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El PCP-SL cometió crímenes sin nombre contra indígenas de selva central

Ashaninkas refugiados en la Comunidad Nativa Cutivireni. Foto: Alejandro Balaguer.

La muerte de Abimael Guzmán debe hacernos recordar el capitulo de horror que desató el Partido Comunista del Perú - Sendero Luminoso (PCP - SL) sobre los pueblos indígenas de la selva central: Ashaninka, Nomatsiguenga, Yanesha y otros, así como la enorme contribución de estos pueblos -incluido el Asheninka- a la pacificación del país.  

Servindi, 13 de setiembre, 2021.- Los pueblos indígenas del Perú fueron uno de los grupos más afectados durante la violencia interna que golpeó al país durante los últimos 20 años del siglo pasado.

El caso de los asháninkas y lo nomatsiguengas es una de las principales muestras de cómo la incursión de Sendero Luminoso en la selva central generó cuantiosas violaciones a los derechos de los pueblos indígenas de la selva central.

Tras la muerte del cabecilla Abimael Guzmán, resulta necesario hacer memoria sobre la época de la violencia interna, reconocer a sus principales víctimas y exigir el reconocimiento y la reparación integral de estas.

Reconstrucción de un proceso

Como rescata la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR), durante el periodo del Conflicto Armado Interno (CAI) desaparecieron entre 30 y 40 comunidades Asháninka, 10 mil miembros de estas fueron desplazados, mientras que 6 mil fallecieron, lo que representó el 10 por ciento de esta población y unos 5,000 fueron tomados cautivos por Sendero Luminoso.

A pesar que el PCP-SL había ingresado en la selva central en 1980, la agrupación intensificó sus acciones a partir de 1988. Para imponerse recurrieron al miedo generado por el terror:

“Los asháninkas eran amenazados constantemente con castigos, tortura y la muerte, si no cumplían con lo que se les indicaba o incluso si alguien manifestaba su descontento o desconfianza frente al partido” (CVR, p. 248).

Los asesinatos de los rebeldes, con cuchillo o soga en el cuello, debían ser presenciados por su propia familia y, en el esplendor de la barbarie, después se obligaba a festejar con masato, risas y vivas al “Presidente Gonzalo” y la denominada “guerra popular”.

Mientras que los colonos opuestos a Sendero Luminoso huían a las ciudades, las comunidades indígenas -arraigadas al territorio- tuvieron limitaciones para escapar y fueron acorraladas y luego arrasadas. 

El incentivo de las acusaciones dentro de la comunidad generó un clima de desconfianza. A la vez, se les impedía a los pobladores tener manifestaciones de tristeza, por considerarlas sospechosas.

Durante la presencia de Sendero Luminoso, eran comunes las sesiones de adoctrinamiento en incursiones donde también se saqueaba a las comunidades y se secuestraban a los niños de 10 a 15 años para adoctrinarlos y entrenarlos militarmente.

No obstante, en medio de asesinatos a dirigentes y comuneros que se oponían a la organización terrorista, se formaron los primeros comités de autodefensa asháninkas hacia 1990.

Sometidos a tratos inhumanos, los asháninkas fueron desarrollando un mayor rechazo hacia los miembros del PCP-SL. Un testimonio del CAAAP recogido en el informe retrata el sentimiento de este pueblo:

“Como chanchos, escondidos bajo el monte, durmiendo en el barro y comiendo sopa aguada… Ya no sentíamos alegre. Sí sentíamos triste, ya no comías, pensábamos en la familia, pensábamos en la chacra, no teníamos para comer, ya no dejaban libertad para comer para nuestros hijos, esclavizados. Ya no hacía masato en la vida” (CVR, p. 257).

Cabe precisar que en esta zona del país llegó a concretarse una “guerra étnica” debido a la conformación de los denominados “ejércitos asháninkas”, los cuales reunían a indígenas decididos a combatir el terrorismo.

Un dato que no debe pasar por desapercibido es que, como indica el informe de la CVR, a pesar de que el “Ejército Asháninka” solicitó apoyo a la Marina, la institución se lo negó.

Tras múltiples acciones realizadas en conjunto con el ejército, la acción del PCP-SL se fueron replegando hacia 1995, lo que contribuyó al inicio del complejo proceso de retorno de las comunidades.

Mapa de la selva central. Imagen tomada del estudio de Mariella Villasante.

Historias de violencia

Antes del Conflicto Armado Interno, el pueblo Asháninka ya había sufrido numerosos episodios de violencia. Como detalla el antropólogo Óscar Espinoza, existen tres momentos significativos: la rebelión de Juan Santos Atahualpa, el boom del caucho y el conflicto armado interno.

Estas experiencias de violencia en la historia de los asháninkas marcaron la identidad del pueblo. Aspecto que se percibe en las declaraciones del histórico líder Miqueas Mishari que cita Espinoza:

“Nuestra defensa, la autodefensa indígena va por eso mucho más allá de una simple coyuntura. La agresión contra nosotros es histórica, nuestra rebelión también debe serlo con miras a objetivos de largo alcance a fin de que se respete nuestra autodeterminación, nuestra libertad, nuestra identidad indígena, nuestros territorios”.

Como señaló la antropóloga Margarita Benavides, la ausencia del Estado en las zonas de la selva central era tal que fueron las mismas poblaciones las que tuvieron que asumir su propia protección.

Por su parte, el antropólogo Rafael Barrantes apunta que en la violencia cometida contra los asháninkas se produjo una doble agresión, donde a la ya existente discriminación étnica se le sumó la violencia criminal de Sendero Luminoso.

Es por ello que, la violencia durante el conflicto armado interno, indica Barrantes, “antes que percibirse como un suceso injusto pero aislado, se percibió como un episodio más dentro de una historia de injusticias”.

La deuda histórica con los pueblos de la selva central

Debemos recordar que los ashaninka, el pueblo más numeroso de la selva central, tomó la decisión autónoma de organizarse para resistir de forma armada al PCP-SL en respuesta al genocidio y el asesinato selectivo de sus dirigentes. 

Esta enorme contribución a la pacificación no ha sido adecuadamente reconocida por el Estado peruano que aún tiene deudas pendientes con este valeroso pueblo.

Un problema que aún subsiste es que entre 1989 y 1993 cerca de 15,000 indígenas asháninkas y nomatsiguengas se sintieron obligados a abandonar sus tierras de origen, como consecuencia del conflicto.

Luego de la pacificación empezó el retorno, pero muchas comunidades encontraron sus tierras ancestrales ocupadas por colonos y algunas aun están pendientes de recuperación y titulación.

Un caso emblemático es la que vive la comunidad nativa del pueblo Ashaninka "Nuevo Amanecer Hawai" que en 1987 se vio obligada a salir en la peor época del conflicto armado interno.

El jefe Mauro Pío y luego su hijo Gonzalo Pío fueron asesinados por sicarios al servicio de traficantes de tierras opuestos al reconocimiento territorial de la comunidad ashaninka.

Lo increíble es que recientemente, en 2021, el Tribunal Constitucional decidió negar protección constitucional a la comunidad ashaninka y el fallo la deja en total indefensión.

Este es solo un ejemplo de las injusticias que padecen las comunidades de la selva central y la falta de comprensión e indeferencia de las autoridades sobre los derechos fundamentales de estos pueblos, entre estos, el derecho a vivir en paz en sus territorios ancestrales.

 

 

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