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Purús: El drama de los indígenas que limitan en la frontera con Brasil

CONTAGIOS. La provincia de Purús es la última de la región Ucayali en presentar casos positivos de COVID-19. Sin un centro de salud equipado, los indígenas temen lo peor / Foto: ProPurús

Pese a que solo cuentan con un centro de salud para más de 2.800 habitantes, el costo de vida en Purús (Ucayali) es muy elevado, lo que ha llevado a sus pobladores, en su mayoría indígenas, a depender en gran parte de Brasil, país con el limitan. Esta semana se confirmaron los primeros casos de COVID-19 en la provincia y los casos siguen en aumento. Mientras las autoridades locales reconocen sus limitaciones, los indígenas piden que el gobierno central no los olvide.

Por Renzo Anselmo

Servindi, 9 de julio, 2020.- En Purús, una de las cuatro provincias de la región Ucayali y la más relacionada con Brasil, el kilo de arroz que en cualquier otra parte de Perú se vende normalmente a S/2.50, puede llegar a costar hasta S/9.00.

El problema, dicen sus pobladores, es lo aislada que está la provincia del resto del país. A Purús solo se puede llegar mediante viajes aéreos cívicos desde Pucallpa, la capital de Ucayali, y por cada kilo transportado desde allí, puede cobrarse entre S/6.50 y S/7.00.

Esto ha llevado a que gran parte de la población dependa históricamente de los productos que ingresan informalmente desde la frontera con Brasil.

Pero la relación de Purús con Brasil, país que actualmente registra el mayor número de contagios por COVID-19 en América Latina, no se limita a la alimentación.

Por años, los indígenas que representan el 90% de la población de Purús, han preferido desplazarse por el río hacia el otro lado de la frontera para recibir una mejor atención sanitaria.

El río que da nombre a la provincia y que además es su único medio fluvial, nace en el Perú y los conduce únicamente hacia Brasil.

Sin embargo, en el contexto de la pandemia, la oportunidad que representaba Brasil se ha convertido de un momento a otro en una amenaza para esta provincia.

El martes 7 de julio, la presencia de un bebé con un cuadro de gripe, alertó al personal del centro de salud de Puerto Esperanza, capital de Purús.

Tras aplicarle una prueba rápida, el bebé que había retornado recientemente junto a una familia indígena desde Brasil, dio positivo a COVID-19.

DESEMBOCADURA. El río Purús nace en el Perú y solo tiene una salida que los conduce directamente hacia Brasil, el país latinoamericano con más contagiados por COVID-19.

Los primeros casos

Aquel día fueron muestreados en total 8 personas, todos indígenas del pueblo Sharanahua. De los ocho, seis fueron diagnosticados con el nuevo coronavirus: cuatro adultos y dos niños.

Según Celso Aguirre, asesor de la Municipalidad Provincial de Purús, los indígenas contagiados habían llegado desde Brasil hace una semana, burlando el puesto de control ubicado en Palestina, la última comunidad peruana situada en el límite con el vecino país.

«Una vez que pasaron a su comunidad Peruanita, se fueron al Alto Purús, donde es temporada para pescar y recolectar huevos [de la tortuga] taricaya. Lo peligroso es que por allí está la reserva de los mashco piros, indígenas no contactados», señala el funcionario.

A su regreso del Alto Purús, entre el viernes 3 y sábado 4 de julio, los sharanahua pasaron los días vendiendo sus productos en Puerto Esperanza.

Para la mañana del martes 7, día en que fueron diagnosticados con la COVID-19, los indígenas descansaban en un albergue ubicado a diez minutos de la plaza de Puerto Esperanza.

Se trata de un albergue de administración pública, pero que es manejado por los miembros de la etnia sharanahua, asegura Aguirre.

La indicación que les dieron a los indígenas fue que, al haber dado positivo al COVID-19, debían ser puestos en aislamiento.

