril, 2020.- «En virtud del derecho internacional, toda persona tiene derecho a regresar a su país de origen, incluso durante la pandemia», dijo la comisión de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para los Derechos Humanos hace más de una semana.

Para entonces, la gran mayoría de países en América Latina, ya había cerrado sus fronteras en un intento por contener el avance del COVID-19 en sus territorios.

Pese a algunos esfuerzos por atenuar la crisis de los compatriotas varados en el exterior, las historias de ciudadanos indígenas que permanecen lejos de sus hogares, sin recursos y atrapados en una ciudad ajena a su territorio de origen, es dramática.

Centroamérica: Migrantes atrapados en albergues

El jueves 23 de abril, la ONU advirtió que los cierres de frontera en Centroamérica y México, están afectando desproporcionadamente a los migrantes, refugiados y desplazados en la región, quienes han quedado atrapados en «condiciones de hacinamiento y limitado acceso de salud, información, alimentación, agua y saneamiento».

«Estas personas permanecen en campamentos improvisados, en situación de calle, en comunidades o centros de acogida, en los que no siempre se han implementado los protocolos sanitarios para protegerlas, según las recomendaciones de la OMS», señaló el organismo.

Foto: Los emigrantes centroamericanos se desplazan con los medios que pueden a través de México para intentar alcanzar la frontera de Estados Unidos / Fuente: OIM / Rafael Rodríguez

El pronunciamiento se condice con una publicación de la revista Forbes de finales de marzo, donde se informa que miles de migrantes africanos, haitianos y asiáticos permanecían en albergues de Panamá y Costa Rica a la espera de seguir su camino hacia Estados Unidos.

La ONU señaló que, actualmente, solo en Panamá se encuentran varadas más de 2,500 personas migrantes irregulares.

México

Por otra parte, el 9 de abril, la agencia de noticias Infobae denunció que el Instituto Nacional de Migración (INM) de México había abandonado a 480 migrantes, entre hondureños y salvadoreños, en la frontera con Guatemala, luego de que este país decidiera cerrar sus fronteras por la pandemia.

«Sin dinero y sin lugar en el cual poder pasar la noche, los indocumentados fueron echados a su suerte, además de sufrir el desprecio de los pobladores locales (…)», señaló la agencia.

Según el INM, alrededor de 21,500 extranjeros se han quedado varadas en México a raíz del cierre de fronteras: 12,500 en el norte y 9,000 en el sur.

La falta de capacidad y de recursos en los albergues de México que limitan con Estados Unidos, podría agravar la situación.

«No contamos con espacios físicos para habilitar un pabellón especial ni personal especializado para atención de un posible caso de coronavirus», alertó la Coalición Pro Defensa del Migrante en un informe recogido por el diario español El País.

La realidad de las comunidades indígenas en territorio mexicano es aún más crítica y ya han empezado a padecer la llegada del COVID-19.

El propio Ejército Zapatista de Liberación Nacional, decretó en el mes de marzo, alerta roja en sus comunidades y territorios, “recomendando a las juntas de buen gobierno y municipios autónomos rebeldes zapatistas, el cierre total de los caracoles y centros de resistencia y rebeldía, de forma inmediata.” 

 

Solo en el Estado de Guerrero, ubicado al suroeste del país, 99 comunidades indígenas de 40 municipios restringieron sus accesos y se calcula que son más de 300 municipios indígenas en todo el país, los que han limitado la entrada a sus territorios.

La principal razón de esta medida radica en la precariedad de los recursos de atención a la salud con los que cuentan y la lejanía que existe entre las comunidades indígenas y las clínicas de primera atención hospitalaria.

A ella se han sumado los indígenas de Oaxaca, Guerrero, Michoacán, Sinaloa, Chiapas, Puebla, Veracruz, Quintana Roo, quienes representan aproximadamente la mitad de la población indígena de México

«(Ellos) saben que sus probabilidades de hacer frente a la enfermedad si ésta llega a sus comunidades, son realmente pocas», asegura desde México, Juan Mario Pérez, comunicador ñuu savii (mixteco) y miembro del Programa Universitario de Estudios de la Diversidad Cultural y la Interculturalidad (PUIC) de la UNAM.

saben que sus probabilidades de hacer frente a la enfermedad si ésta llega a sus comunidades, son realmente pocas

Pese a estas decisiones, la pérdida de empleos, la reducción drástica de la economía informal, y la falta de apoyos gubernamentales, están obligando a las personas indígenas a regresar a sus lugares de origen, en donde residen sus bases de apoyo primigenias.

En este grupo, ya no solo se ubican los indígenas que dejaron sus comunidades para ir en busca de oportunidades en otras regiones del país; sino, y de manera incierta, se hallan los emigrantes indígenas que se encuentran en el extranjero, principalmente en Estados Unidos, sin acceso a la salud y padeciendo discriminación lingüística.
 

Foto: Las comunidades indígenas son quienes más sufren por la pandemia / Fuente: Página 66

Así lo advirtieron diversas organizaciones indígenas en norteamérica, entre las que figuran el Frente Indígena de Organizaciones Binacionales (FIOB) y Comunidades Indígenas en Liderazgo DBA (CIELO), quienes hicieron pública una denuncia ante la respuesta discriminatoria hacia los indígenas frente al COVID-19.

Preocupados por la situación de los pueblos indígenas, que constituyen una gran mayoría en el sector de servicios al público en centros urbanos y en áreas rurales de Estados Unidos, denunciaron que ellos «no están siendo informado adecuadamente sobre los recursos y servicios en este momento».

