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Las tablas de Sarhua y la denuncia del terrorismo de Estado

La omisión de las tablas que denuncian violaciones de derechos humanos introduce otro dilema para la ley de apología del terrorismo que es la necesidad de invisibilizar las atrocidades cometidas por las fuerzas del orden. 

Servindi, 12 de febrero, 2018.- Como se recuerda, la supuesta apología proterrorista de las tablas de Sarhua saltaron a luz tras una tendenciosa denuncia periodística que puso el énfasis en la sola mención gráfica de Sendero Luminoso. 

Así, concentrada la atención mediática en una fabricada apología, se logró desviar la atención del real mensaje de estas tablas en su conjunto, que es la denuncia a las violaciones de los derechos humanos, cuyo grado de crueldad entre terroristas y operadores estatales equipararon su magnitud cuando arremetieron contra poblaciones y comunidades del campo.

"Las violaciones a los derechos humanos representadas en las tablas mencionadas en este artículo no se limitan a Sarhua; son también representativas de lo sucedido en muchas comunidades andinas durante el periodo de la violencia política."

A continuación un artículo de Olga González, en el cual nos muestra cómo perviven, en tiempos de "voltear la página", el racismo y la discriminación social, los mismos que contribuyeron al surgimiento del del conflicto armado interno.

¿No serán las tablas de Sarhua que denuncian violaciones de derechos humanos las más inconvenientes para el gobierno?

Por Olga González Retablo

En las últimas dos semanas se ha escrito y hablado ampliamente en medios periodísticos y redes sociales sobre las supuestas tablas “proterroristas” creadas por la Asociación de Artistas Populares de Sarhua (ADAPS) en los años noventa. Es comprensible que la discusión se haya centrado en las tablas que hacen referencia a Sendero Luminoso, dada la acusación maliciosa del Diario Correo en enero de este año.

Pero cabe preguntarse sobre la omisión de Correo respecto a otras tablas de la colección Piraq Causa, ¿Quién es culpable?, que denuncian violaciones de derechos humanos cometidos por sinchis y militares durante los años que los sarhuinos denominaron “los tiempos del peligro.” ¿No serán éstas las tablas que más bien incomodan y preocupan a la DIRCOTE? ¿No será por ello que el caso todavía no ha sido archivado a pesar de que el Ministro de Cultura Alejandro Neyra ha descartado que las tablas de Sarhua constituyan “apología del terrorismo,” y que éstas se encuentren “a salvo” en el Museo de Arte de Lima (MALI)? Examinemos algunas de las tablas que revelan los abusos y atrocidades realizados por las fuerzas del orden.

Sinchis, la segunda pieza en Piraq Causa, describe los abusos de los sinchis cuando llegaron a Sarhua el 30 de septiembre de 1981 para apresar a varios comuneros por presunto terrorismo. Sin embargo, una investigación realizada por la Subcomisión de Derechos Humanos del Parlamento el 6 de octubre de 1981 demuestra que lo que hubo fue abuso de autoridad de los sinchis y una respuesta arbitraria a acusaciones de terrorismo, exonerando debidamente a los comuneros detenidos por supuesto terrorismo.

La población sarhuina recuerda este hecho “que creo terror fin del mundo”, como dice la leyenda, como el inicio de la violencia política en la comunidad. Sendero Luminoso llegaría a la comunidad después de la incursión de los sinchis y aprovecharía de esta experiencia traumática para generar un apoyo inicial y declarar a Sarhua zona liberada.

En agosto de 1984 Sarhua se convertiría en testigo de la masacre de una veintena de supuestos “terroristas” de las comunidades vecinas de Huamanquiquia, Uchu y Tinca, traídos por militares de la base de Pampacangallo. Dos tablas de Sarhua dan cuenta de dos eventos vinculados a esta violación de derechos humanos. 

Infierno en Quechawa muestra la ejecución extrajudicial de supuestos senderistas y destaca que entre los aprehendidos “…padecieron numerosos inocentes campesinos hombres y mujeres mayoría adolescentes obligados con amenaza de muerte enrolar filas guerrilleras…”

Este cuadro es uno de los más impactantes de la colección porque muestra cómo “fueron quemados vivos” los supuestos terroristas. La carga emocional también se hace sentir en lo que aparece como una exageración en el número de víctimas señalado en la leyenda que dice, “al ver como chicharraban centenas de humanos los lugareños sintieron espanto”.

Sin embargo, para los sobrevivientes y testigos la realidad representada en esta tabla no llega a transmitir el horror de la tortura que sufrieron las víctimas antes de ser quemadas vivas. Tampoco describe como los militares forzaron a los pobladores de Qechawa (anexo de Sarhua) a cavar hoyos para enterrar todos los cuerpos en fosas sin nombre con el propósito de ocultar las pruebas del crimen.

No es extraño, entonces, que los artistas dedicaran otra tabla al recuento de las atrocidades cometidas durante la misma incursión militar. En esta tabla titulada Descuartizamiento los artistas se centran en la violación sexual y tortura de dos campesinas, una de Huamanquiquia y otra de Uchu, “que fueron redadas por 39 militares armados quienes confundieron con las terroristas,” como dice la leyenda. El lamento“¡Qué fatal destino ser campesina!” que aparece al final de la leyenda resume el sentir doliente de los sarhuinos frente a la repetida discriminación sufrida por ser campesinos y andinos.

Las violaciones a los derechos humanos representadas en las tablas mencionadas en este artículo no se limitan a Sarhua; son también representativas de lo sucedido en muchas comunidades andinas durante el periodo de la violencia política. Cabe resaltar que las tres tablas hacen referencia a campesinos y campesinas siendo acusados falsamente de terrorismo.

Pareciera que no se ha aprendido nada del pasado y que la historia se repite, pues más de treinta años después poblaciones de origen quechua-hablante, como los artistas sarhuinos, siguen siendo el blanco de acusaciones por presunto terrorismo,

Pareciera que no se ha aprendido nada del pasado y que la historia se repite, pues más de treinta años después poblaciones de origen quechua-hablante, como los artistas sarhuinos, siguen siendo el blanco de acusaciones por presunto terrorismo, en este caso por compartir lo que sufrieron durante la época de la violencia. En el fondo, el racismo y la discriminación social que contribuyó al conflicto armado interno no ha desaparecido.

La omisión de las tablas que denuncian violaciones de derechos humanos introduce otro dilema para la ley de apología del terrorismo (Art. 316-A del Código Penal), que es la necesidad de invisibilizar las atrocidades cometidas por las fuerzas del orden.

Es así que la propuesta del Ministro de Cultura Neyra de tener “mejores parámetros de qué es una obra artística y deslindar de apología del terrorismo” podría incluir piezas artísticas que denuncian violaciones de derechos humanos por ser críticas al gobierno y las fuerzas del orden.

Pasaríamos, si es que ya no calificamos, a estar entre los países que promueven el negacionismo a través de leyes draconianas como la ley recientemente aprobada en Polonia que impide vincular al país con acusaciones de complicidad con el Holocausto.

Paradójicamente, el Estado en sus intentos de invisibilizar verdades inconvenientes solo ha logrado hacerlas más visibles. Esperemos que el caso sea finalmente archivado y que el MALI pueda exhibir las tablas sobre los tiempos del peligro de las cuales tenemos mucho que aprender.

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Fuente: Noticias SER: http://noticiasser.pe/10/02/2018/retablo/%C2%BFno-seran-las-tablas-de-sarhua-que-denuncian-violaciones-de-derechos-humanos-las-
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