Tras una reunión convocada ese día por el comando operativo COVID-19 de Purús, las autoridades acordaron trasladar a los indígenas hacia el área de Maestranza, un lugar ventilado, pero distante de la ciudad.

A la mañana siguiente, miércoles 8 de julio, cuando el personal médico fue al albergue en busca de los indígenas para trasladarlos, ya nos los encontró. Los sharanahua habían escapado.

FRONTERA. Los primeros indígenas contagiados llegaron a la provincia de Purús provenientes de la comunidad brasileña Santa Rosa do Purús. Fuente de la imagen: Asociación ProPurús.

La falta de una atención intercultural

De acuerdo al censo del año 2017, la provincia de Purús cuenta con más de 2.800 habitantes y alberga a siete etnias indígenas que representan el 90% de la población: cashinahuas, sharanahuas, culinas, mastanahuas, asháninkas, yines y shaninahuas.

En el caso de los sharanahuas, el Ministerio de Cultura (Mincul) estima que su población asciende a 368 personas.

«En Purús existe un gran problema de comunicación intercultural. Un claro ejemplo de esto es cómo se aborda el tema de la salud de los indígenas», afirma Manuel Díaz, antropólogo y especialista de ProPurús.

Según la Base de Datos de Pueblos Indígenas u Originarios (BDPI) del Mincul, los sharanahuas llegaron a Purús a mediados del siglo XX, huyendo de la incursión de los caucheros en las cabeceras del río Tarauacá en Brasil, lugar donde se asentaban.

Además de ser obligados a hacer trabajos forzosos, los sharanahuas sufrieron el contagio de enfermedades producto de estos contactos.

El Instituto Lingüístico de Verano calcula que, durante la primera mitad del siglo XX, más del 50% de este pueblo murió por enfermedades como sarampión, gripe, viruela, fiebre amarilla, tos ferina y tuberculosis.

Pese a la gran presencia de indígenas en la provincia de Purús, su derecho a recibir una atención intercultural a través de los servicios públicos, aún no se ha concretado.

«En Purús existe un gran problema de comunicación intercultural. Un claro ejemplo de esto es cómo se aborda el tema de la salud de los indígenas», afirma Manuel Díaz, antropólogo y especialista de ProPurús, una asociación con presencia por más de diez años en esta provincia.

Díaz cuenta que, en la cosmovisión indígena, cuando un nativo enferma, la familia y los amigos sienten la necesidad de acompañar de cerca el tratamiento del indígena como una forma de expresarle su apoyo.

Evidentemente, este es un aspecto que no se está considerando en el trato que se les ha empezado a brindar a los indígenas en medio de la pandemia.

Para el asesor municipal Celso Aguirre, este es un tema que hay que tratar con mucho tino, aunque reconoce que lamentablemente no estaría siendo abordado de esa manera.

«Cuando el pueblo se enteró que los indígenas eran los primeros contagiados, empezaron a decir que ellos habían traído el virus y, eso, a cualquiera lo hace sentir mal. Se les estigmatiza, se les culpa y hasta se les maldice», cuenta el funcionario.

No se descarta que esta haya sido una de las razones por las cuales los sharanahua decidieron esconderse para no ser aislados.

Pedidos urgentes

El centro de salud de Puerto Esperanza es el único centro de referencia para las 7 postas médicas distribuidas en toda la provincia de Purús que cuenta con 28 comunidades tituladas, 15 anexos y 3 caseríos.

Es decir que, si se llegara a reportar un enfermo grave en alguna de estas postas, tendría que ser trasladado hasta el centro de salud de Puerto Esperanza.

«Nuestro temor ahora es cómo se nos va a atender porque no contamos con un centro de salud equipado», alerta Roy Jijida Nonato, secretario de la Federación de Comunidades Nativas de la Provincia de Purús (Feconapu).

Actualmente, este centro médico viene funcionando con apenas el 50% de su personal (5), encabezado por un solo médico, ya que algunos de sus miembros fueron sorprendidos por la cuarentena estando en Pucallpa y aún no han podido retornar.

