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Las mujeres indígenas en la conservación de la amazonía...

Indígena kechwa de Lamas, cosechando frejoles nativos. Foto: ARAA/Choba-Choba

...Experiencia de buenas prácticas agroecológicas

En la amazonía del Perú es imprescindible fomentar una inversión que considere el equilibrio entre el crecimiento económico, la conservación de los recursos naturales y el desarrollo integral de las poblaciones que la habitan (Dourejanni y otros, 2009). La agroecología ha demostrado ser una alternativa sostenible y adecuada a un modelo de desarrollo insostenible que está afectando de manera irreversible la amazonía y nuestro planeta.

Por Maria Poggi*

8 de marzo, 2016.- En este relato queremos contar la experiencia de una pequeña cooperativa indígena y de sus socias, que han empezado a cambiar su vida adoptando prácticas de vivencias agroecológicas y creando un nuevo modelo de buen vivir en una parte de la amazonía del Perú. 

La Cooperativa Kampu Piyawi Ltda. (COOPAKP) nace por iniciativa de un grupo de familias de la etnia shawi o chayawita que se dedican a la crianza de especies autóctonas de peces y a la producción de cacao, maíz, plátano, frejol, plantas maderables y otros productos locales.

Los shawi son uno de los 54 pueblos indígenas u originarios –identificados por el Ministerio de Cultura– que viven en la amazonía nororiental del país, principalmente en los departamentos de Loreto y San Martín, en las cuencas de los ríos Paranapura, Cahuapanas y Huallaga, afluentes del Amazonas. Constituyen una población de 20 000 personas que tradicionalmente practica una agricultura de roza y quema para abrir espacios en el bosque, donde cultivan plátano, maíz y yuca. A estos cultivos se añade la crianza de animales menores, como gallinas, patos y peces de estanque como gamitana (Colossoma macropomum), paco (Piaractus brachypomus) y boquichico (Prochilodus nigricans).

En 2008 la COOPAKP se inscribe en los registros públicos del Estado y empieza oficialmente sus actividades, con una base social de unas 80 familias socias que comercializan sus productos en los mercados locales y regionales. El producto bandera es el pescado, criado en estanques familiares de alrededor de 1 000 m2, que han sido construidos en terrenos ubicados en pendiente y cerca de fuentes de agua limpia. Alrededor de los estanques las familias indígenas han forestado y reforestado el terreno con árboles frutales y forestales de la zona, aptos para producir alimentos nutritivos para la dieta de los peces, como la palmera de aguaje (Mauritia flexuosa) o el pijuayo (Bactris gasipaes). Además, los peces son alimentados con una harina artesanal obtenida al cocinar y triturar plátano, yuca, maíz, castaña y otros ingredientes (López y otros, 2009).

El pescado, después de seis a ocho meses de crianza en poza, alcanza un peso aproximado de 500 gramos y está listo para ser vendido fresco, salado y ahumado. En 2012 las familias socias lograron 10 toneladas por campaña (el punto de equilibrio es de 32 por campaña). El pescado ha obtenido la certificación de inocuidad y se ha empezado a vender en el mercado local, así como directamente a restaurantes y hoteles de la zona.

Desde agosto de 2014 las familias han decidido participar en un proyecto de producción agroecológica ejecutado por una ONG italiana, Terra Nuova, que desde hace varios años está acompañando a la COOPAKP. El objetivo del proyecto es mejorar los sistemas productivos y fomentar la comercialización en mercados ecológicos de productos orgánicos, procesados y con certificación de redes de organizaciones de pequeños productores indígenas. Estamos hablando de zona rurales con incidencia de pobreza y pobreza extrema, por lo que el resultado a lograr es el aumento de calidad de los productos para el autoconsumo de las familias y la generación de excedentes de calidad que, en casos como el del pescado, tienen un plus por el procesamiento del producto para la venta en el mercado local, regional y nacional.

Este proceso prevé la adopción de cambios profundos en las costumbres y vivencia diaria de la población indígena, en la familia misma y en los espacios de la casa y de la chacra. Las buenas prácticas implican la producción de fertilizantes orgánicos como compost y biol, o de plaguicidas naturales como el biocida. A estas se ha añadido la sensibilización en el tema del manejo de suelos, la conservación del agua y de las especies forestales, y la separación y eliminación de los residuos orgánicos e inorgánicos. El proceso será largo y no tan fácil, pero existen señales de que se pueden alcanzar los objetivos propuestos, entre ellos la certificación de los productos para el mercado, sobre todo del pescado, el cacao y el maíz.

El papel de las mujeres

En este proceso de adaptación a nuevas prácticas han tenido un rol fundamental y protagónico las mujeres de las familias socias, pues les ha permitido reconocerse y ser reconocidas como productoras de bienes materiales (alimentos) y de bienes simbólicos (conocimientos, tradición, cultura) en zonas rurales en donde este rol ha sido mayormente invisibilizado. 