Mientras que en México, hasta el 15 de abril de 2020, se han reportado ocho casos positivos por Covid-19 en miembros de comunidades indígenas, de acuerdo con una nota de la Cancillería mexicana del 17 de abril, se confirmó la muerte de 258 migrantes mexicanos en Nueva York, Estados Unidos, de los cuales, se calcula que por lo menos 50 son miembros de pueblos originarios.

«(...) Los migrantes indígenas son deportados, son excluidos de los protocolos médicos necesarios, y al arribar a sus comunidades de origen se encuentran con la dificultad de ingresar por ser un potencial agente de contagio. Es esa la ruta que los migrantes indígenas están experimentando ante la actual pandemia», asegura Pérez.

Latinoamérica: Indígenas sin alimentos y atrapados en su propio país

En América del Sur, los relatos de ciudadanos varados en ciudades ajenas a su lugar de origen alcanzan a las comunidades indígenas.

Foto: Mujeres indígenas en una calle de La Paz, Bolivia - Fuente: OIT / R. Lord

Colombia

En Colombia, país que entró en cuarentena el 23 de marzo, los indígenas que en algún momento migraron a la ciudad por la falta de tierras, la búsqueda de oportunidades educativas o a consecuencia de los conflictos de violencia, se encuentran desamparados.

Pese a que en algunas comunidades del Cauca y la Amazonía colombiana se establecieron planes de retorno condicionados a un protocolo de prevención, las condiciones reales en términos de logística y capacidad de respuesta sanitaria en caso de contagio, impiden que estos se cumplan adecuadamente.

«La vulnerabilidad de los pueblos indígenas frente a patógenos externos, históricamente ha sido muy alta y las consecuencias fatales», asegura Martin Vidal Tróchez, comunicador comunitario y miembro del equipo de la Deutsche Welle (DW) en Colombia.

Foto: Punto de control territorial Jambalo en el norte del Cauca / Autor: Juan Dagua Radio Pa'yumat Acin 

La cuarentena nacional ampliada hasta el 11 de mayo en el territorio colombiano, ha agravado la situación de los grupos indígenas asentados en los pueblos y ciudades capitales. Cumplir con el aislamiento necesario para evitar un posible contagio, también ha significado para ellos la aparición de una urgencia aún más sentida: la escasez de alimentos.

«Ante la situación actual, un gran número de personas y  familias indígenas han solicitado de manera reiterada la necesidad de retornar a sus comunidades de origen, donde puedan garantizar la estadía, los alimentos y el cuidado de la salud desde las prácticas culturales», señala desde Colombia, Dora Muñoz, integrante del Tejido de Comunicación del Cabildo Indígena de Corinto.

Aunque por lo pronto, en el territorio del Cauca se han realizado jornadas con apoyo de alimentos recolectados en los territorios y distribuidos a las familias en las ciudades, Dora Muñoz advierte sobre la necesidad de atender la solicitud de retorno de los grupos indígenas a sus comunidades.

«Urge la necesidad de identificar estrategias y acciones, por parte de las autoridades locales, regionales y nacionales, en coordinación con las autoridades indígenas, para atender la solicitud de retorno de las familias indígenas a sus comunidades, teniendo en cuenta que, en la actualidad, en los pueblos y ciudades capitales las garantías de subsistencia son restringidas, especialmente  para las familias menos favorecidas», asegura.

Bolivia

A inicios de abril en Bolivia, los pueblos originarios de Tarija ubicados en la provincia del Gran Chaco, al sur del país, advirtieron que estaban empezando a quedarse sin alimentos y que al menos 25 ciudadanos indígenas se encontraban varados en la ciudad.

Al otro extremo del país, en el norte, la Central Indígena de Pueblos Originarios y Amazónicos del Pando (CIPOAP), que agrupa a cinco pueblos originarios, clamó por ayuda al gobierno interino de Jeanine Áñez ante la falta de alimentos y la estadía de algunos indígenas en Cobija, capital del departamento de Pando.

«Hay mucha gente que en estos días ya no tiene nada que comer y otros quedaron atrapados en Cobija y no pueden volver a sus comunidades porque no hay transporte a las provincias. Por eso pedimos alimentos y ayuda al gobierno», dijo Ana Silva, dirigente de la CIPOAP en un informe recogido por el diario local La Razón.

En la frontera con Chile (Huara), la situación se tornó complicada durante días debido a que 480 bolivianos se encontraban varados más de una semana. Sin embargo, el 4 de abril, fueron repatriados y trasladados a Pisiga, donde se anunció que cumplirían una cuarentena por 14 días.

Venezuela

Por otro lado, la revista SIC de la Fundación Centro Gumilla alertó que un grupo de 153 indígenas se encuentra varado en Puerto Ayacucho, ciudad venezolana y capital del estado Amazonas.

«Las personas pertenecen a las comunidades indígenas de Tencua y Cacurí, ambas ubicadas en el municipio Manapiare. Lugares muy distantes que quedan a 50 minutos y 1 hora, vía aérea, desde Puerto Ayacucho, respectivamente», se lee en la publicación.

Esteban Rodríguez, yekuana y autoridad legítima de la comunidad indígena Tencua, advirtió que «hay gente que tiene meses» allí, que viajó eventualmente y ya no cuenta con más provisiones.

«Esperar en la ciudad no es igual. Allá en la comunidad nos sentimos más seguros, garantizados al lado de nuestras familias», dice. «Nos estamos quedando dispersos, en casas ajenas, esto nos incomoda», señaló Rodríguez.

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* La Red de Comunicación Indígena Internacional (RCII) es una articulación en proceso, fortalecida en el marco del Encuentro Internacional de Comunicación Indigena (EICIP 2019) realizado en el Cusco en 2019 e integrada por comunicadores indígenas de Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, México, Panamá y Perú. 

 

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