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El Amazonazo y la descolonialidad del poder y del saber

Una forma de rendir homenaje a la lucha indígena del llamado “Baguazo”, es analizar con profundidad no solo sobre lo ocurrido, sino sus antecedentes, impactos y lecciones.

Por Roberto Espinoza*

6 de junio, 2017.- Una forma de rendir homenaje a la lucha indígena del llamado “Baguazo”, es analizar con mayor profundidad no solo sobre lo ocurrido, sino sus antecedentes, impactos, lecciones y perspectivas. En este objetivo, siguen algunas reflexiones, que hacen parte de precisiones en la memoria histórica; de donde suelen salir también, las lecciones y perspectivas para el presente y futuro.

No basta solo recordar el enfrentamiento, a los masacradores y a sus víctimas, los largos juicios pasados y los que se vienen, así como a los responsables, cómplices y los encubrimientos políticos.

Es necesario recordar algo esencial, recordar a los protagonistas que hicieron posible esta lección de dignidad: la inmensa red y fuerza territorial organizativa que es AIDESEP,

Es necesario recordar algo esencial, recordar a los protagonistas que hicieron posible esta lección de dignidad: la inmensa red y fuerza territorial organizativa que es la Asociación Interétnica de Desarrollo de l Selva Peruana (AIDESEP), la organización indígena nacional, construida en 37 largos años de esfuerzos, y que unifica a 1800 comunidades, articuladas en 109 federaciones y éstas en 09 regionales: ORPIO, CORPI, ORPIAN, ORAU, ARPI, CODEPISAM, CORPIAA, COMARU, FENAMAD.

No fue solo un "Baguazo" puntual, sin dejar de recordar la decisión y sacrificio del pueblo Awajún y Wampis de esa zona, sino que fue también un "Amazonazo", ya que se movilizaron los pueblos indígenas en Datem, Yurimaguas, Tarapoto, Lamas, Napo, Iquitos, Atalaya, Pucallpa, Urubamba, Puerto Maldonado, Satipo y Selva Central.

El 5 de junio 2009 fue la tumba política del Apra, como partido de gobierno y sus operadores y aliados ministeriales y políticos; pero no fue solo esto, un día de un gran conflicto, sino que tuvo como trasfondo, miles de asambleas, arduas jornadas, denuncias y acciones, durante dos años, 2008 y 2009, con largas semanas de movilización.

No fue solo un "Baguazo" puntual, sin dejar de recordar la decisión y sacrificio del pueblo Awajún y Wampis de esa zona, sino que fue también un "Amazonazo".

No fue “la Amazonía” en general la que se indignó y levantó. Fue AIDESEP, la principal organización indígena del país, la que hizo historia, gracias a su estructura territorial, su libre determinación y a la firmeza de cientos de líderes y lideresas a nivel nacional, regional y local.

No fue solo una lamentable y estremecedora sangrienta represión, sino la demostración de cómo David puede derrotar otra vez a Goliat, y de que la autonomía territorial con la firmeza y solidaridad nacional, pueden torcer la mano al gigantesco bloque de poder del gobierno aprista racista, más la gran mayoría del Congreso y partidos, todos los canales, la mayoría de radios, todos los gremios empresariales, y muchos “opinólogos” e "intelectuales". Agresión en aplanadora que muy difícilmente hubiera resistido otra organización social.

No se trata solo del "perro del hortelano" sangriento del "pasado" anterior ya “superado”; sino también de su continuidad, más sutil, dentro del racismo tecnocrático casi estructural en la maquinaria estatal, y que atraviesa al Ejecutivo y Legislativo, y que sigue intentando una y otra vez, sacarse el clavo de esa derrota, y busca privatizar la Amazonía con el DL 30230, el DL 1333, las carreteras (Purús, Loreto), hidrovías, insistiendo en los cuentos y trampas del “(mal)desarrollo”, extractivismo, desarrollismo y agronegocios.

No solo fue un enfrentamiento más, del que se destaca de todo, pero se olvida, que con el altísimo costo humano de la “curva del diablo”, fue también una victoria indígena amazónica, con apoyo popular, una gran derrota del neoliberalismo. (...) Los derechos indígenas fueron colocados en la agenda nacional y para siempre.

No solo fue un enfrentamiento más, del que se destaca de todo, pero se olvida, que con el altísimo costo humano de la “curva del diablo”, fue también una victoria indígena amazónica, con apoyo popular, una gran derrota del neoliberalismo. Un parte aguas, donde el Perú tomó conciencia y se “enteró” de la existencia de los derechos colectivos, territorialidad, autogobierno, Convenio 169 de la OIT, consulta previa, de la “Vida Plena o Buen Vivir”. Los derechos indígenas fueron colocados en la agenda nacional y para siempre.

No fue solamente un asunto de represiones o criminalizaciones; sino también expresión de un subterráneo proceso de descolonialidad del poder y del saber en el país. Como todo proceso social, con altibajos, pero ya en marcha. Fue frenada la mayor ofensiva del estado “uni” nacional, que negaba no solo la pluriculturalidad, sino la plurinacionalidad. Y ahora avanzan los gobiernos de las Naciones Wampis y Kandozi, que afirman su autonomía dentro del Estado peruano. Fue cuestionada la “modernidad racista del desarrollismo del perro del hortelano”, y ahora avanza la titulación, el manejo y gobierno territorial indígena y la economía indígena de Vida plena, como alternativa para la mitigación y adaptación a la catástrofe climática.

Cada 5 de junio, revive el horizonte de Nunca más un Perú sin los Pueblos Indígenas Amazónicos, Andinos y Costeros. Nunca más un Estado de espaldas y en contra de la Amazonía Indígena. Gracias AIDESEP, gracias a los miles de comuneros y comuneras amazónicas, que con su autogobierno, cosmovisiones y rebeldías, hicieron y siguen haciendo historia y abriendo caminos para avanzar en la descolonialidad efectiva del poder, del saber y del ser.

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* Roberto Espinoza es sociólogo, coordinador del Programa de Cambio Climático de la Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana (AIDESEP) y asesor de la Coordinadora de Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (COICA).

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