Para los indígenas, la preocupación es aún más grande porque este centro de salud no dispone de los equipos necesarios para atender un caso grave.

«Nuestro temor ahora es cómo se nos va a atender porque no contamos con un centro de salud equipado», alerta Roy Jijida Nonato, secretario de la Federación de Comunidades Nativas de Purús (Feconapu).

El dirigente indígena asegura que el centro de salud de Puerto Esperanza no cuenta con camas UCI ni con ventiladores artificiales, además de que «los pocos balones de oxígeno que hay, solo alcanzarían para la atención de una persona en una semana».

Consultado sobre estas necesidades, el asesor municipal Celso Aguirre reconoció las limitaciones y señaló que han pedido al gobierno regional la implementación de un puente aéreo para trasladar hacia Pucallpa los casos graves que se podrían presentar.

Indicó también que han procedido a dotar al centro de salud con 765 pruebas rápidas que empezarán a tomarse en los próximos días con el fin de generar un cerco epidemiológico para contener el avance del COVID-19.

TEMORES. Roy Jijida, secretario de Feconapu, manifiesta el miedo que sienten los indígenas al no contar con un centro de salud equipado / Foto: Cortesía

Varados e incomunicados

En declaraciones a Servindi, el secretario de la Feconapu también expresó su preocupación por los indígenas de la provincia de Purús que se encuentran varados en la capital de Ucayali.

«Son más de 400 hermanos que están varados en Pucallpa desde hace cinco meses. Muchos no tienen que comer y a otros ya los están botando de los cuartos que alquilaban porque no tienen con qué pagar. Necesitamos que las autoridades los apoyen», expresó Roy Jijida.

Al problema de salud y los varados, se ha sumado otro de igual preocupación: la educación remota que el gobierno peruano brinda durante la pandemia, no está llegando a los menores de las comunidades de Purús.

Cuando el presidente de la República, Martín Vizcarra, anunció a finales de marzo la continuidad de las clases escolares mediante el programa “Aprendo en Casa”, dijo que su transmisión se daría vía radio, televisor e internet.

El problema es que, en las comunidades de Purús, ninguna de las tres vías de transmisión funciona adecuadamente. 

«El Ministerio de Transportes y Comunicaciones (MTC) instaló hace dos años paneles solares en los locales comunales para que capten la señal de TV Perú. Sin embargo, nosotros hemos corroborado que casi el 70% de estos paneles no están operativos», afirma Celso Aguirre.

Las dos radios que existen en Purús, una de administración municipal y otra a cargo de la Iglesia Católica, hasta hoy no han recibido la licencia de funcionamiento del MTC y, por ende, no pueden emitir sus señales.

Y en el caso del internet, además de la pésima cobertura que reciben—solo disponen de la señal 2G—, la mayoría no cuenta con los recursos tecnológicos para conectarse virtualmente.

«Aquí no ha llegado ninguna tablet del Estado», lamenta Roy Jijida, en referencia al anuncio del mandatario peruano que afirmó que se repartirían más de 840.000 tablets con internet móvil para los escolares de las zonas rurales y urbanas más alejadas.

«Son más de 400 hermanos que están varados en Pucallpa desde hace cinco meses. Muchos no tienen que comer y a otros ya los están botando de los cuartos que alquilaban porque no tienen con qué pagar. Necesitamos que las autoridades los apoyen», expresó Roy Jijida.

Un nuevo caso

El jueves 9 de julio, el centro de salud de Puerto Esperanza reportó un nuevo infectado que se suma a los 6 indígenas contagiados que hasta el momento no han sido ubicados.

De no ser recibir apoyo inmediato, la situación de los pobladores de Purús podría agravarse.

«Ahora que se han confirmado los primeros casos, nuestros hermanos necesitan estar más informados. Es cierto que somos un pueblo pequeño, pero también somos peruanos y merecemos igualdad. No quisiéramos que se olviden de nosotros», señala el dirigente indígena Roy Jijida.

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