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La primera audiencia de la Odebrecht, por Aliaga Pereira

Servindi, 27 de setiembre, 2022.- Compartimos una crónica que resulta histórica narrada al estilo de nuestro colaborador celendino José Luis Aliaga Pereira sobre la primera audiencia de la empresa Odebrecht en Cajamarca.

Estamos seguros que el nuevo relato inédito y las fotos que lo acompañan rememoran una jornada de lucha formará parte de su segundo libro en preparación titulado: «Amagos de amor y de lucha».

Agradecemos y saludamos la puntual colaboración de nuestro amigo Palujo que de esta manera recobra hechos que forman parte de la memoria de nuestro pueblo.

 

La primera audiencia de la Odebrecht 

Por José Luis Aliaga Pereira*

"La dinamita de esta vida es la experiencia; de la palabra es la verdad. Aunque es lenta, no es violenta, pero revienta".

— ¡Elmer Micha!
— ¡Presente!
— Vas a ir adelante, en la cabeza del grupo!
— ¡Betty Ramírez!
— ¡Presente!
— Usted irá detrás de Elmer!
— ¡Ramiro!
— ¡Presente!
— A continuación de Betty.
— ¡Patricio!
— ¡Presente!
— A continuación de Ramiro!
— ¡Joselo!
— ¡Presente!
—  Irás en la retaguardia!

Y fueron bajando del minibús para después continuar la marcha, la mayoría a pie, desde arriba, desde Poña, en la cumbre del valle, donde esperaba una acémila y un largo camino ancestral que llegaba hasta Jecumbuy, una comunidad del distrito de Ucuncha.

Elmer era nuestro guía porque había manifestado conocer el lugar como la palma de su mano. Iba a pie. A doña Betty, en cambio, la esperaba una yegua color café, no tan mansa, como ella pensaba. Ramiro, Patricio y Joselo iban caminando en el estricto orden que habían sido nombrados.
 

Bajaban la cuesta callados pensando en lo que sucedería allá abajo, al borde del río Marañón. Quizás nadie tenía deseos de hablar; la distancia, los abismos, los recuerdos de la casa que en los momentos de peligro acuden y se prenden en la mente como garfios. 

De pronto la mula en la que montaba doña Betty se encabrita y se interna entre los ralos árboles que atenuaron su carrera. Felizmente, Elmer, logra controlar al asustado animal.

Todo podía pasar en estos ajetreos en los que se metían. Los policías, por ejemplo, que llegaban armados, solo se limitaban a mirar, cuando grupos de matones, pagados por la empresa carioca intervenían con sus palos a los campesinos que reclamaban justicia. Solo al ver que los matones no podían controlar a los dueños de los terrenos que protestaban porque iban a ser afectados por la represa, actuaban con sus armas y prepotencia. 

La primera intervención de Joselo contra las audiencias de la empresa Odebrecht sucedió el viernes 4 de noviembre de 2014. increíblemente los enemigos eran los hombres que debían velar por la seguridad del pueblo: era el gobierno asociado con la empresa Odebrecht. 

La ceja de monte era ya visible. El calor del sol se sentía fuerte. El Teniente Gobernador, autoridad del Centro Poblado, esperaba con su familia y un suculento almuerzo. Mientras comían hablaron de las bondades del río, de la abundante producción del valle: "Estiras tu brazo —contaba la compañera del Tnte. Gobernador— y, automáticamente, llega un mango, una fruta. El alimento aquí es gratis. En cambio, en la ciudad, es diferente; allí, nadie te da nada".

Cruzaron una cantarina acequia que regaba las chacras del lugar. Aprovecharon para mojarse las canillas. Un aire fresco acarició su cara.

Por un sendero de selva tupida, caminando al borde de la acequia, el Teniente Gobernador les cuenta lo que pasaba: "El pueblo está molesto porque, sin su autorización, tomaron la Escuela 82436 para realizar su audiencia: la PNP, el representante del Ministerio de Energía y Minas, la empresa Odebrecht fueron los que actuaron así".
 

Cuando llegaron al parque en el que se ubica el Centro Educativo, las Rondas y la policía se encontraban discutiendo. Ellos querían que los ronderos ingresen a la audiencia sin su vinza. Los ronderos, por su parte, decían que, si eso obligaba la policía, la justicia especial, rondera, también exigía que los policías no ingresen con sus armas".

Al final tuvieron que ceder: casi 500 personas, entre ronderos y defensores de derechos humanos, ingresaron a la audiencia. 

Las consignas que gritaban los que no estaban de acuerdo con la construcción de represas, que matarían el río, eran claras. ¡Ni Conga, ni Chadín! Con Conga se referían al megaproyecto que acabaría con sus cabeceras de cuenca y Chadín era la represa que haría lo mismo con el río al que alguna vez, Ciro Alegría llamó: "La Serpiente de Oro".

Parecía una guerra. No llevaban armas, ni arcabuces, ni explosivos; solo su coca pa' chacchar como fiambre.

Al siguiente día, luego de escuchar a los funcionarios, los ronderos, los defensores de derechos humanos, con la población de Jecumbuy, fueron claros en señalar su oposición a la inundación de los lugares donde viven, cultivan y crían sus animales. Les indicaron que, si el gobierno se preocupaba por ellos, que construya pues una carretera para que puedan transportar sus productos y salir del aislamiento en que se encontraban.

Al término de la reunión, firmaron el acta respectiva en la misma que advertían al gobierno y a la empresa Odebrecht que no serían bien recibidos si intentaban regresar, otra vez, con proyectos que solo beneficiaban a unos cuantos y afectan a la mayoría. 
 


 

— Como se sabe —explica Elmer Micha a los defensores— uno de los mayores impactos de las represas es que se obliga a las personas a desplazarse de sus hogares. Familias enteras que viven en esos lugares durante muchas generaciones son desalojadas sin piedad. Además —agrega—, la energía que generarían estas represas sería para que la utilicen en los megas proyectos mineros de toda la zona norte del país. 

El sol fue subiendo poco a poco y el sudor de ronderos y defensores humedeció la espalda de sus camisas. Se retiraban de la reunión erguidos, mirando con pena cómo los policías montaban en sus mulas y cabizbajos, desaparecían cuesta arriba, a una cuadra a la derecha de la Escuelita en la que se realizó la audiencia. 

Más de uno de estos hombres y mujeres de la justicia especial y defensoras y defensores de derechos humanos, estuvieron decididos a dar su vida. No hubo ataque esta vez y otro día volverán a caminar sus mismos pasos y, otra vez, saldrán pensando en la familia que dejan esperando en casa. 

Esa noche, al borde del río Marañón, pudieron dormir tranquilos, cobijados a su costado, escuchando, pensativos, su bramido.

 

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* José Luis Aliaga Pereira (1959) nació en Sucre, provincia de Celendín, región Cajamarca, y escribe con el seudónimo literario Palujo. Tiene publicados un libro de cuentos titulado «Grama Arisca» y «El milagroso Taita Ishico» (cuento largo). Fue coautor con Olindo Aliaga, un historiador sucreño de Celendin, del vocero Karuacushma. También es uno de los editores de las revistas Fuscán y Resistencia Celendina. Prepara su segundo libro titulado: «Amagos de amor y de lucha».

 

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