Servicios en comunicación Intercultural

Leoncio. Cuento de José Luis Aliaga Pereira

Vista de la Plaza de Sucre en la que se pueden apreciar las viejas palmeras que mucho tiempo sirvieron de morada a Leoncio. Lamentablemente, las palmeras fueron retiradas de raíz por una autoridad que argumentó que ya cumplieron su función.

Servindi, 24 de mayo, 2021.- En esta ocasión compartimos el relato Leoncio del escritor José Luis Aliaga Pereira, y que forma parte del libro "Grama Arisca", que reúne cuentos, relatos y anécdotas del citado autor.

Como lo comenta el escritor Jorge Luis Roncal los personajes que hallan vida propia en "Grama Arisca" protagonizan situaciones que no excluyen momentos de extraordinaria intensidad dramática.

Se trata de una cantera de humanidad que refleja la dignidad y la rebeldia de los pobres y que proviene de esa materia prima inagotable que es la sabiduría del pueblo y el ingenio popular.

 

 

 

"¿Decís que perecen millones de seres? Os olvidéis  de que millones de seres perecen sin cesar, sin un momento de descanso, desde que el mundo existe. Os atemoriza y sorprende ese horror porque vuestra imaginación se ha dormido y os olvidéis de que cotidianamente abordamos el infierno"

Wiltod Gombrowiez, Diarios.

Leoncio

CUANDO ERA JOVEN y fuerte, nadie le hacía reparos. Tenía trabajo por doquier y ya lo veíamos “blanqueando” las paredes de la casa de don Demóstenes, suda que suda en la chacra de don Agustín, o alegre, al terminar la cosecha de papas del viejo Eraclio.

Leoncio era un hombre de poco hablar; ocupaba más los brazos que sus mandíbulas. Decía que los mandados como comprar pan o cosas pequeñas, eran para los débiles. Trabajar con él era insoportable para los ociosos. No se agotaba, ni conocía el descanso y si uno quería dialogar, pues encogía los hombros mirándote de reojo, receloso, para continuar con su labor, infatigable. A la hora del almuerzo era igual, subía y bajaba la cuchara hasta vaciar el plato. Era muy agradecido, sus alegres ojos pardos lo delataban.

Ningún patrón se quejó de él hasta que, por la vejez, nadie le confiaba responsabilidades. No tenía casa donde vivir y hacía los trabajos que antes le hubiesen dado vergüenza: ¿llevar la canasta del mercado a la patrona?, ¡qué barbaridad! Podía recibir un plato de comida por el trabajo más difícil, pero contar chismes por un trago de aguardiente, ¡era un insulto!

Todo cambió para Leoncio:

—¡Allí esta, otra vez!— gritaban.

—¡No abran la puerta es el Leoncio!

—¡Dale un pan al Leoncio, pa’ que se vaya!

Su salud también se fue acabando, incluso, más rápido que sus hilachas, porque no se podía llamar de otra manera a lo que llevaba puesto. Quiso ahorrar unos centavos, pero el jornal no le alcanzaba. Dormía en los rincones de las casas abandonadas y nadie lo echaba de menos.

Leoncio moría de a pocos; algunos, averiguando averiguando se cansaban, al no encontrar ni parientes ni amigos y otra vez quedaba en la intemperie de todo. Ahora lo vemos allí, acurrucado, al pie de esa vieja palmera que conocía la vida del pueblo. De lejos parecía un perro en plena siesta, pero de cerca, ¡chas!, era Leoncio; las caras se torcían apuradas mirando el lado opuesto y los pasos se hacían más largos y rápidos para zafar el cuerpo.

¿Y cuando llegó la fiesta?

Cuando llegó la fiesta fue el acabose. Leoncio seguía de inquilino de la vieja palmera; y el alcalde se ruborizó: ¿cómo es posible? —dijo—, ¿es día central, día de procesión y Leoncio sigue allí? ¡Qué bochorno!, agregó tomándose la cabeza con las palmas de sus manos.

Los más “osados” y los más “caracterizados” y los más “valientes” de los guardaespaldas del alcalde, sacaron a empujones a Leoncio lejos de la plaza de armas. Cuentan que, en esos instantes, una rama de la palmera crujió y cuando la procesión retornaba, luego de su recorrido, fue como puñetazo en nariz: ¡Leoncio salía completamente desnudo y sucio de la iglesia! Los que lo vieron afirman que cuando cayó de espaldas muerto, sus ojos miraban alegres el azul del cielo.

¿Y los pecadores?

Los pecadores y los arrepentidos sonrojáronse tanto que de sus pantalones, camisas, sacos y corbatas brotaron lenguas de fuego que pronto se convirtieron en grandes llamaradas y alcanzaron la sotana del párroco e incluso la fina y aterciopelada capa del santo. Los postulantes a Lucifer, con sus cuerpos convertidos en antorchas, clamaban perdón desesperados, se revolcaban agonizantes, dando vueltas y vueltas, como “ruedas” expulsadas del más hermoso castillo de fuegos artificiales jamás visto y oído.

 

----
* José Luis Aliaga Pereira (1959) nació en Sucre, provincia de Celendin, región Cajamarca, y escribe con el seudónimo literario Palujo. Tiene publicados un libro de cuentos titulado «Grama Arisca» y «El milagroso Taita Ishico» (cuento largo). Fue coautor con Olindo Aliaga, un historiador sucreño de Celendin, del vocero Karuacushma. También es uno de los editores de las revistas Fuscán y Resistencia Celendina. Prepara su segundo libro titulado: «Amagos de amor y de lucha».

 

Te puede interesar:

"Un alto en el camino", crónica sobre el asesinato de un líder defensor del agua

Sepelio del líder rondero Hitler Rojas, asesinado por mandato de Odebrecht.

Servindi, 5 de marzo, 2021.- El escritor, comunicador y activista ambiental José Luis Aliaga Pereira nos entrega una nueva crónica que recuerda el vil asesinato de un líder especial: Hitler Ananías Rojas Gonzales. Seguir leyendo... 
 

Aliaga Pereira: "Los escritores no podemos desligarnos de la tierra"

José Luis Aliaga Pereira es un escritor nato, del pueblo, que aprendió el arte de las letras de forma autodidacta, escribiendo primero cartas a sus familiares y pequeños relatos después a medida que se nutría de grandes autores como Tolstoi, Riberyro, Mariátegui, Vallejo, entre otros. Militante comunicador y defensor del ambiente y los bienes comunes que prodiga la pachamama a Cajamarca, Aliaga Pereira participa del proceso de comunicación y periodismo que impulsa Servindi con el apoyo de la DW-Akademie en el marco de la Alianza Ríos Voladores. En esta oportunidad compartimos una entrevista con él:  Seguir leyendo...


 

Valoración: 
0
Sin votos (todavía)

Añadir nuevo comentario