Hoy en día se observa que en la familia shawi las mujeres son las responsables principales de la agricultura, ocupándose del cultivo después de la preparación de la chacra, que es una tarea que está a cargo de los hombres. Las mujeres son también las responsables de la crianza de animales menores, como las aves de corral y los peces. Tienen conocimientos de los insectos y plagas que afectan a sus plantas y de la biodiversidad de especies y semillas que seleccionan para garantizar la continuidad de la disponibilidad de alimentos.

Han aprendido a reconocer la importancia de la participación en los talleres y en las reuniones, junto a su pareja y sus hijos, sin crear conflictos familiares e introduciendo, al mismo tiempo, pequeños cambios en los roles de género tradicionales. Además, han mejorado sus conocimientos sobre la “buena alimentación”, y son ellas las que se ocupan de la preparación de los alimentos, determinando la dieta familiar y el mejoramiento de la salud de todos sus integrantes.

En este proceso continuo de sensibilización y capacitación, acompañamiento y asistencia técnica familiar que la COOPAKP ha recibido en los últimos años, se ha evidenciado la actitud más importante de las mujeres indígenas: hacerse responsables de la relación familia-tierra, persona-naturaleza y seguir siendo intermediarias de esta relación tan ancestral en la amazonia peruana. En la relación con los hijos e hijas, la transmisión de saberes y conocimientos ancestrales integrados con nuevas prácticas agroecológicas es esencial para transmitir a las generaciones futuras los instrumentos necesarios para la conservación del ecosistema y la adaptación al cambio climático.

Las mujeres de la COOPAKP están logrando una mayor visibilidad de su trabajo en el espacio privado de la familia, pero también frente a las instituciones locales, mediante una fuerte acción de incidencia. Hay que subrayar que esta nueva visibilidad todavía no se ha concretizado con la participación en espacios públicos y la toma de decisiones en el sector agrícola a nivel local.

El proceso de cambio no ha sido lineal y constante, ha habido momentos de baja participación de las mujeres en las actividades del proyecto debido a motivos de celos o tensiones con las parejas y dificultades en la conciliación con los tiempos familiares, los compromisos con los hijos pequeños y con el cuidado de la familia. Estos problemas se han superado adaptando tiempos y lugares a las necesidades familiares. Otra dificultad grandísima y que todavía hoy no se puede superar completamente es su bajo nivel de educación formal, pues la mayoría de las mujeres shawi no leen ni escriben.

No obstante, en el caso del proyecto, esta dificultad ha sido superada con la metodología de “aprender haciendo”. En las charlas prácticas de campo las mujeres han visto cómo se mide el pescado o cómo se hace un injerto de cacao y luego se han entrenado en la práctica, reproduciéndola una y otra vez. La próxima meta de las socias es ampliar la oferta de productos de la cooperativa con un cacao de alta calidad y orgánico (Prodezza, 2013).

La experiencia de la COOPAKP está demostrando que las mujeres necesitan más protagonismo, confianza y recursos para poder transformarse en el elemento fundamental del proceso de cambio en la familia y la comunidad, aquel necesario para que se logre el buen vivir en su territorio, en la amazonia y en el resto del mundo.

Contando su historia esperamos tener un testimonio más que sustente nuestra tesis: la necesidad de difundir la agroecología como única ruta viable y robusta para incrementar la productividad. La sostenibilidad y resiliencia de la producción agrícola pasa, primaria e imprescindiblemente, por el reconocimiento del papel clave que las mujeres han tenido y tienen en este sector a nivel mundial.

Notas:

- Dourojeanni, M.; Barandiarán, A., y Dourojeanni, D. (2009). Amazonía peruana en 2021. Explotación de recursos naturales e infraestructuras. ¿Qué está pasando? ¿Qué es lo que significan para el futuro? Lima: ProNaturaleza- Fundación Peruana para la Conservación de la Naturaleza.
- Prodezza, C. (2013). Desarrollo comunitario y promoción de la economía indígena en los pueblos shawi y awajún de las cuencas de los ríos Paranapura, Sillay y Cahuapanas. Lima: Terra Nuova.
- López Medoza, M.; Ramos Chambe, A., y Huamán Rengifo, J. (2009). Haciendo piscicultura en las comunidades indígenas de Loreto. Lima: Terra Nuova.

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*Maria Poggi, Terra Nuova Centro per il Volontariato onlus, oficina Perú

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Fuente: Leisa: http://www.leisa-al.org/web/index.php/volumen-31-numero-4/1331-las-mujeres-indigenas-en-la-conservacion-de-la-amazonia-experiencia-de-buenas-practicas-agroecologicas

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